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Started by valarezo
Wed, 27 Oct 2010 14:36
(IVÁN): ORAR CON YESHUA (JESUCRISTO) ES VIVIR FELICES PARA DIOS:
Author: valarezo
Date: Wed, 27 Oct 2010 14:36
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Sábado, 23 de octubre, año 2010 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoamérica (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo) (MINEROS SE FUERON CON DIOS EN MINA COLAPSADA: Nos hubiese gustado mucho encontrar a los mineros ecuatorianos vivos. Pero la verdad es otra. Ellos ya no están con sus familiares ni con sus amigos, sino con nuestro Padre celestial, en el reino angelical: porque nuestro Señor Jesucristo vino al mundo para llevárselos al cielo, para que sigan viviendo sus vidas eternas con sus ángeles celestiales de siempre. Los cuatro mineros gozan de bendiciones eternas en la presencia sagrada de nuestro Padre celestial, porque nuestro Señor Jesucristo derramó su sangre santísima y expiatoria, para que puedan regresar a los brazos de su Dios y Creador de sus almas vivientes y así no se vuelvan alejar de Él ni de su paraíso celestial, para siempre en la eternidad celestial. Nuestras condolencias son para las familias y amistades de los mineros desaparecidos y, sobre todo, que nuestro Dios consuele cada día sus corazones y sus días por venir para que las familias de los mineros en vigencia, en nuestra América, no vuelvan a sufrir ningún mal como los ocurridos recientemente, en Chile, Colombia y Ecuador, por ejemplo. Esperamos que sus condiciones de trabajo y seguridad personal mejoren cada vez más al entrar a sitios peligrosos como las minas de nuestros pueblos, las cuales de pronto se derrumban por razones de la naturaleza o por descuido de ellos mismos. ¡Amén!) ORAR CON YESHUA (JESUCRISTO) ES VIVIR FELICES PARA DIOS: Acontecía siempre que nuestro Señor Jesucristo subía al monte a orar, y pasaba toda la noche orando a nuestro Padre celestial, para que le entregase su ministerio de perdón, salud, bendición y de vida eterna para Israel y así también para la humanidad entera, entonces las tinieblas huían de su presencia y su luz santísima resplandecía como sobre el Sinaí. Y nuestro Rabino Yeshua jaMashíax subía al monte a orar siempre, porque así él se comunicaba con nuestro Padre celestial para que le entregase su bendición santísima, como sólo un Padre puede bendecir a su Hijo, por ejemplo, gracias al Espíritu Santo de amor infinito que los une desde la eternidad y hasta la eternidad. Y es precisamente éste mismo Espíritu Santo que en su día el hombre Adán salió de Dios y de la carne sagrada del árbol de la vida para ser un ser viviente entre los ángeles del cielo, llevando fantásticamente su imagen celestial para ser por siempre de acuerdo a la semejanza misma de Dios para la nueva eternidad celestial. Además, ésta bendición de nuestro Padre celestial hacia su Hijo amado, nuestro Señor y salvador Jesucristo, era muy necesaria en su vida para empezar cualquier obra que tuviese por delante para bien eterno de Israel y las naciones, y sin la bendición de nuestro Padre celestial, entonces nuestro Señor Jesucristo no hacia nada por nadie sea quien sea la persona. Por ello, cuando nuestro Señor Jesucristo se arrodillaba para orar delante de nuestro Padre celestial, entonces no lo hacia así por si mismo, sino por todos los hombres, mujeres, niños y niñas de Israel y de las naciones, para que las tinieblas de las mentiras del paraíso mueran y la luz del fruto de la vida viva por siempre. Porque la misma luz santísima que vio Moisés en su día sobre el Sinaí, entonces con nuestro Señor Jesucristo orando ante el Padre celestial por la bendición de Israel y así también por las naciones, entonces resplandecía grandemente con ese mismo fulgor antiguo para disipar las tinieblas mentirosas y destructivas de Satanás en las gentes. Por lo tanto, la oración de nuestro Señor Jesucristo sobre cualquier monte, en donde sea que se encontrase en todo Israel, predicando, sanando y haciendo maravillas y milagros para dispar las tinieblas mentirosas y crueles de Satanás para redimir a las almas perdidas de Israel, entonces su luz brillaba como en su día sobre el Sinaí libertador, por ejemplo. Y sin esta luz de oración e intercesión por Israel desde lo alto del Sinaí, entonces nuestro Señor Jesucristo ya sea como el Rey Melchisedec o como el Cordero del sacrificio continuo de sangre expiatoria o como el sumo sacerdote o unigénito, o sea, el Rabino Yeshua jaMashíax, no podía, de ninguna manera, empezar su gran obra mesiánica en todo Israel. Realmente, nuestro Señor Jesucristo no necesitaba orar para que nuestro Padre celestial lo bendiga, ya que él mismo es Dios redentor en la tierra para los hombres así como siempre lo ha sido para las huestes angelicales en el cielo, por ejemplo; pero para el hombre necesitaba orar a cada hora, dada por su condición espiritual de esclavitud eterna al pecado. Visto que, la condición espiritual del hombre pecador y de la mujer pecadora, como Adán y Eva, los mantienen lejos de nuestro Padre celestial para no ser ofendido por ellos ni por sus pecados, por ejemplo; más, cuando nuestro Señor Jesucristo ora por ellos o viene a ser parte de sus vidas, entonces su santidad celestial los protege del pecado infinitamente. Por ello, desde el día del nacimiento del hombre y la mujer en el cielo, entonces nuestro Padre celestial hizo que la oración sea tan parte de sus vidas así como su Hijo Jesucristo es parte de su vida santísima y de los ángeles también, para que su Espíritu Santo se mueva siempre libremente para hacer muchas de sus cosas gloriosas. Y lo mismo sigue siendo verdad hoy en día no solamente en todo Israel sino también en cada una de las naciones a pesar de su estado espiritual caótico, de no conocer nada de Dios y de su gran Espíritu Santo de amor eterno entre Dios mismo y su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, por ejemplo. Porque