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1 total messages Started by IVAN VALAREZO Sun, 10 Feb 2008 03:05
(IV�N): LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA EMPOBRECE
#82
Author: IVAN VALAREZO
Date: Sun, 10 Feb 2008 03:05
1065 lines
58010 bytes
S�bado, 09 de febrero, a�o 2008 de Nuestro Salvador 
Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoam�rica 


(Cartas del cielo son escritas por Iv�n Valarezo) 


LA JUSITCIA ENRIQUECE LA VIDA, PERO EL PECADO LA EMPOBRECE: 


La justicia engrandece a la naci�n "porque es el Esp�ritu del 
Se�or Jesucristo en su funci�n espiritual", pero el pecado es 
afrenta para sus pueblos y para la humanidad entera, tambi�n, 
"porque proviene directamente de Satan�s". La justicia es 
como el fruto del �rbol de la vida eterna, nuestro Se�or 
Jesucristo, "enriqueciendo siempre para bien": pero el pecado 
es como lo de siempre, el fruto prohibido "para no tocar ni 
menos comer de �l jam�s", para no desagradar a nuestro Padre 
Celestial, como Ad�n le desagrado amargamente su coraz�n 
santo en el d�a de su desobediencia. 

En verdad, la justicia es de Dios de medio a medio, como lo 
m�s precioso de su coraz�n sant�simo y, por tanto, "enriquece 
profundamente" el coraz�n, el esp�ritu, el alma y el cuerpo 
humano de todas las familias de las naciones de la tierra, y 
jam�s hace excepci�n alguna de ninguna persona o personas. 
Pero el pecado "es el mal de Satan�s", como lo m�s horrendo 
de la vida pecadora y rebelde a Dios y a su Ley Sant�sima, 
por el cual la humanidad entera jam�s ha deseado vivirlo para 
no sufrir pobreza alguna, desde los d�as del para�so y hasta 
nuestros tiempos, por ejemplo. 

Ciertamente, el pecado "es esa verg�enza sin valor 
espiritual" que Ad�n y Eva sintieron primero delante de la 
presencia de nuestro Dios y de su �rbol de vida, despu�s de 
haber comido del fruto del �rbol de la ciencia del bien y del 
mal, para mal de sus vidas celestiales y para mal eterno de 
muchos, a la vez. Y, desde entonces ac�, "la mancha del 
pecado habita en la sangre del pecador y de la pecadora", 
para s�lo conocer tinieblas tras tinieblas, de mentiras y de 
calumnias terribles, como el mismo coraz�n de Satan�s, por 
ejemplo, en la tierra y as� tambi�n en el m�s all�, como en 
el fuego eterno del infierno y del lago de fuego. 

Porque la verdad es que en el pecado, sea grande o peque�o, 
"no tiene luz alguna, ni menos bien alguno para nadie", en 
esta vida, ni menos en la venidera tampoco, eternamente y 
para siempre. Y esto es verdad para todo ser viviente del 
cielo, como los �ngeles ca�dos o como Ad�n y Eva del para�so 
y sus descendientes en todos los lugares de la tierra, para 
"s�lo conocer la vida de Satan�s y de su pecado original" y 
m�s no el Esp�ritu enriquecido y prospero del fruto de la 
vida de nuestro Salvador Jesucristo.  
Es por eso que "el hombre sufre todas clases de males de las 
enfermedades terribles de Satan�s y de sus �ngeles ca�dos", 
tambi�n, d�a a d�a en su vida por la tierra, y hasta que 
finalmente cae abatido y muere por sus muchos errores y por 
sus males terribles entre las llamas ardientes del fuego 
eterno del infierno. Y "el infierno no es como el para�so de 
Ad�n y Eva", en donde se puede comer libremente, como en la 
tierra de nuestros d�as, por ejemplo, de la palabra de vida 
de nuestro Padre Celestial y de su Esp�ritu Santo y de su 
Hijo amado, �el �rbol de la vida! 

El infierno es real e igual de candente como el Sol de 
nuestros cielos y de nuestro sistema solar, para devorar las 
almas pecadoras para siempre, "porque gusta mucho del sabor 
del fruto prohibido del �rbol de la ciencia del bien y del 
mal, en el pecador y en la pecadora de toda la tierra". Y el 
infierno es una masa gigante y destructiva del m�s all�, la 
cual nada ni nadie la podr� satisfacer jam�s "de tragar 
esp�ritus ca�dos del cielo y de almas perdidas y sin 
Jesucristo" en sus corazones; es m�s, y hasta a�n Satan�s y 
sus �ngeles ca�dos le temen formidablemente.

