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1 total messages Started by IVAN VALAREZO Sun, 17 Dec 2006 06:42
(IV�N): EL SE�OR NOS FAVORECE EN SUS D�AS FESTIVOS
#181
Author: IVAN VALAREZO
Date: Sun, 17 Dec 2006 06:42
306 lines
53796 bytes
S�bado, 16 de diciembre, a�o 2006 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoam�rica 


(Este Libro fue Escrito por Iv�n Valarezo) 


EL SE�OR NOS FAVORECE EN SUS D�AS FESTIVOS

Ciertamente la ira de nuestro Padre Celestial es s�lo por un momento, pero su "amor y su favor" dura toda la vida, en la vida del hombre obediente a su nombre sagrado. Puesto que, por la noche, como siempre, dura el llanto del coraz�n agobiado por las tinieblas de su mal eterno, sin el amor de Cristo en su coraz�n; pero al amanecer vendr� la alegr�a de Dios a su vida, cuando por fin ha encontrado su �nica verdad salvadora, en Cristo Jes�s, Se�or nuestro.  

En verdad, la ira de nuestro Dios no es para siempre en ninguno de nosotros, por m�s viles que seamos ante �l; porque si nosotros aceptamos a su Hijo amado en nuestros corazones, como nuestro �nico y suficiente salvador de nuestras vidas, entonces lo que era antes ira, ahora es amor eterno. Un amor bendito, sin par alguno, de nuestro Dios y de su Hijo amado, que s�lo el Esp�ritu de Dios lo conoce, desde las alturas, desde siempre, desde tiempos inmemoriales, es decir, desde los primeros d�as de la antig�edad, por ejemplo, (todo esto lo que haya sido para Dios y para su reino eterno) y hasta nuestros d�as. 

Amor celestial e infinito, como lo indican sus adjetivos, por ejemplo, que no tiene principio ni tampoco fin en Dios, ni en ninguno de sus seres amados, creados por su palabra, por su nombre sagrado como �ngeles celestiales y por sus manos santas, como Ad�n y sus descendientes, en el para�so y por toda la tierra de nuestros d�as, tambi�n. Por lo tanto, su amor y su favor eterno son para vida eterna, en nuestras vidas, por amor a la vida santa y eternamente gloriosa, de su Hijo amado, el Se�or Jesucristo, en la tierra y en el reino de los cielos, tambi�n, para siempre. 

Y es precisamente �ste esp�ritu de amor y de favor infinito, por el cual Dios nos ha redimido del poder terrible de cada una de nuestras enfermedades infinitas y de su muerte, en la tierra y en el fuego eterno del infierno, tambi�n. Por eso, la ira de Dios ya no tiene poder alguno en nosotros, si permanecemos fieles al nombre bendito de su Jesucristo, por ejemplo, en nuestros corazones cada d�a de nuestras vidas por la tierra. 

Adem�s, la ira de Dios es por causa de la maldad, del coraz�n perdido de Lucifer, el cual quiso exaltar su nombre inicuo m�s alto que el nombre sagrado de su Hijo amado, el Se�or Jesucristo, en el coraz�n de todos los seres creados por su palabra divina, en el reino de los cielos. Y esto fue un error terrible para Lucifer y para cada uno de sus seguidores, en sus millares, en el reino de los cielos y en la tierra, tambi�n, como hombres y mujeres de gran pecado y de gran maldad infinita, en sus vidas terrenales y pecadoras, sin Cristo y sin el favor de Dios en sus corazones ciegos, por ejemplo. 

Pero nosotros no fuimos creados por la palabra de Dios, sino por sus manos santas; por lo tanto, no somos de las tinieblas de Lucifer, sino de la luz viviente de su coraz�n santo y de sus m�s sublimes pensamientos, de amor y de felicidad infinita, en el reino de los cielos y en toda su creaci�n, tambi�n. Por esta raz�n, nuestro Dios siempre piensa en ti, con "pensamientos de bien eterno" y no de juicio final, por ejemplo, por tus culpas, por tus pecados para condenarte, sino todo lo contrario. 
   
Por ende, Dios piensa en ti, "porque has estado por siempre, desde el comienzo de todas las cosas, en el m�s all� del reino de los cielos, en su coraz�n y en su mente, para formarte y para llenarte de su vida sagrada con todas sus m�s ricas bendiciones, celestiales y terrenales tambi�n, en Cristo Jes�s, salvador nuestro". Y como nuestro Dios nos ha creado por amor a sus m�s sublimes pensamientos de su coraz�n, por amor a la vida y a la felicidad infinita de su reino, entonces el pecado no tiene un efecto eterno en ninguno de nosotros, como lo tiene, por ejemplo, en el coraz�n de Lucifer o de los �ngeles ca�dos del m�s all�.

Es decir, que el pecado aunque es destructor en nuestras vidas, as� como lo es para con los �ngeles ca�dos del m�s all�, pues aun as� tenemos "la esperanza del perd�n" de nuestro Dios, s�lo por medio de la vida y de la sangre bendita de su Hijo amado, el Se�or Jesucristo, viviendo en nuestros corazones, como hoy en d�a. Por lo tanto, �sta esperanza de vida y de felicidad infinita es exclusiva s�lo para los hombres, mujeres, ni�os y ni�as de la humanidad entera, de todos ellos que le amen a �l, en el esp�ritu y en la verdad infinita del nombre sagrado de su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo! 