inicialmente nuestro Padre celestial concibió al hombre para que sea no solamente parte de su gran creación y adoración angelical de cada día, sino también para que por medio de él entonces crear nuevos mundos con nuevas vidas jamás vistas por los ángeles gloriosos del cielo, por ejemplo, pero siempre todo por medio de la oración fiel, en su Jesucristo. Por eso nuestro Padre celestial no solamente concibió al hombre en su imagen y conforme a su semejanza celestial en el cielo para darle de comer del fruto del árbol de la vida, sino que también lo puso en la tierra para seguir ofreciéndole de comer y beber de la vida misma de su Hijo amado, ¡nuestro Rabino Yeshua jaMashíax! Y esto es, sin duda alguna, de comer de la carne santa y beber de la sangre bendita y llena de vida eterna de su Hijo Jesucristo para que el hombre, la mujer, el niño y la niña de todas las naciones se conviertan en sus hijos legítimos e hijas legitimas para adoración y creación de nuevas cosas sumamente gloriosas. Por ello, toda obra del hombre y de sus retoños, entonces siempre tiene que ser por medio de la oración elevada hacia su Dios y Creador de sus almas vivientes, y sólo por medio del nombre glorioso de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que las cosas comiencen a suceder debidamente en su día y sin problema alguno. En otras palabras, nuestro Padre celestial no puede oír a ningún hombre, mujer, niño o niña en toda la tierra, sino se presenta delante su presencia santísima con la santidad gloriosa y todopoderosa de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que entonces haya verdadera comunicación de modo definitivo entre Él y el hombre de toda la tierra. Porque es la presencia santísima de nuestro Señor Jesucristo como el Cordero de la sangre santa y expiatoria, o como el sumo sacerdote entre Dios y el hombre, para que entonces ésta santidad sumamente gloriosa haga posible la comunicación entre Dios y el alma viviente del hombre a pesar de toda distancia conocido o desconocida aún, por todos nosotros. Es decir, que todo lo que nuestro Padre celestial hace en el cielo para los ángeles o sobre la tierra para el hombre, entonces tiene que ser con su Hijo, nuestro Señor Jesucristo; así también el hombre como los ángeles no puede hacer nada de nada en su vida terrenal, sin la oración debida de su salvador Jesucristo, sin duda alguna. De otra manera, no hay comunicación posible entre Dios y el hombre, ni mucho menos con santos de palo, piedra, madera, metal o de cualquier otra cosa o cuadros colgantes, por ejemplo, porque en ningún objeto creado o fundido por el hombre pecador puede haber santidad posible para perdón, bendición, salud, protección constante y salvación eterna, sino solamente en Jesucristo. Por esta razón, nuestro Padre celestial nos ha dado a su Hijo amado como nuestro Rabino Yeshua jaMashíax en Israel, no solamente porque él es su unigénito o el Santo de Israel, por ejemplo, sino que él es nuestra oración completa (o perpetua) delante de su presencia santísima y sobre su altar glorioso en el reino angelical, para ser oídos siempre. Por lo tanto, cuando nuestro Padre celestial oye nuestras oraciones, peticiones, ruegos, rezos, mediaciones por nosotros mismos o por otros, entonces cosas comienzan a suceder en nuestras vidas y en la vida de los demás, porque el Espíritu Santo comienza a derramar de sus dones poderosos para enriquecer nuestras vidas en todo lo que necesitemos. Además, nuestro Padre celestial oye nuestras oraciones no solamente porque nuestro Señor Jesucristo está con nosotros (o en nosotros) o por amor a su nombre santísimo y salvador, sino porque cada oración, ruego, rezo, confesión e intercesión personal o por los demás está grandemente saturada por su Espíritu Santo a pesar de la distancia entre el cielo y la tierra. Por ende, lo único que puede subir del hombre hacia nuestro Padre celestial que está en el cielo, en verdad, es su oración y alabanzas de glorias y honras a su nombre santo, pero todo siempre en el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax; porque el nombre salvador de nuestro Jesucristo está lleno del Espíritu Santo. Y es ésta llenura del Espíritu Santo de Dios lo que hace que nuestras oraciones, peticiones, ruegos, rezos, intercesiones y demás sean potentes y conmovedoras delante de nuestro Padre celestial para que actúe a favor nuestro concerniente a cualquier cosa o situación que necesitemos su bendición y ayuda personal, y esto es en cualquier hora o lugar en toda las naciones. Por ello, cada oración hecha a nuestro Padre celestial está grandemente saturada por su Espíritu Santo, porque lo hacemos nosotros, ya sea en el nombre santo y salvador de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax o porque ya es nuestro Señor y salvador personal de nuestras almas vivientes, por ejemplo, y sólo entonces tenemos respuesta del cielo inmediatamente y sin demora. Es decir, que dondequiera que esté el nombre santísimo de nuestro Señor Jesucristo, entonces ahí mismo está el Espíritu Santo de Dios para asistirnos en nuestras oraciones, peticiones, ruegos, rezos e intercesiones delante de nuestro Padre celestial para que nuestras oraciones u obras queden escritas en los corazones de los ángeles y así también en los libros antiguos del cielo. Es decir, también que las huestes angelicales son testigos fieles de nuestras oraciones ante nuestro Padre celestial y así también son testigos fieles de nuestros pasos por toda la tierra y por cada obra que hayamos hecho para gloria de nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Por eso el Espíritu Santo del nombre bendito de nuestro Padre celestial y de sus mandamientos justamente cumplidos y glorificados en la vida mesiánica de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax como el Hijo de Dios siempre está con cada uno de nosotros al mismo tiempo a pesar de la distancia y el tiempo, porque el Espíritu Santo es omnipresente en todo momento. En