Entonces el que no come de Dios, ni del Esp�ritu de su 
palabra viva, ni de la sangre de su �rbol de vida eterna, 
pues simplemente "muere como todo rebelde y pecador del 
para�so o de la tierra", para no vivir m�s con Dios en el 
cielo, sino en otro lugar, como el infierno o el lago de 
fuego, por ejemplo. Porque el fin de todo pecado "es la 
muerte", en el para�so, en la tierra y as� tambi�n en el m�s 
all�: en donde el pecador espera por la muerte de su coraz�n 
y de su alma infinita, para "no volver a ver la luz del d�a 
jam�s", sino s�lo las hondas tinieblas de la muerte eterna. 

El infierno inhumano y fiero, en donde "no hay justicia", 
sino s�lo la injusticia tras injusticia interminable y 
terrible de los corazones rebeldes y pecadores, de los cuales 
vivieron sus vidas en la tierra siempre desafiando y 
menospreciando a Dios y al nombre sagrado de su Hijo amado, �
nuestro Se�or Jesucristo! Por lo tanto, en el infierno no hay 
justicia alguna, sino todo lo contrario, como de lo que seria 
haber comido y bebido del fruto del �rbol de la vida eterna, 
�nuestro Se�or Jesucristo!, en obediencia perfecta e infinita 
a nuestro Dios y a su Esp�ritu Santo, para que "s�lo as� 
entonces seamos parte eternal de la rectitud imperecedera del 
cielo".  

Es por eso que cuando la alma pecadora y sin Jesucristo en su 
coraz�n muere y desciende al infierno, entonces lo primero 
que siente en su esp�ritu y en su ser viviente "es una sed y 
hambre m�s all� de todo sentido humano en su coraz�n": por la 
justicia viva del fruto del �rbol de la vida, �nuestro 
Salvador Jesucristo! Y no la encontrara ya m�s, como en su 
frecuente caminar por la tierra, porque "su tiempo de creer 
en el Se�or Jesucristo en su coraz�n, como su �nico y 
suficiente salvador de su alma eterna ya termino en su vida", 
delante de Dios y de su Esp�ritu Santo para no regresar a su 
vida normal del para�so jam�s. 

Por lo tanto, lo �nico que le resta a esa alma sin Jesucristo 
en su coraz�n y entre los terribles lugares del infierno, "es 
esperar por su juicio final": en donde nuestro Padre 
Celestial decidir� su veredicto final para la eternidad 
venidera (de acuerdo a lo que est� escrito de �l o de ella, 
en los libros del cielo, por ejemplo). Porque en los libros 
de los cielos, todo lo que el hombre piense, haga, diga, 
sienta y, por lo tanto, viva en su coraz�n y en todo su ser 
viviente "est� escrito por los �ngeles del SE�OR", para ser 
le�dos por vez primera en el juicio final de nuestro Dios, 
para juzgar todas las cosas, grandes y peque�as. 

Para que de esta manera, "todo pecado" y, por ello, "toda 
injusticia sean llevados juntos a su justo juicio final" de 
nuestro Dios y de su Cordero Inmolado para su condena eterna, 
en el lago de fuego: en donde no volver�n a hacer de las 
suyas jam�s, como siempre, en la vida de todo ser viviente de 
la creaci�n de Dios. Y as� "nadie jam�s se habr� burlado de 
Dios y de su Jesucristo" ni el para�so, ni la tierra, ni 
menos en el m�s all�, como entre las llamas de la ira de Dios 
y de su Esp�ritu Santo en el infierno y en el lago de fuego 
(la muerte de la muerte, para que ya no haya m�s injusticia). 