Por esta raz�n, la ira de Dios no se puede apartar de la vida pecadora de Lucifer o de sus �ngeles ca�dos, por ejemplo, pero si del hombre, si tan s�lo cree en su coraz�n y as� confiesa con sus labios su nombre bendito y eternamente salvador de su vida, en la tierra y en el para�so, tambi�n, para siempre. Y esto es algo, que Dios ha hecho maravilloso por amor a su nombre santo, por Ad�n y por cada uno de sus descendientes eternos, comenzando con Eva su esposa, por ejemplo, en el para�so y en toda la tierra, de nuestros d�as y de siempre. 

Entonces si la ira de Dios est� en tu vida, mi estimado hermano o mi estimada hermana, en verdad, ha de ser por tan s�lo un instante, un corto tiempo de duraci�n, y no te har� ning�n da�o eterno, sino que te "corregir� lo necesario" de tu pecado y de tu locura, de haber pecado en contra de �l. Porque Dios mismo la apartara de tu vida, para no destruirte como destruyo a los �ngeles ca�dos, en el d�a que pecaron en contra de su �rbol de vida eterna, el Se�or Jesucristo, por ejemplo, al intentar humillar su nombre santo en los corazones de los �ngeles; algo que jam�s debi� haberse hecho al nombre de Jes�s en el cielo. 

Porque es la ira de Dios que destruye el pecado junto con el pecador o pecadora, si �l o ella no se apartan de su mal eterno, arrepinti�ndose de su mal ante su Dios y ante su �rbol de vida eterna, el Se�or Jesucristo. Porque en el d�a que Ad�n peca, como Lucifer lo hab�a hecho siglos antes, entonces la ira de Dios sali� de la santidad de nuestro Padre Celestial, con gran dolor en su coraz�n y en su alma santa.

Y as� como nuestro Padre Celestial derramo su ira por culpa del primer pecado de Lucifer y luego de Ad�n tambi�n, en el reino de los cielos, caus�ndole gran dolor en su vida, como jam�s lo hab�a experimentado en todos los d�as de su vida de perfecta santidad, en el cielo. Entonces el Esp�ritu Santo de Dios se derramo poderosamente sobre toda la tierra, para subyugar eternamente y para siempre, a cada uno de los poderes eternos del pecado, para que la ira de Dios no destruya el cielo y toda la tierra, tambi�n, junto con �l.

Y como el Esp�ritu de Dios se derramaba sobre toda la tierra, por causa de la ira de Dios, en contra de las profundas tinieblas de Lucifer y de sus �ngeles ca�dos, por ejemplo, entonces Dios hac�a esta gran obra sobrenatural, para "preparar el camino" del hombre hacia su encuentro personal, con su �rbol de vida, su Hijo amado. Porque s�lo el Se�or Jesucristo es el salvador perfecto de su vida infinita, en la tierra y en el para�so, tambi�n, para siempre. 
 
Aqu� es, cuando nuestro Dios "manifiesta su amor infinito y su dolor", a trav�s de su Hijo amado, cuando sufr�a momento a momento derramando su sangre santa, en vez de su ira divina, colgando de la cruz con clavos, en sus manos y en sus pies, sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusal�n, en Israel. Porque en el para�so nuestro Dios derramo su ira, con gran dolor en su coraz�n en toda su alma santa, por culpa del pecado. 

Pero en el G�lgota, Dios mismo, una vez m�s, a trav�s de su Hijo, "su m�s alto sacrificio por la humanidad entera", entonces derrama su amor y su favor infinito, es decir, su sangre de vida eterna. Para dejarle saber a Ad�n y a cada uno de sus descendientes, en sus millares de todas las familias, naciones y pueblos, cuanto hab�a sufri� su coraz�n y su alma herida por el pecado cometido en contra de �l, en el para�so y consiguientemente d�a y noche por toda la tierra, tambi�n, hasta nuestros tiempos, por ejemplo.

Es decir, que el amor y el favor eterno de Dios y la gracia salvadora de su fruto de vida eterna, de su �rbol Viviente, est� en ti y en cada uno de los tuyos, tambi�n, si s�lo le crees a �l y a su promesa bendita, su palabra viva, en tu coraz�n, en el nombre de su Jesucristo. Y Dios ha de apartar su ira santa de ti, porque no s�lo es por un momento, sino por amor a la vida preciosa y sumamente sagrada de su Hijo amado: la sangre viva de su Jesucristo, hoy en d�a y por los siglos de los siglos, �el �nico Santo posible de Israel y de la humanidad entera! 
 
Ahora, si sufres por el pecado, entonces ha de ser por la noche oscura de tu vida, en tus momentos de dolor, por haberte hecho el mal tu mismo, o por hab�rselo hecho a alg�n inocente, por ejemplo, ya sea por intenci�n propia o por error circunstancial. Pero Dios es bueno para contigo y no te pagara jam�s seg�n el mal de ninguno de tus muchos pecados, en esta vida ni en la venidera, tampoco, sino que su amor y su favor infinito estar�n por siempre a tu lado, para protegerte as� como ha protegido a los �ngeles del mal de Lucifer, por ejemplo. 

Entonces nuestro Dios te perdona tu mal, "apartando / alejando tu vida sobrenaturalmente" de su ira infinita, con tan s�lo que invoques su nombre sagrado de su Hijo con tus labios y as� siempre creas en tu coraz�n en su obra mayor de su vida mesi�nica, llevada acabo en la tierra de Israel, para el bien de muchos. Porque el Se�or Jesucristo ha descendido del cielo para nacer y vivir tu vida celestial y terrenal, tambi�n, en el perfecto amor y favor de Dios, aunque no lo creas posible as�. (Pues cr�etelo, porque nuestro Dios es un Dios de milagros, de maravillas y de grandes prodigios, en el cielo y en toda la tierra, tambi�n, en tu vida y en la vida de cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera, sin jam�s hacer excepci�n de ninguna persona por ninguna raz�n.)
 