realidad, nosotros no sabemos siempre como hablar con Dios o que palabras decirle a Él para que nos oiga en nuestras oraciones, peticiones, ruegos, rezos, mediaciones y demás, sino que sólo nuestro Señor Jesucristo y su Espíritu Santo saben verdaderamente como orar delante de Él; por eso, el Espíritu Santo nos ayuda fielmente a orar a Dios en todo momento. Es decir, que cada vez que nosotros doblamos rodillas delante de nuestro Padre celestial que está en el cielo, entonces su Espíritu Santo, en el nombre glorioso de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, también dobla rodilla con nosotros para orar para bien eterno nuestro; es decir, que el Espíritu Santo nos ayuda fielmente en nuestras oraciones siempre. Porque el Espíritu Santo sabe orar en el nombre de nuestro Señor Jesucristo delante de la presencia de Dios y, por tanto, sabe decir las palabras correctas para mover grandemente el corazón de nuestro Padre celestial para bien eterno de cada uno de nosotros; por eso, el Espíritu Santo ora, llora y clama por todos nosotros siempre, cuando oramos en Jesucristo. Por eso siempre es bueno invocar el nombre sagrado de nuestro Padre celestial, porque el sólo hecho de invocar éste gran nombre conocido por los siglos y de los siglos del Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, entonces el Espíritu Santo del nombre de Dios y así también de los mandamientos infinitamente glorificado se manifiesta en nuestras vidas grandemente con autoridad. Y siempre cuando el Espíritu Santo de Dios se manifiesta, sin duda, es para bien eterno de todos nosotros, en nuestros millares, por toda la tierra, no importando jamás en donde nos encontremos para bendecirnos grandemente en el nombre sagrado de nuestro Padre celestial y de su Hijo amado, ¡nuestro Señor y salvador Jesucristo! Es precisamente aquí cuando comenzamos a recibir grandes ayudas del cielo para resolver nuestros problemas, dificultades, enfermedades y demás cosas terribles que suelen suceder en la vida endeble del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de las naciones, para que ya no vivamos más bajo las mentiras del malvado, sino en la verdad de nuestro Señor Jesucristo. Además, cuando nosotros invocamos el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo, entonces él mismo no solamente se manifiesta en nuestras vidas como el Hijo de Dios sino también como nuestro Gran Rey Rabino, Yeshua jaMashíax, para que con su sangre expiatoria y sus oraciones santísimas nos asistan en lo que necesitemos de Dios, en todo momento crucial de nuestras vidas. Porque la verdad es que nuestro Señor Jesucristo es nuestro Gran Rey Rabino Yeshua jaMashíax en la tierra y así también en el reino angelical, como en La Nueva Jerusalén santa y poderosa del cielo, por ejemplo, en donde nuestro Rabino Yeshua jaMashíax actúa como Sumo Sacerdote para bien eterno de nosotros con su sangre expiatoria en sus rituales de siempre. Porque los rituales bíblicos que nuestro Padre celestial siempre recibía del hombre, en este caso de Israel, por ejemplo, entonces no era necesariamente de la mano del hombre, sino del mismo Rey Melchisedec o Rabino Yeshua jaMashíax, porque sólo él es nuestro Cordero de sangre sagrada y salvación progresiva sobre la Mesa del SEÑOR y, además, nuestro único Sumo Sacerdote. Es decir, que nuestro Señor Jesucristo jamás uso la sangre de animales en la tierra para los rituales religiosos de Israel y así también en el reino angelical sobre el altar de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, sino que siempre uso su misma sangre santísima y expiatoria para perdonar a Israel y a las naciones todos sus pecados. Entonces la sangre de los animales del sacrificio de noche y día de la vida de Israel jamás pudieron cubrir sus pecados delante de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, pero la sangre santa y expiatoria del Rey Melchisedec o de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, como el Cordero y su Sumo Sacerdote de Dios, si pudo siempre. Porque es la sangre santísima y expiatoria de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax como el Hijo de Dios en el reino angelical y así también en la tierra, empezando por Israel mismo, es que verdaderamente cubre todo pecado del hombre antes y después, para que nuestro Dios no recuerde jamás ninguno de nuestros pecados en toda la nueva eternidad celestial. Entonces cuando nuestro Señor Jesucristo se alejaba de sus discípulos, por ejemplo, siempre era para orar sobre el monte santo y con su sangre expiatoria, para que nuestro Padre celestial con su Espíritu Santo lo bendiga a él grandemente para bien eterno de cada uno de nosotros, en nuestros millares, de todas las familias de las naciones, comenzando por Israel mismo. Y nuestro Señor Jesucristo siempre ascendía hacia la cima de cualquier monte del área para orar, porque no solamente lo acercaba a nuestro Dios y Padre celestial, sino que era la cumbre o la altura en donde posteriormente entregaría toda su vida y sangre santa y expiatoria para perdón y salvación eterna de las naciones, comenzando por Israel primeramente. Porque la salvación eterna que nuestro Padre celestial le entrega al mundo entero, primeramente es para Israel y luego para las naciones, para que todos vivan juntos con él en esta vida eterna que jamás terminara en la eternidad, porque no tiene principio ni fin en la vida gloriosa y celebre de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, ¡como su Hijo amado! Entonces la vida santa que hemos recibido de nuestro Padre celestial, por medio de su Jesucristo como el fruto de la vida en el paraíso o en la tierra de Israel, por ejemplo, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, nos da una vida eterna, sin principio ni fin, para vivirla gozos y sin pecado para siempre. Por esta razón, cada vez que nos presentamos delante de nuestro Padre celestial y Dios de nuestras almas viviente, invocando