En verdad, cuando el �ngel de la muerte muera, entonces 
"habr� acabo infinitamente la injusticia de todo pecado y de 
cada una de sus hondas tinieblas de Satan�s y de cada pecador 
y de cada pecadora" del para�so y de toda la tierra, tambi�n. 
Y s�lo entonces finalmente "el �ngel de la muerte tendr� que 
morir su muerte", como todo vil pecador, delante de Dios y de 
su Jesucristo: en la medida en que, fue el Se�or Jesucristo 
quien le manifest� a la muerte, por vez primera en su vida 
mesi�nica en Israel, por ejemplo, que morir�a por su poder y 
por su justicia. Y le dijo abiertamente y sin m�s pre�mbulos: 
"Muerte, yo soy tu muerte". 

Y "estas son palabras de gran temor para el �ngel de la 
muerte", las cuales no conoc�a a�n, ni le hab�an pasado por 
su mente jam�s, sino hasta que Dios se las revelo a �l, por 
medio de su Hijo amado, �nuestro Se�or Jesucristo! Y la raz�n 
porque nuestro Se�or Jesucristo puede destruir a la muerte 
eternamente, ser� porque no s�lo es el Hijo de Dios, sino 
porque "�l es la justicia fundamental del coraz�n de cada 
hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera", en la 
tierra y as� tambi�n en el juicio final de las cosas y para 
siempre en la eternidad. 

Por lo tanto, la justicia viviente de Dios en nuestros 
corazones, la cual siempre ha sido nuestro Se�or Jesucristo, 
pues "destruir� finalmente al �ngel de la muerte", en su 
lugar �nico y eterno del m�s all�, en el lago de fuego. Es 
decir, como cuando as� la muerte se agradaba en matar, 
destruir y de lanzar almas perdidas y sin Jesucristo en sus 
corazones al infierno, en los d�as de sus muertes: "pues, la 
justicia divina del cielo har� lo mismo con �l en su d�a 
final para suprema justicia final de nuestro Padre Celestial 
y de su humanidad entera". 

En verdad, la justicia real y verdadera de nuestro padre 
Celestial y de su Esp�ritu Santo, la cual existe en el 
coraz�n de cada una de las victimas de la muerte, lo entienda 
o no, lo matara a �l mismo, para destruirlo y lanzarlo al 
lago de fuego, para que guste de su propio mal eterno y 
entonces muera por fin. Ahora la justicia de nuestro Se�or 
Jesucristo sea que creamos en �l o no, en realidad esa misma 
justicia celestial, sagrada y bendita, la cual nuestro Padre 
Celestial le entrego a Ad�n y as� tambi�n a cada uno de sus 
descendientes, tambi�n, pues acabara para siempre con el mal 
del �ngel de la muerte: "lanz�ndolo al lago de fuego eterno". 

Y s�lo entonces ya nadie morir�, ni menos los animales de la 
tierra, ni los seres vivientes del m�s all�, tampoco, por 
ejemplo; pues la felicidad total del coraz�n de Dios ha 
llegado a cada uno de nosotros, por fin. Por ello, gracias a 
nuestro Se�or Jesucristo, por su grandeza y por su justicia 
infinita, entonces nosotros mismos, seamos pecadores o no, 
terminaremos con el �ngel de la muerte: "destruy�ndolo en su 
d�a final y lanz�ndolo al lago de fuego, para que no vuelva a 
afligir a ninguno de los seres creados por las manos de 
nuestro Dios: �el hombre"! 

Pues quiz�s t� no creas que has de destruir a la muerte en su 
ultimo d�a de vida, pero as� ha de ser, sea que creas o no en 
el Se�or Jesucristo en tu coraz�n, porque "esto es obra para 
justicia eterna de nuestro Dios, por medio de su �rbol de 
vida eterna del para�so y de toda la tierra". Porque es el 
mismo Esp�ritu de la justicia infinita y muy santa de nuestro 
Se�or Jesucristo, la cual le ha de dar gloria y honra a 
nuestro Padre Celestial que est� en los cielos: "en el d�a 
que elimine al �ngel de la muerte, junto con el pecado y con 
cada una de sus hondas tinieblas del coraz�n de Satan�s". 

Y s�lo as� entonces "la humanidad entera gozara su primer d�a 
de vida, de paz y de felicidad infinita y sin Satan�s en su 
derredor", para vivir por siempre y para siempre para nuestro 
Padre Celestial que est� en los cielos, �nicamente por medio 
del Esp�ritu de su fruto de su nueva vida infinita, �nuestro 
Salvador Jesucristo! Y este ha de ser nuestro primer d�a 
lleno de gozo, de gran altura e inmensurable de bendiciones, 
la cual "s�lo la puede impartir una vida humana pura y santa, 
como nuestro Jesucristo para nuestro Dios", en cada uno de 
nosotros, en nuestros millares, en el para�so y as� tambi�n 
en la tierra, sin el esp�ritu de injusticia de Satan�s, para 
siempre. 