Y el Se�or Jesucristo ha hecho �ste gran bien por ti, para bendecirte grandemente y eternamente con los poderes sobrenaturales de sus dones celestiales, de su Esp�ritu Santo y de su gracia salvadora, para que siempre veas la vida eterna, desde hoy mismo y para la eternidad venidera. Porque la vida perfecta, en la cual Jesucristo naci� en Israel, la naci� por ti y por cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera, comenzando con Ad�n, por ejemplo, para cumplir la Ley y la m�s sublime voluntad de Dios, en tu coraz�n y en tu alma viviente, para que entonces puedas vivir, sin jam�s morir. 

Por esta raz�n, Dios mismo ha manifestado su favor infinito en ti, d�ndote la vida misma de su �rbol de vida eterna, su Hijo amado, el Se�or Jesucristo, para que jam�s te falte vida, como le falto a Ad�n, en su d�a de pecado, sino que la tengas en abundancia, hoy en d�a y por siempre en la eternidad venidera. Es decir, tambi�n, que Jesucristo te ha dado de su vida infinita, la cual "echa a andar en Israel", para que en sus �ltimos d�as de su vida, entonces s�lo �l entregarse a s� mismo por ti, a tu vida pecadora y a tu muerte, para que jam�s veas la muerte, sino s�lo su vida sagrada en ti, para siempre. 

Adem�s, el Se�or Jesucristo ha hecho esto no s�lo por ti, sino por todos los que aman a nuestro Padre Celestial que est� en los cielos, no para mancharse de tu pecado o de tu mal eterno, sino por mayores razones que estas. Fue para entonces, en d�as como hoy, por ejemplo, limpiarte de todo poder de las profundas tinieblas del m�s all� y as� jam�s vuelvas a sufrir los poderes terribles de su ira destructora, en tu vida terrenal y en tu vida eterna, como Lucifer y sus secuaces sufren d�a y noche en el bajo mundo del infierno, por ejemplo. 

Por lo tanto, has de vivir por siempre "gozando" d�a y noche de los privilegios infinitos del favor de Dios y de sus m�s ricas bendiciones espirituales y terrenales, solamente posibles en tu vida, si el Se�or Jesucristo vive en ti, desde hoy mismo y por siempre, y hasta que regreses al para�so, a quedarte para siempre con �l. Porque para los �ngeles ca�dos, como Lucifer, por ejemplo, ya no hay esperanza alguna, ni menos amor o privilegios eternos del favor de Dios para ninguno de ellos, en la tierra ni menos en el cielo, para siempre, en toda la eternidad venidera, sino s�lo dolor y destrucci�n infinita en el lago de fuego por haber vivido sus vidas pecadoras. 

En realidad, los �ngeles ca�dos ya no tienen perd�n de Dios ni tampoco su ira podr� apartarse de ellos jam�s, pero no es as� con el hombre de toda la tierra. Siempre y cuando, el hombre reconozca su pecado y a su salvador eterno en su coraz�n, el Se�or Jesucristo, para que entonces la ira de Dios ya no sea para siempre en su vida, sino s�lo por un corto tiempo. Y esto ha de ser en el coraz�n del hombre o de la mujer penitente, hasta que su pecado sea quitado de su coraz�n y de toda su vida, tambi�n, por los poderes sobrenaturales de la gracia infinita, de la sangre viva y del nombre sobrenatural de su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo! 

Y como Dios te ama tanto, y te lo ha demostrado no s�lo con su palabra sino con su Esp�ritu Viviente y sus muchos frutos sobrenaturales, por ejemplo, entreg�ndote a su vida misma, su vida m�s preciada y santa de su vida gloriosa y eternamente honrada del reino de los cielos, su �rbol de vida infinita, el Se�or Jesucristo. Pues lo que Dios quiso hacer con Ad�n y Eva, en el para�so, lo ha estado haciendo desde siempre con cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera, ofreci�ndoles a que coman por siempre de su fruto del favor y de la vida eterna, su �rbol viviente, el �nico salvador posible de sus almas eternas. 

Para que en momentos como hoy, por ejemplo, �l mismo y su Esp�ritu, entonces calmar tu dolor y lo quite de tu coraz�n, tambi�n, para llenarte de gozo y de felicidad eterna �nicamente, para que seas siempre "feliz con �l", y as� entonces le sirvas a �l, como tu �nico Dios, en la tierra y en el para�so, para siempre. Porque la ira de Dios que est� en ti, la puedes muy bien remover de tu vida, en un instante de fe y de oraci�n, invocando su nombre antiguo y sobrenatural, el cual siempre ha sido honrado por los millares, de �ngeles del reino de los cielos, para que seas entonces libre de toda condena y muerte eterna, tambi�n.

�OH DIOS SANTO!, RESP�NDENOS A NUESTRAS ORACIONES

Por eso, a nuestro Dios, debemos dirigir d�a y noche nuestras oraciones con nuestros ojos del alma, siempre mirando hacia el cielo y hacia su eternidad, en el nombre santo de su Hijo amado, el Se�or Jesucristo, para que vivamos por siempre s�lo en el tiempo de su buena voluntad, ya sea en la tierra o en el para�so. Para que jam�s, en los d�as venideros de nuestras nuevas vidas celestiales, en el m�s all�, como en el para�so o en su nueva ciudad: La Gran Jerusal�n Santa y Eterna, por ejemplo, entonces no nos vuelva a pasar lo que le sucedi� a Ad�n y a Eva, por ejemplo, que pecaron vilmente ante �l. 