el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, entonces estamos, espiritualmente hablando, sobre la cima de la roca eterna o la altura próxima del sacrificio supremo de sangre expiatoria, para perdón, protección, salud y bendición eterna. Aquí está la vida santa que nuestro Padre celestial siempre intento darnos desde el comienzo de las cosas en el paraíso, la vida misma de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, una vida eterna de oración sin fin y de alabanzas sumamente gloriosas hechas hacia él y su nombre santísimo para toda la eternidad venidera del nuevo reino celestial. Así es, cada vez que invocamos el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo con nuestros labios, primeramente creyendo en nuestros corazones, entonces nos encontramos enseguida sobre el monte santo de Jerusalén y con la sangre santísima del pacto eterno entre Dios y el hombre de toda la tierra, para que Dios mismo nos oiga nuestras oraciones fielmente y las conteste siempre. Por cierto, ésta es una vida de oración eterna y de nuevas alabanzas jamás alcanzadas o cantadas por las huestes angelicales delante de nuestro Padre celestial, de su nombre santísimo y de sus mandamientos infinitamente justos y cumplidos en la vida de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para cumplir con toda verdad y justicia celestial en estos días y siempre. Y esto sucede en todos los lugares de la tierra de hoy en día, en donde el hombre, la mujer, el niño y la niña se acercan con toda confianza a nuestro Padre celestial y Dios de nuestras vidas inmortales, para que nos perdone y nos bendiga grandemente en todo lo que le pidamos por nosotros y por los nuestros también. Es decir, que nuestro Padre celestial nos bendice siempre sobre todo lo alto del monte santo de La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo, porque ahí mismo su Hijo amado como nuestro Rabino Yeshua jaMashíax y sumo sacerdote de nuestras almas vivientes, en las afueras de Jerusalén y lleno del Espíritu Santo, oró por nosotros para bien eterno. Ciertamente, nuestro Padre celestial es Todopoderoso para establecer doquiera su altar del sacrificio de sangre expiatoria para perdón y bendición eterna de todas las almas vivientes de las naciones con el fin no solamente de perdonar y salvar a todos los hombres, mujeres, niños y niñas, sino para que sepan también que tienen un Dios enormemente santo en los cielos. Y éste es un Dios sumamente santo e infinitamente glorioso, por cierto, que los ama profundamente como jamás nadie los amara en la tierra, ni los querrá jamás así en los siglos venideros de la nueva eternidad celestial de su nuevo reino angelical, como La Nueva Jerusalén santa y perfecta del cielo, en donde todo es amor infinito para todos. Por eso podemos confiar en nuestras oraciones que hacemos siempre hacia nuestro Padre celestial que está en el cielo, por medio de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que nos limpie de todo pecado con su sangre expiatoria de cada día del sacrificio continuo y así podamos alcanzar fácilmente muchas bendiciones eternas, para miles de generaciones venideras. Porque si vivimos en pecado, por no amar a nuestro Padre celestial por medio de su Hijo amado, nuestro Señor y salvador Jesucristo, entonces no podemos esperar nada de él jamás, en esta vida ni en la venidera tampoco, para que nuestras vidas sean siempre libres de todas tinieblas de la perdición eterna del más allá, como el infierno, por ejemplo. Por ello, en las oraciones que siempre hagamos delante de nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Cordero escogido del sacrificio de sangre expiatoria y continua de cada hora, entonces somos oídos en el cielo para que nuestras oraciones y peticiones sean siempre contestadas a tiempo, para felicidad en todo momento de nuestros corazones eternos. Además, nuestro Padre celestial contestara siempre nuestras peticiones a tiempo, por más pequeñas que sean todas ellas, y en cualquier lugar o distancia de la tierra, y siempre será por amor a la fidelidad infinita de su Hijo amado, ¡nuestro Rabino Yeshua jaMashíax! Y nuestro Padre celestial contestara siempre a tiempo nuestras peticiones, ruegos, rezos y demás intercesiones por nosotros mismos y por los demás, porque estaremos siempre llenos de su Espíritu Santo, gracias a la presencia gloriosa de su Hijo amado en nuestros corazones por haber creído en él y en su gran obra salvadora y antigua de sangre sumamente santa y expiatoria. Puesto que, cuando nuestro Señor Jesucristo entra en nuestros corazones, porque hemos creído en su nombre santísimo y salvador, de acuerdo a las Escrituras, entonces el Espíritu Santo entra en nosotros cómo el nombre perfecto e infinitamente glorioso de nuestro Padre celestial y los mandamientos perfectamente cumplidos de cada día, en la tierra y así también en la eternidad. Porque la verdad es que el Espíritu Santo de Dios en nuestras vidas, sin duda alguna, es a cada hora el cumplimiento de los mandamientos gloriosos de Dios y de su nombre bendito en nuestras vidas, para perdón, bendición, protección y salud eterna, en la tierra y en el cielo también, en nuestros días y eternamente y para siempre. Efectivamente, la presencia santísima del Espíritu Santo de Dios en nuestras vidas de cada día, y siempre gracias a nuestro Señor Jesucristo y su sangre santísima de expiación continua por nuestros pecados en el paraíso y en toda la tierra, es el cumplimiento absoluto y perfecto de los mandamientos y glorificación infinita del nombre bendito de nuestro Padre celestial. Por eso nuestro Padre celestial siempre desea que le honremos por medio de su unigénito, nuestro Señor Jesucristo, para que nuestras oraciones y así también ruegos sean fielmente recibidas y sin ningún problema en su presencia santísima, para contestarlas con mucho gusto y con mucho amor para gloria y honra de su nombre bendito delante de sus huestes angelicales. Pero si no hacemos nuestras oraciones en