Y fue por esta raz�n, que el amor de Dios fue herido tan terriblemente, algo que jam�s le hab�a sucedido a �l, en todos los d�as de su vida santa, como Dios del reino de los cielos y de toda la tierra. Es m�s, nadie lo hab�a herido tanto a �l, a nuestro Padre Celestial, como en el d�a que Ad�n peca delante de su presencia santa: al comer del fruto prohibido. 

Porque en el d�a que Ad�n comi� y bebi� del �rbol de la ciencia del bien y del mal, para mal de su vida, entonces Dios mismo fue herido mortalmente en su coraz�n santo, para sangrar por la eternidad, pero sin poder morir jam�s; porque nuestro Dios es eterno y no morir� nunca, por nada ni por nadie. Por lo tanto, fue nuestro Padre Celestial quien sufri� mucho por culpa de nuestros pecados, en el d�a que Ad�n y Eva pecaron gravemente al comer del fruto prohibido, del �rbol de la ciencia del bien y del mal, en el para�so, sobre su altar y sobre la cima de su roca eterna, en el cielo, por ejemplo. 

Y este dolor terrible del coraz�n y del alma viviente de nuestro Padre Celestial se traslada a la vida y al cuerpo santo y eternamente honrado de su Hijo, el Se�or Jesucristo, para derramar no de su ira, sino de su vida y de su sangre viva, para que el pecador y la pecadora vivan por amor a su nombre. Porque en el d�a que nuestro Dios sinti� dolor por nosotros, entonces esto fue realmente un golpe en su coraz�n santo aun con mayor fuerza y dolor, como cuando el Se�or Jesucristo entregaba su vida por redimirnos a todos nosotros del poder del pecado y de su muerte, en el para�so, en la tierra y en el infierno, por ejemplo. 

Porque as� como nuestro Dios sufri� en el para�so, en el d�a que comenz� el pecado en la vida de Ad�n y de sus descendientes, pues as� se manifest� el dolor del SE�OR en Jesucristo, ni m�s ni menos, sobre la cima de la roca eterna, colgando del madero, en las afueras de Jerusal�n, en Israel, para terminar con su dolor. Por lo tanto, fue nuestro Padre Celestial quien realmente "sinti�" el dolor y la agon�a de nuestros pecados, de nuestras culpas y de nuestras muertes eternas, en el d�a que Ad�n le desobedeci� y no comi� de su fruto de vida, el Se�or Jesucristo, en el epicentro del para�so, como estaba llamado hacerlo as� y lo mismo sus descendientes. 

Y realmente pecaron grandemente Ad�n y cada uno de sus descendientes eternos, comenzando con Eva, en contra de �l, despertando as� su ira infinita, por efecto de las palabras mentirosas del coraz�n malvado, de Lucifer y de los labios de la serpiente antigua, por ejemplo, pero jam�s alejo su favor del hombre a pesar del dolor profundo de su coraz�n. Por esto, nuestro Dios Infinito, nos ha de resp�ndeme siempre d�a y noche y sin desistir: a nuestras oraciones, a nuestras suplicas, a nuestras peticiones, a nuestras intercesiones, porque nos entiende y por amor a su gran bondad infinita, por la verdad de su �nica salvaci�n celestial para todo hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera, Jesucristo. 

Porque la �nica salvaci�n que Dios conoce, para el alma viviente de la tierra, ha sido desde siempre su �rbol de vida eterna, su Hijo amado, el Se�or Jesucristo, viviendo por siempre en nuestros corazones eternos, siempre libres del mal y llenos de su amor y de su favor infinito, para con cada uno de nosotros, para la eternidad venidera. Y �sta salvaci�n perfecta de su favor eterno hacia nosotros, nuestro Dios la tuvo que "ganar" no con el oro, la plata y las muchas riquezas de las piedras preciosas de su reino celestial, sino con su vida misma, con su dolor, con su sangre de su coraz�n latiente, para que todo aquel que crea en �l, entonces viva. 

Es decir, para que entonces el hombre no vea la muerte jam�s, sino s�lo su vida eterna, en la tierra y en el cielo, tambi�n, para siempre, para con �l y para con su �rbol de vida eterna, rodeado por siempre de sus huestes, de �ngeles gloriosos del m�s all�, de su nuevo reino celestial. Y es precisamente, �ste esp�ritu viviente de la sangre del Se�or Jesucristo es que realmente toca tu coraz�n, para limpiarlo de cada una de las palabras malvadas de Lucifer, las cuales se rebelaron en contra de nuestro Dios y de su nombre salvador, su �rbol de vida eterna, el Se�or Jesucristo, en el cielo y por toda la tierra, tambi�n.  

Y esto es verdad, desde los d�as de la antig�edad y hasta nuestros tiempos, por ejemplo, tal como sucede hoy en d�a con todo pecador y con toda pecadora, de la humanidad entera. Por lo tanto, en �ste d�a de hoy, por ejemplo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, nuestro Padre Celestial te limpia de todo mal eterno, de las palabras mentirosas de Lucifer, de las cuales han llegado a tu vida, por el s�lo hecho de ser descendiente de Ad�n y de Eva, para destruirte en un d�a como hoy. 

Y as� entonces dejar que tu alma se pierda para siempre en tu enfermedad personal, para que finalmente entonces caigas en tu muerte eterna, en el fuego candente del infierno, por ejemplo, de donde jam�s podr�s volver a ver la vida, sino s�lo muerte, tormento y constante destrucci�n a lo que quede de tu vida antigua, en el m�s all�. Pero no temas por nada ni por nadie, tampoco, porque el amor y el favor infinito de nuestro Dios est�n contigo, desde el comienzo de todas las cosas, en el cielo y en toda tu vida, tambi�n, para que ning�n mal eterno toque tu vida, si tan s�lo conf�as en �l, por el nombre de su Jesucristo en tu coraz�n. 

Ya que, nuestro Dios y su Jesucristo tienen poderes sobrenaturales obrando, en el cielo y en la tierra, para redimir tu vida de estos males, de los cuales agobian tu coraz�n y tu esp�ritu humano, para hacerte libre de tus enfermedades y de tu muerte eterna, en la tierra y en el m�s all�, desde hoy mismo y por siempre. Por lo tanto, el Se�or Jesucristo te limpia d�a y noche en los poderes sobrenaturales de su Esp�ritu y de su nombre santo, para que vivas y entonces cada una de tus oraciones, peticiones, ruegos e intercesiones a Dios, por ti, por los tuyos y hasta por tus amistades, entonces sean o�das y, a la vez, contestadas por �l mismo. 

Porque nuestro Dios desea satisfacer tu coraz�n, en toda verdad y en toda justicia infinita, en la tierra as� como siempre lo ha hecho con cada uno de sus �ngeles, en el reino de los cielos, desde los d�as de la antig�edad y hasta nuestros tiempos, por ejemplo. Porque el amor y el favor de nuestro Dios han sido por siempre, para con todos los que le aman a �l, s�lo por medio de su fruto de vida eterna, su Cordero Escogido, su Gran Rey Mes�as, El Admirable, Emmanuel, su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo! 

Por esta raz�n, lo �nico que Dios pide de ti, para comenzar a ayudarte desde hoy mismo, es tan s�lo que le seas fiel a �l, tu �nico Padre Celestial, en la tierra y en el para�so, para siempre, por medio de su fruto de vida eterna, su Hijo amado, el Se�or Jesucristo, y no comas mas del fruto prohibido. Porque nuestro Padre Celestial nos ha de responder cada ma�ana y por siempre con todos los poderes de su Esp�ritu y de su gran bondad infinita, para llenarnos de sus favores d�a y noche por amor a su verdad perfecta, de su salvaci�n viva, su Hijo, Jesucristo, para con cada uno de nosotros, en todos los lugares de la tierra. 
 
Por eso, es muy bueno, como "en nuestros d�as navide�os", de la llegada de nuestro salvador eterno a Israel, entonces levantemos nuestros corazones en nuestras almas vivas a nuestro Dios que est� en los cielos, para que nos bendiga, con sus muchas y ricas bendiciones, de las alturas antiguas aun m�s altas que su reino celestial, por ejemplo. Para que nos toque y nos bendiga m�s y m�s en sus frutos de vida y de salud eterna, su �rbol Viviente, su Hijo amado, para que nuestros corazones sean por siempre llenos de �l y de su justicia viva e infinita, por ejemplo. 

Porque el favor de Dios y de su Hijo Santo es para cada uno de nosotros, en los poderes sobrenaturales de los dones, de la vida gloriosa de su Esp�ritu Santo, en cada uno de nuestros corazones y en cada una de nuestras almas vivientes, tambi�n, en la tierra y en el para�so, para miles de siglos venideros. Porque nuestro Dios no es un Dios lejano, sino cercano; por lo tanto, �l nos responde d�a y noche y a cada hora del d�a cada una de nuestras oraciones, peticiones, deseos, ruegos e intercesiones a �l, por medio del nombre sagrado, el cual ama su coraz�n con gran amor eterno, su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo!

NUESTRO SOL Y ESCUDO DE PROTECION ES NUESTRO DIOS ETERNO

Porque la verdad es que "sol y escudo" ha sido por siempre nuestro Padre Celestial para con cada uno, de todos los hombres, mujeres, ni�os y ni�as de la humanidad entera, de los que le han amado s�lo a �l, en el esp�ritu y en la verdad infinita de su Hijo amado, el Se�or Jesucristo. Porque el amor y el favor de Dios, para con cada uno de sus �ngeles, hombres, mujeres, ni�os y ni�as, de la humanidad entera, han sido desde siempre y lo seguir� siendo por la eternidad, su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo de Israel y de las naciones de toda la tierra! 

Por lo tanto, gracia y gloria les ha impartido a cada uno de sus fieles, amantes de su Jesucristo, para que sus corazones y sus esp�ritus humanos sean por siempre felices con �l, en el poder viviente de su nombre santo, en la tierra y en el reino de los cielos, tambi�n, para siempre. As� pues, no privar� del bien a los que andan en integridad del esp�ritu de fe, de la causa justa de su Hijo, el Se�or Jesucristo, en la tierra de nuestros tiempos y de los que han de venir, en los d�as venideros, por ejemplo, para llenarlos por siempre de su amor y de sus muchos favores celestiales y terrenales.   

Porque el esp�ritu de amor y de sus favores infinitos, cubrir� por siempre toda culpa, toda mancha del pecado y de su muerte eterna, tambi�n, en la vida de cada uno, de sus hijos e hijas de todas las familias, naciones, pueblos, reinos, linajes, razas y tribus de la humanidad entera, por ejemplo. Por lo tanto, nuestro Padre Celestial mismo ha de "protegernos por siempre", si tan s�lo le somos fieles a �l, por medio del esp�ritu del nombre santo, de su Hijo amado, viviendo en nuestros corazones, desde hoy mismo y para la eternidad venidera de su nuevo reino celestial, como La Nueva Jerusal�n Santa e Infinita del m�s all�. 