el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, entonces su sangre expiatoria e infinitamente perfecta de su holocausto continuo no podrá jamás borrar nuestros pecados, ni menos escribir nuestros nombres en el libro de la vida eterna de su nueva vida infinita, La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo. Así es, si la sangre santísima y expiatoria de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax no borra nuestros pecados, porque sólo él es nuestro verdadero sacrificio continuo de sangre santa y reparadora de nuestras almas vivientes, entonces vivimos en problemas y desprotegidos en la tierra y así también en la eternidad para siempre, para mal eterno. Aquí es cuando Satanás junto con sus malvados y mentiras de siempre, entonces se aprovecha de nosotros para contarnos toda clase de mentiras para alejarnos cada vez más de la luz brillante sobre el monte Sinaí o sobre el monte santo de Jerusalén, por ejemplo, nuestro Señor Jesucristo orando a Dios en su sangre expiatoria por amor eterno hacia a nosotros. Porque cuando somos desobedientes a nuestro Padre celestial, orando en otro nombre desconocido por su devoción desconocida, entonces nuestras oraciones jamás podrán levantarse ni mucho menos traspasar el reino angelical o su altar del sacrificio de sangre expiatoria y continua del más allá, sino que se quedaran en nosotros sin respuesta, como los muertos en sus tumbas, por ejemplo. Porque toda oración hecha a nuestro Padre celestial sin el reconocimiento santísimo de su Jesucristo en nuestros corazones, entonces no tienen valides alguna delante de Él y de su Espíritu Santo, por ende, no podrán ser oídas jamás por falta de santidad, en la tierra y en el cielo; porque son oraciones hechas en rebelión hacia Dios y sus preceptos justos. Históricamente, como dice la Escritura, Deuteronomio 4: 7, 8, por ejemplo: ¿Qué nación tiene Dioses tan cerca como los tiene Israel? ¿O qué nación tan grande existe en toda la tierra que tenga leyes y preceptos tan justos como los que tiene Israel en Sus Diez Mandamientos eternos? Realmente, ninguna nación tiene una historia tan grande, profunda y sumamente gloriosa como la de Israel, en donde Dios mismo habito con sus hijos e hijas para llevarlos por el camino antiguo y redentor de su Rabino Yeshua jaMashíax para que sea por siempre su protector constante de un holocausto progresivo de sangre expiatoria de una vida nueva para la eternidad. Entonces sólo Israel tiene Dioses justos y misericordiosos, como nuestro Padre celestial y su Rabino Yeshua jaMashíax, quien no solamente es su unigénito, sino que también es su Cordero del sacrificio continuo de sangre santa y expiatoria para borrar eternamente los pecados de Israel y así también las del mundo entero, para bendecirnos abundantemente y sin medida con su Espíritu Santo. Y esto es siempre y cuando, hoy en día, que las naciones, por más ciegas que sean, al igual que Israel, crean infinitamente en sus preceptos y leyes tan justas cumplidas grandemente en la vida de su Hijo amado, nuestro Sumo Sacerdote, nuestro Señor y salvador Jesucristo, el Todopoderoso, ¡el Santo de Israel y de la humanidad entera! Por ello, el precepto principal de Dios es siempre que se ame primero a su Jesucristo delante de su presencia santísima, por su nacimiento único del vientre virgen de la joven hebrea, por vivir una vida consagrada al Espíritu Santo de su nombre bendito y de sus mandamientos perfectos, por su crucifixión y muerte gloriosa, para resucitar triunfante en el tercer día. Porque la verdad es que en el tercer día que nuestro Señor Jesucristo se levanto glorioso del abismo, después de haber predicado su evangelio en las profundidades, entonces también derrotó grandemente al ángel de la muerte, para que la muerte ya no sostenga más a ningún hombre en sus cavernas perdidas, sino que se levanten todos al paraíso para vida eterna. Es decir, creer en nuestro Padre celestial, en su Jesucristo y en su Espíritu Santo como un sólo Dios santísimo que dan testimonio de toda verdad y justicia en el cielo con los ángeles y así también para con el hombre, la mujer, el niño y la niña de todas las familias de las naciones, empezando por Israel, entonces es vida. Porque cuando nuestro Señor Jesucristo oraba al Padre celestial que está en el cielo, entonces lo hacia sobre lo alto del monte sangriento, simulando la roca eterna o el monte santo de Jerusalén, para ser infinitamente lleno del Espíritu Santo y así también de la vida misma de cada hombre, mujer, niño y niña, empezando por Adán y Eva. Porque cuando nuestro Señor Jesucristo nació del vientre virgen de la joven hebrea, entonces nació lleno de Dios y de su Espíritu Santísimo para empezar una vida sumamente santa y jamás vivida por el hombre en Israel y así también de todas las naciones con el fin de empezar un nuevo reino angelical, para bien eterno de muchos en la eternidad. Por lo tanto, cuando nuestro Señor Jesucristo era acusado falsamente por los mentirosos, entonces en ese mismo momento nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo de su nombre bendito y de sus mandamientos infinitamente glorificados era acusado también por los mismos labios mentirosos del pecador y de la pecadora de todos los tiempos, por ejemplo, para mal eterno. Y cuando nuestro Señor Jesucristo fue llevado a juicio por el Sanedrín (Tribunal Hebreo), entonces también nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo fue llevado por los acusadores mentirosos a juicio para que sean condenados por las mentiras de los labios mentirosos y sin escrúpulos de los pecadores y de las pecadoras no sólo de Israel sino de todas las naciones. Es decir, que cuando nuestro Señor Jesucristo fue encontrado culpable por las mentiras de los malvados mentirosos, entonces nuestro Padre celestial y así también con su Espíritu Santo fue encontrado culpable por unas mentiras que jamás salieron de ninguno de ellos; y el cielo y la tierra como testigos