Porque s�lo el nombre sagrado de su Hijo, del amor intimo y perfecto de su vida eterna, el Se�or Jesucristo, tiene poderes y autoridades sobrenaturales, para bendecir el coraz�n y el alma viviente, de cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera, as� como ha bendecido por siempre a cada uno de sus �ngeles eternos, del reino celestial. Porque nada hay en la tierra, ni en el cielo, que le agrade mucho a nuestro Dios, de s�lo ver el nombre sagrado de su Hijo amado, totalmente honrado en el coraz�n de cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera, para que entonces vivan por siempre por �l, en la eternidad venidera, de su nuevo reino venidero. 

Es por eso, que �l mismo se ha puesto, como "sol y escudo", para salvaguardarnos de los males, de las palabras mentirosas, de Lucifer y de sus �ngeles ca�dos, que hayan no s�lo entrado en nuestros corazones, porque somos herederos de Ad�n, pero de los que han de venir despu�s tambi�n: a la vida de la tierra y del para�so. Porque el enemigo de nuestras almas, siempre ha intentado atacarnos, de una manera u otra, d�a y noche, para alejarnos del favor de la verdad y de la justicia de nuestro Dios, y especialmente en los d�as venideros, tambi�n, mucho antes que entremos al nuevo reino de Dios, por ejemplo, ha gozar de la vida perfecta de nuestro �rbol Viviente. 

Puesto que, nuestro enemigo es incansable para hacer el mal y alejarnos eternamente del amor y del favor de nuestro Creador; porque la verdad es que Lucifer desea destruir a Jesucristo y a su nombre santo de nuestros corazones y de nuestras almas vivientes, tambi�n, para que jam�s vivamos para nuestro Dios y Padre Celestial que est� en los cielos. Por tanto, nuestro Dios jam�s le ha dejar salirse con la suya, con ninguno de todos nosotros, de los que hemos cre�do en nuestros corazones y confesado con nuestros labios, el nombre salvador de nuestras vidas, su Hijo amado, Jesucristo. 

Porque s�lo el Se�or Jesucristo nos podr� librar por siempre de los males eternos, de Lucifer y de sus secuaces, sean �ngeles ca�dos u hombres de gran maldad de la tierra o del m�s all�, tambi�n. Porque Lucifer no s�lo se acerca a nuestras vidas para destruirlas con sus palabras, de gran mentira y de gran maldad infinita, sino que tambi�n se acerca con las malas obras de sus seguidores, �ngeles ca�dos y hombres de gran pecado y de gran decepci�n de toda la tierra, para destruirnos, de una vez por todas y para siempre. 

Y la manera que Lucifer ataca al coraz�n y al alma preciosa de todo hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera, es primeramente "destruyendo todo lo que sea del Se�or Jesucristo, el amor y el favor perfecto de Dios en nuestros corazones y en nuestras vidas eternas, tambi�n". Porque sin el Se�or Jesucristo en nuestras vidas, entonces nuestro Dios y su Esp�ritu Santo no pueden hacer nada por ninguno de nosotros, por m�s seres humanos o humanitarios que seamos en la tierra, con nosotros mismos y con nuestro pr�jimo, por ejemplo. 

Porque la humanidad entera del hombre, con sus riquezas y sabidur�as o grandes logros en su vida, no lo podr�n jam�s redimir de ning�n mal, en la tierra ni menos en el m�s all�, como en el infierno o el lago de fuego eterno, por ejemplo. Solamente el fruto de vida eterna, el cual nuestro Dios le ofreci� a Ad�n, por ejemplo, para redimir su vida de los males venideros que podr�an llegar a su vida, por medio de la palabra, de gran mentira de Lucifer, es que hoy tambi�n puede "salvaguardar" a todo hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera, si s�lo cre�. 

Entonces nuestro Dios no ha cesado jam�s de entregarle / suplirle gloria y gracia a cada uno de los descendientes de Ad�n, para que no muera en el pecado de las palabras mentirosas de Lucifer o de los �ngeles ca�dos, por ejemplo, sino que vivan infinitamente para �l, en la tierra y en el cielo, creyendo en sus corazones en Jesucristo. Por esta raz�n, nuestro Dios jam�s privara de ning�n bien, a ninguno de sus fieles a �l y a su nombre santo, de todos los que hayan llegado a creer en sus corazones, en la vida y en la obra sagrada de su Hijo amado, el Se�or Jesucristo. 

Obra santa y perfecta, la cual llevo acabo sobre la cima de la roca eterna, en las afueras de Jerusal�n, en Israel, nuestro Se�or Jesucristo, en un d�a como hoy, por ejemplo, para manifestar al mundo, no tanto su dolor personal, sino el de Dios por el hombre que sinti� por vez primera en el para�so, cuando pecaba ciegamente. Y as� entonces ponerle fin no s�lo al pecado de Ad�n, sino tambi�n al de la humanidad entera. Porque nuestro Padre Celestial fue el primero quien realmente sufri� el dolor de su coraz�n sant�simo, al ver al hombre, a Ad�n y a cada uno de sus descendientes, obra perfecta de sus manos santas, plagado del mal eterno y cruel del pecado y de su muerte infinita, en la tierra y en el m�s all�, como en el infierno.  

Adem�s, �ste dolor del coraz�n y del alma sant�sima de nuestro Padre Celestial por nosotros haber pecado en contra de �l y de su �rbol de vida eterna, el Se�or Jesucristo, no lo entend�a nadie, sino s�lo su Hijo Santo, el Cristo de Israel y de la humanidad entera. Por esta raz�n, el Se�or Jesucristo nos ama con un amor eterno, �nico de Dios y de su Esp�ritu Santo, en el reino de los cielos y por toda la tierra, para jam�s dejarnos ir por los caminos de maldad de la tierra y del m�s all�, sin haber gustado primero de su fruto de vida infinita, su Hijo, Jesucristo. 

Por lo tanto, s�lo favores y gracia infinita han de ser de parte de nuestro Dios, para bendecir el coraz�n y el esp�ritu humano de todo hombre, mujer, ni�o y ni�a, de buena voluntad y de buena fe, en todos los rincones de la tierra, de hoy en d�a y de siempre, en la eternidad venidera. Efectivamente, en d�as navide�os como hoy, por ejemplo, mi estimado hermano y mi estimado hermana, Dios mismo desea llenar tu vida de sus muchos dones de favores, para que te guarden del mal y as� jam�s ning�n bien de su coraz�n y de su vida sant�sima te falte a ti ni a ninguno de los tuyos, tambi�n, para siempre.


El amor (Esp�ritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo.


�Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


D�gale al Se�or, nuestro Padre Celestial, de todo coraz�n, en el nombre del Se�or Jesucristo: Nuestras almas te aman, Se�or. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, tambi�n, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Se�or Jesucristo.

LOS �DOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los �dolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida de acuerdo, a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Esp�ritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en �sta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quiz� que el fin de todos los males de los �dolos termine, cuando llegues al fin de tus d�as. Pero esto no es verdad. Los �dolos con sus esp�ritus inmundos te seguir�n atormentando d�a y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males est� aqu� contigo, en el d�a de hoy. Y �ste es el Se�or Jesucristo. Cree en �l, en esp�ritu y en verdad. Usando siempre tu fe en �l, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los �dolos y de sus huestes de esp�ritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos tambi�n, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su ley santa es de d�a en d�a honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos �ngeles. Y t� con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oraci�n, cada tilde, cada categor�a de bendici�n terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada se�or�o, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del d�a de hoy y de la tierra santa del m�s all�, tambi�n, en el reino santo de Dios y de su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo!, �El Todopoderoso de Israel y de las naciones!

S�LO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la �nica ley santa de Dios y del Se�or Jesucristo en tu coraz�n, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo as�, desde los d�as de la antig�edad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendr�s otros dioses delante de m�". 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te har�s imagen, ni ninguna semejanza de lo que est� arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinar�s ante ellas ni les rendir�s culto, porque yo soy Jehov� tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generaci�n de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomar�s en vano el nombre de Jehov� tu Dios, porque �l no dar� por inocente al que tome su nombre en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acu�rdate del d�a del s�bado para santificarlo. Seis d�as trabajar�s y har�s toda tu obra, pero el s�ptimo d�a ser� s�bado para Jehov� tu Dios. No har�s en ese d�a obra alguna, ni t�, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que est� dentro de tus puertas. Porque en seis d�as Jehov� hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y repos� en el s�ptimo d�a. Por eso Jehov� bendijo el d�a del s�bado y lo santific�". 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus d�as se prolonguen sobre la tierra que Jehov� tu Dios te da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometer�s homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometer�s adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robar�s". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No dar�s falso testimonio en contra de tu pr�jimo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciar�s la casa de tu pr�jimo; no codiciar�s la mujer de tu pr�jimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu pr�jimo". 

Entr�gale tu atenci�n al Esp�ritu de Dios y d�shazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, tambi�n. Hazlo as� y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus �dolos y de sus im�genes de talla, aunque t� no lo veas as�, en �sta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, tambi�n. Y t� tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los d�as de la antig�edad, para seguir destruyendo sus vidas, en el d�a de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que s�lo �l desea ver vida y vida en abundancia, en cada naci�n y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Se�or Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oraci�n de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: 

ORACI�N DEL PERD�N

Padre nuestro que est�s en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo as� tambi�n en la tierra. El pan nuestro de cada d�a, d�noslo hoy. Perd�nanos nuestras deudas, como tambi�n nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentaci�n, mas l�branos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Am�n. 

Porque si perdon�is a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial tambi�n os perdonar� a vosotros. Pero si no perdon�is a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonar� vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Se�or Jes�s dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR M�". Juan 14:

NADIE M�S TE PUEDE SALVAR.

�CONF�A EN JES�S HOY! 

MA�ANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MA�ANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL D�A DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de �ste MUNDO y su MUERTE.

Disp�nte a dejar el pecado (arrepi�ntete):

Cree que Jesucristo muri� por ti, fue sepultado y resucito al tercer d�a por el Poder Sagrado del Esp�ritu Santo y deja que entr� en tu vida y sea tu �NICO SALVADOR Y SE�OR EN TU VIDA.

QUIZ� TE PREGUNTES HOY: �QUE ORAR? O �C�MO ORAR? O �QU� DECIRLE AL SE�OR SANTO EN ORACI�N? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios m�o, soy un pecador y necesito tu perd�n. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi coraz�n y a mi vida, como mi SALVADOR.

�Aceptaste a Jes�s, como tu Salvador?  �S� _____?  O �No _____?

�Fecha? �S� ____?  O �No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada d�a para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los d�as en el nombre de JES�S. Baut�zate en AGUA y en El ESP�RITU SANTO DE DIOS, adora, re�nete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los dem�s.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecost�s o pastores del evangelio de Jes�s te recomienden leer y te ayuden a entender mas de Jes�s y su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos est�n disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librer�a cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librer�as cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros est� a tu disposici�n, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer m� libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y as� comiences a crecer en �l, desde el d�a de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusal�n d�a a d�a y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque �sta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvaci�n eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Esp�ritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusal�n". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, dir� yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusal�n". Por causa de la casa de Jehov� nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: implorar� por tu bien, por siempre. 