fieles saben muy bien que esto es verdad, para siempre. Por lo tanto, cuando nuestro Señor Jesucristo fue condenado a muerte de cruz, entonces también nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo fue condenado a muerte de cruz, y de la manera más cruel posible, para que su sangre expiatoria con toda su vida santísima se regara sobre toda la tierra de Israel y así también por todas las naciones. Y éste es el poder infinito del Espíritu Santo (Gn 1:2) del evangelio eterno enviado fielmente con poder y autoridad al mundo entero, desde mucho antes de la fundación del cielo y la tierra, para perdón, salud, protección y salvación eterna con todas sus bendiciones de cada hora para cada hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones. Por todo ello, cuando nuestro Señor Jesucristo caminaba hacia el monte santo de Jerusalén, condenado por las mentiras crueles de sus adversarios, entonces también nuestro Padre celestial caminaba junto con su Espíritu Santo ha ser clavado a los árboles cruzados de Adán y Eva, para derramar la sangre salvadora de la humanidad entera, para bien eterno de las naciones. Físicamente, cuando nuestro Señor Jesucristo sufría gravemente los insultos y los clavos en sus manos y en sus pies, entonces nuestro Padre celestial y así también con su Espíritu Santo sufría los mismos dolores de nuestros males eternos para darnos perdón, bendición y salvación eterna, en la tierra y así para la vida eterna de La Nueva Jerusalén inmortal del cielo. Por esta razón, cuando nosotros oramos en el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo, entonces no solamente estamos llenos del Espíritu Santo delante de nuestro Padre celestial, sino que también somos infinitamente llenos de milagros, maravillas y de prodigios antiguos y modernos también que nos pertenecen legalmente, y créelo así siempre, para que sean parte de nuestros días y para la eternidad. Por ello, toda vez que doblamos rodillas ante nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Rabino Yeshua jaMashíax, entonces estamos sobre el monte sangriento de la Jerusalén del cielo, para hablar con nuestro Padre celestial cara a cara así como Moisés hablaba con él a cada hora, para que nos oiga y bendiga grandemente en todo. En verdad, orando a nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Señor y salvador Jesucristo, entonces entramos, para jamás salir de él, a un mundo lleno de milagros y maravillas que sólo nos pertenece legalmente, y por voluntad de nuestro Padre celestial, a cada uno de nosotros de todas las familias de las naciones. Por lo mismo, siempre es bueno confiar en el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo para vivir infinitamente libre de todo mal de las mentiras de Satanás y de sus malvados de siempre, con el fin de que nuestro Padre celestial nos vea llenos del Espíritu Santo de su nombre glorioso y de sus mandamientos eternamente honrados en nuestras vidas. Y estos son mandamientos de leyes y preceptos tan justos que ningún hombre en toda la tierra, comenzando por Moisés mismo quien los recibió de la mano de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax como el Cordero de Dios para liberación inmediata de Israel del cautiverio egipcio, en realidad él mismo jamás pudo cumplirla en su vida, pero Jesucristo si los cumplió grandemente. Por eso siempre es bueno amar grandemente a nuestro Rabino Yeshua jaMashíax como el Hijo de David, por ejemplo, o como el Sumo Sacerdote entre Dios y las almas de los hombres de todas las naciones, para que nos vea llenos del Espíritu Santo del cumplimiento de los mandamientos y de la glorificación infinita de su nombre bendito en nuestras vidas. Y así nuestro Padre celestial nos vea con mucho amor hacia todos nosotros para perdonarnos nuestros pecados, llenándonos de las riquezas increíbles del Espíritu Santo de su nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén santa y colosal del cielo, para ya no vivir más engañados por Satanás y sus mentiras de siempre, sino llenos del Espíritu Santo de la verdad inmortal. Porque en la tierra en donde nacimos estamos llenos de las mentiras que Adán y Eva creyeron por error en el paraíso y de boca de la serpiente antigua, más cuando entramos en oración delante de nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo Jesucristo, entonces estamos en el mundo de toda verdad y de justicia para bendición eterna. Por eso es que con nuestro Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones como nuestro Gran Rey Rabino Yeshua jaMashíax, entonces somos más que vencedores delante de nuestro Padre celestial y así también delante de cada uno de sus adversarios para ser por siempre triunfantes en toda batalla, en el nombre sagrado de su Hijo amado, ¡nuestro Señor y salvador Jesucristo! En nuestros días, cuando nos presentamos delante de nuestro Padre celestial con los dolores increíbles de nuestro diario sufrimiento por razones de nuestros problemas, dificultades, enfermedades y hasta amenazas increíbles de muertes, entonces nuestro Dios junto con su Espíritu Santo ya lo conocen todo muy bien en sus cuerpos celestiales, para asistirnos poderosamente con gran amor y misericordias progresivas. Porque cuando nuestro Señor Jesucristo subió al monte santo de Jerusalén sobre los árboles cruzados de Adán y Eva, entonces también nuestro Padre celestial junto con su Espíritu Santo fue clavado al espíritu humano del hombre para jamás volvernos a alejar de nuestro Dios y Fundador de nuestras nuevas vidas eternas del cielo. Por ello, cada vez que nos arrodillamos a orar delante de nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, entonces estamos siendo llenos del Espíritu Santo del nombre bendito de Dios y de sus mandamientos infinitamente cumplidos, para que la impureza de nuestros pecados ya no brille más, sino sólo la santidad de nuestro Salvador y Sumo Sacerdote. Porque nuestro Padre celestial sólo desea ver en nosotros, en nuestros millares, de