El libro de salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Esp�ritu de Dios a toda la humanidad, dici�ndole y asegur�ndole: - Qu� todo lo que respira, alabe el nombre de Jehov� de los Ej�rcitos, �el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo coraz�n, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad.



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El amor (Esp�ritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo.


�Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


D�gale al Se�or, nuestro Padre Celestial, de todo coraz�n, en el nombre del Se�or Jesucristo: Nuestras almas te aman, Se�or. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, tambi�n, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, el Se�or Jesucristo.

LOS �DOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los �dolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad de Dios y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida de acuerdo, a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Esp�ritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en �sta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quiz� que el fin de todos los males de los �dolos termine, cuando llegues al fin de tus d�as. Pero esto no es verdad. Los �dolos con sus esp�ritus inmundos te seguir�n atormentando d�a y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males est� aqu� contigo, en el d�a de hoy. Y �ste es el Se�or Jesucristo. Cree en �l, en esp�ritu y en verdad. Usando siempre tu fe en �l, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los �dolos y de sus huestes de esp�ritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos tambi�n, en la eternidad del reino de Dios. Porque en el reino de Dios su ley santa es de d�a en d�a honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus santos �ngeles. Y t� con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oraci�n, cada tilde, cada categor�a de bendici�n terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada se�or�o, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del d�a de hoy y de la tierra santa del m�s all�, tambi�n, en el reino celestial de Dios y de su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo!, �El Todopoderoso de Israel y de las naciones!

S�LO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la �nica ley santa de Dios y del Se�or Jesucristo en tu coraz�n, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo as�, desde los d�as de la antig�edad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendr�s otros dioses delante de m�". 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te har�s imagen, ni ninguna semejanza de lo que est� arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinar�s ante ellas ni les rendir�s culto, porque yo soy Jehov� tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generaci�n de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomar�s en vano el nombre de Jehov� tu Dios, porque �l no dar� por inocente al que tome su nombre en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acu�rdate del d�a del s�bado para santificarlo. Seis d�as trabajar�s y har�s toda tu obra, pero el s�ptimo d�a ser� s�bado para Jehov� tu Dios. No har�s en ese d�a obra alguna, ni t�, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que est� dentro de tus puertas. Porque en seis d�as Jehov� hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y repos� en el s�ptimo d�a. Por eso Jehov� bendijo el d�a del s�bado y lo santific�". 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que tus d�as se prolonguen sobre la tierra que Jehov� tu Dios te da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometer�s homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometer�s adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robar�s". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No dar�s falso testimonio en contra de tu pr�jimo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciar�s la casa de tu pr�jimo; no codiciar�s la mujer de tu pr�jimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu pr�jimo". 

Entr�gale tu atenci�n al Esp�ritu de Dios y deshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, tambi�n. Hazlo as� y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus �dolos y de sus im�genes de talla, aunque t� no lo veas as�, en �sta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, tambi�n. Y t� tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los d�as de la antig�edad, para seguir destruyendo sus vidas, en el d�a de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que s�lo �l desea ver vida y vida en abundancia, en cada naci�n y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Se�or Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oraci�n de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: 

ORACI�N DEL PERD�N

Padre nuestro que est�s en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo as� tambi�n en la tierra. El pan nuestro de cada d�a, d�noslo hoy. Perd�nanos nuestras deudas, como tambi�n nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentaci�n, mas l�branos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Am�n. 

Porque si perdon�is a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial tambi�n os perdonar� a vosotros. Pero si no perdon�is a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonar� vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Se�or Jes�s dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR M�". Juan 14:

NADIE M�S TE PUEDE SALVAR.

�CONF�A EN JES�S HOY! 

MA�ANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MA�ANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL D�A DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de �ste MUNDO y su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepi�ntete):

Cree que Jesucristo muri� por ti, fue sepultado y resucito al tercer d�a por el Poder Sagrado del Esp�ritu Santo y deja que entr� en tu vida y sea tu �NICO SALVADOR Y SE�OR EN TU VIDA.

QUIZ� TE PREGUNTES HOY: �QUE ORAR? O �C�MO ORAR? O �QU� DECIRLE AL SE�OR SANTO EN ORACI�N? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios m�o, soy un pecador y necesito tu perd�n. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi coraz�n y a mi vida, como mi SALVADOR.

�Aceptaste a Jes�s, como tu Salvador?  �S� _____?  O �No _____?

�Fecha? �S� ____?  O �No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada d�a para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los d�as en el nombre de JES�S. Baut�zate en AGUA y en El ESP�RITU SANTO DE DIOS, adora, re�nete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los dem�s.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecost�s o pastores del evangelio de Jes�s te recomienden leer y te ayuden a entender mas de Jes�s y su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos est�n disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librer�a cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librer�as cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros est� a tu disposici�n, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer m� libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y as� comiences a crecer en �l, desde el d�a de hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusal�n d�a a d�a y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque �sta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvaci�n eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Esp�ritu Eterno: "Vivan tranquilos los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusal�n". Por causa de mis hermanos y de mis amigos, dir� yo: "Haya paz en ti, siempre Jerusal�n". Por causa de la casa de Jehov� nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: implorar� por tu bien, por siempre. 

El libro de salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Esp�ritu de Dios a toda la humanidad, dici�ndole y asegur�ndole: - Qu� todo lo que respira, alabe el nombre de Jehov� de los Ej�rcitos, �el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo coraz�n, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, por la eternidad.



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