todas las razas, familias, linajes, pueblos y reinos la santidad pura de su Rabino Yeshua jaMashíax, porque sólo nuestro Señor Jesucristo es su Hijo amado delante de sus ángeles del cielo y así también de la tierra con el hombre, la mujer, el niño y la niña. Pues entonces, ya que exploramos brevemente la verdad entre el Espíritu Santo de amor eterno y antiguo entre nuestro Padre celestial y su Jesucristo, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, sin demora, oremos delante de su presencia santísima en la tierra para que delante de su sacrificio continuo de sangre expiatoria del cielo nos reciba con mucho amor y poderosas bendiciones sin fin. Porque la verdad es también que el orar delante de nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, entonces estamos llenos del Espíritu Santo de cada una de las ricas bendiciones que deseamos recibir a cada hora de nuestras vidas, para enriquecernos grandemente en todas las cosas que necesitamos día a día, para bien eterno. En otras palabras, cada una de las cosas o situaciones de nuestras vidas de cada día, ciertamente están llenas del Espíritu Santo de nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de su Hijo amado: entonces para que lleguen a nosotros, pues, tenemos que orar para que nos llenemos grandemente del Espíritu Santo que las traen a nuestras vidas sin parar jamás. Por ello, muchas gentes no reciben de nuestro Padre celestial lo que desean tener en sus vidas de cada día, porque no solamente no las están pidiendo adecuadamente en el nombre sagrado de nuestro Señor Jesucristo, quien llena nuestras vidas del Espíritu Santo de las bendiciones del cielo y de la tierra, sino que le piden en otro nombre desconocido. Y todos los que le piden a nuestro Padre celestial en oración y por un nombre desconocido en el cielo por Él y por sus ángeles santísimos, entonces se llenan sus oraciones o cosas o situaciones, por ejemplo, de ese espíritu desconocido o de error, por lo tanto, lo que piden jamás llega a sus vidas, por más que sigan orando. Pero si las mismas personas cambian su manera de orar, rezar o mediar delante de Dios por ellos mismos o por los demás, abandonando sus ídolos e imágenes, por ejemplo, por la verdadera presencia del Espíritu Santo y de su Jesucristo, entonces sus oraciones serán llenas del Espíritu Santo de las cosas que piden, y llegan a sus vidas para bien eterno. Por ejemplo, como gentes religiosas que se arrodillan ante ídolos de madera, metal o imágenes colgantes de papel o pintura, lo cual va directamente en contra del Espíritu Santo del nombre bendito de nuestro Padre celestial y de sus mandamientos infinitamente cumplidos en la vida gloriosa del Gran Rey Mesías de todos los tiempos, nuestro Jesucristo, entonces no reciben nunca nada. Porque la verdad es que cada persona que se arrodilla para orar ante un ídolo o imagen colgante en la pared o en algún otro lugar, entonces está ofendiendo en lugar de agradar al Espíritu Santo del nombre bendito de nuestro Padre celestial y de sus mandamientos cumplidos en la vida gloriosa de su Jesucristo, en la tierra escogida de Israel. Por eso los que oran a Dios delante de ídolos o imágenes o doctrinas hechas por las manos pecadoras de los hombres y de las mujeres, por ejemplo, entonces se están llenando del espíritu de error cada vez más para jamás volver a recibir ninguna de las ricas bendiciones infinitas de nuestro Padre celestial, en el cielo y en la tierra. Por esta razón, debemos de amar siempre a nuestro Padre celestial por medio del Espíritu Santo de su nombre bendito y de sus mandamientos infinitamente cumplidos y glorificados grandemente en la sangre gloriosa del sacrificio continuo de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para así recibir todas nuestras bendiciones eternas, principalmente su perdón para regresar al paraíso desde ya. Entonces una oración llena de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo (nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, el sacrificio siempre presente en nuestras vidas), es una oración sumamente llena del Espíritu Santo en la tierra y así también en el paraíso y en la misma Jerusalén santísima del cielo, por ejemplo, en donde todos son santos para Dios y para siempre. Visto que, éste es el propósito de nuestro Padre celestial, de su Hijo amado y de su Espíritu Santo el hacer a cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones infinitamente santos delante de su presencia santa, y sólo por la oración hecha en el nombre sagrado de su Cordero escogido, ¡nuestro Señor y salvador Jesucristo! Porque es la sangre expiatoria la que tiene vida y bendición no solamente en el paraíso, sino también en la tierra y así también en la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo, en donde jamás volveremos a conocer los enemigos de Dios y de su Jesucristo, sino solamente la llenura del Espíritu Santo, por supuesto. Porque es únicamente en la llenura del Espíritu Santo que podemos siempre orar y, además, servir a nuestro Padre celestial por medio de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para vivir perpetuamente felices y gozosos bajo esa gran protección celestial, la cual jamás se alejara de nosotros, como la Shekinah, porque seremos una oración perpetua con Jesucristo delante de Dios. Así es, si oramos delante de nuestro Padre celestial, en el nombre sagrado de nuestro Señor y salvador Jesucristo, entonces viviremos por siempre protegidos por los poderes sobrenaturales del Espíritu Santo de su palabra viva y de su nombre Todopoderoso, para sólo conocer el bien de las cosas cada día por la tierra y para siempre en el cielo. Porque la verdad es que nuestro Padre celestial nos ha confiado su Espíritu Santo desde el comienzo de todas las cosas en el cielo y por toda la tierra también (Gn. 1:2), para que seamos llenos de Él y de su luz brillante y todopoderosa en nuestras vidas, para que jamás las tinieblas de las mentiras crueles de Satanás nos hagan daño. Pensar, orar, confiar siempre delante de nuestro Padre celestial, entonces abre puertas en donde no hay puertas, para hacer caminos de escape y de grandes bendiciones increíbles en donde no existen caminos ni bendiciones posibles: puesto que, nuestro Padre celestial nos entrega grandemente del Espíritu Santo de sus bendiciones, y sin medida, para vivir en paz, protegidos y por siempre prósperos. Y una vida prospera, en verdad, es una vida sumamente ganada por nuestro Señor Jesucristo por los poderes sobrenaturales de cada día de su sangre expiatoria sobre el altar de nuestro Padre celestial en el reino angelical, para entregarnos en todo momento todo lo que le pedimos a Él para nosotros y para los nuestros y hasta para nuestras amistades también. Entonces oremos para cambiar nuestra manera de recibir todas nuestras cosas de nuestro Padre celestial y de sus muchos frutos de su árbol de la vida eterna, ¡nuestro Señor Jesucristo! Imagínate, entonces, por unos momentos, todo tu ser lleno del Espíritu Santo de cada una de las ricas bendiciones que deseas tener (o alcanzar) en tu vida de cada día por toda la tierra, para que de este modo seas feliz tú y con cada uno de los tuyos también, en donde sea que te encuentres en toda la tierra. Así pues también son todas las familias de las naciones delante de nuestro Padre celestial, lleno del Espíritu Santo de su nombre bendito y de sus mandamientos infinitamente cumplidos en la vida gloriosa de su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para vivir por siempre bañado de muchas ricas bendiciones y sus protecciones sin fin. Y una nación de familias llenas del Espíritu Santo de cada una de las bendiciones de nuestro Padre celestial y de su árbol de la vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, entonces es una nación infinitamente llena del Espíritu Santo del amor eterno de Dios y de su nuevo reino angelical para vivir desde ya la felicidad infinitamente e inmortal. Por ende, una nación llena del Espíritu Santo de las ricas bendiciones eternas de nuestro Padre celestial y de su Cordero escogido, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, entonces es una nación líder que le da vida a las demás naciones para transformar a la tierra en un paraíso terrenal, en estos días y para siempre en la eternidad venidera, con toda seguridad. En estos días, en el cielo, nuestro Señor Jesucristo está inclinado sobre el monte santo y sangriento para orar delante de nuestro Padre celestial para perdón de tu alma eterna y así tú puedas recibir salud, protección y salvación eterna con todas sus ricas bendiciones antiguas. Arrodíllate, pues entonces, con él delante de nuestro Padre celestial para que su Espíritu Santo te llene de sus muchas y ricas bendiciones de dones sobrenaturales para que milagros y maravillas comiencen a tomar lugar en tu vida y en la vida de los tuyos también, para bien eterno. Arrodíllate a orar, pensando en Jesucristo; ora en la privacidad de tu hogar y ora sin cesar en tu corazón para que días buenos vengan a tu vida, siempre llenos del Espíritu Santo de Dios y de sus muchas maravillas, gracias a Jesucristo que ora por ti en el cielo, porque es tu Sumo Sacerdote en estos días y para siempre. Ora al SEÑOR del cielo y te oirá, en el nombre de su Jesucristo, porque la mentira es como las tinieblas que pronto desaparecen entre la luz, más la verdad es para siempre, porque brilla como el Rostro santo de nuestro Padre celestial y hasta es más brillante que el sol mismo que nos alumbre cada día desde el cielo. Vivir cada día con nuestro Rabino Yeshua jaMashíax en nuestros corazones, en verdad, es vivir con nuestro holocausto de sangre santa y expiatoria a cada hora, para perdón, bendición, protección y salvación eterna de nosotros mismos, de nuestros familiares y hasta de nuestras amistades también, no importando jamás en donde estén en todas las naciones de la tierra. El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo. LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche, (Deuteronomio 27: 15-26): "'¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su prójimo!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque descubre la desnudes de su padre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija de su madre!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que se acueste con su suegra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su semejante, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa alguna!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' "'¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por obra en su diario vivir en la tierra!' Y todo el pueblo dirá: '¡Amén!' LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: "No tendrás otros dioses delante de mí". SEGUNO MANDAMIENTO: "No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". TERCER MANDAMIENTO: "No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano". CUARTO MANDAMIENTO: "Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó". QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da". SEXTO MANDAMIENTO: "No cometerás homicidio". SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometerás adulterio". OCTAVO MANDAMIENTO: "No robarás". NOVENO MANDAMIENTO: "No darás falso testimonio en contra de tu prójimo". DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo". Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y deshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu Hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ". Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Disponte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver qué clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusalén". Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, para la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/ http:///radiovisioncristiana.com http://radioalerta.com
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