Es por eso que toda naci�n que ama a su Dios y a su 
Jesucristo, verdaderamente, "es engrandecida por �ste gran 
Esp�ritu de justicia eterna", en los corazones y en las vidas 
de cada uno de sus ciudadanos, delante de nuestro Dios y de 
su Esp�ritu Santo, para que haya por siempre paz, gozo, 
felicidad y poder en sus d�as porvenir. Porque en el mundo en 
que vivimos necesitamos cada una de estas cosas maravillosas, 
gloriosas y hasta milagrosas de Dios y de su �rbol de vida y 
sobre todas las cosas poder, siempre mucho poder: "para poder 
entonces vivir una vida compatible y agradable a nuestro Dios 
y al �nico Esp�ritu Santo de su Ley Viviente". 

Y el pecado de cada naci�n finalmente ha de morir en el lago 
de fuego, despu�s del gran juicio final de nuestro Padre 
Celestial y de su Cordero Escogido, para que "la humanidad 
tenga su primer d�a lleno de gozo y de felicidad infinita por 
vez primera, sin la presencia terrible de Satan�s y de su 
�ngel de la muerte". Porque Satan�s y el �ngel de la muerte 
han de morir, "en el d�a que cada injusticia y cada pecado 
sea juzgado por nuestro Dios", de acuerdo a cada palabra y 
acci�n de Ad�n y de sus descendientes, en el para�so y en la 
tierra, para que por fin reine la justicia con libertad 
eterna sobre los pueblos de la tierra.

EL QUE NO HACE EL BIEN PECA Y VIVE EN OPOSICI�N DE JESUCRISTO

Por tanto, al que sabe hacer lo bueno y no lo hace, pues "eso 
le es contado por maldad, por pecado y por injusticia 
eterna", si no se arrepiente, cuanto antes mejor, del mal 
terrible de su coraz�n ciego por las tinieblas de su pecado 
original. Es decir, que cuando no hace lo que a�n sabe hacer 
en su vida, aquella persona para alcanzar el bien de otros, 
entonces "es como si hubiese cometido alg�n tipo de crimen 
delante de Dios y de su Jesucristo", por ende, le es contado 
como injusticia, como falta de equidad para ser castigado 
estrictamente por la palabra de la Ley Viviente. 

Porque nuestro Padre Celestial no le ha dado dones a los 
hombres y muchas otras habilidades especiales en sus vidas, 
para hacer el mal, sino "para trabajar y promover siempre el 
bienestar de los dem�s, comenzando con ellos mismos para ser 
el buen ejemplo a seguir de sus semejantes, por ejemplo". Y 
nuestro Dios desea que cada uno de nosotros descubramos 
nuestros dones y habilidades especiales en nuestras vidas, 
para "derrotar a cada una de las tinieblas del pecado y de la 
injusticia en la vida de muchos desdichados de la tierra" 
(como de los que a�n no conocen lo que es comer del �rbol de 
la vida en oraci�n, por ejemplo). 

En vista de que, todos los que hacen el mal siempre, "es 
porque no conocen en sus corazones al Hijo amado de Dios", 
nuestro Se�or Jesucristo: "como el Hijo de David para la 
nueva eternidad venidera de La Nueva Jerusal�n Santa y 
Gloriosa del cielo". Y esto es realmente para vivir desde ya, 
como si estuvi�ramos ya viviendo en el para�so o en la nueva 
Jerusal�n del cielo, para "alimentarnos d�a y noche s�lo en 
el esp�ritu de la verdad, de la justicia y del derecho de 
comer y de beber del �rbol de la vida eterna, nuestro �nico 
gran rey Mes�as posible", �nuestro Se�or Jesucristo! 

Y como las multitudes y sus pueblos eternos no conocen �sta 
gran verdad firme e imparcial del para�so en sus vidas, 
entonces "pecan y obran siempre d�a y noche para mal de sus 
vidas y para la injusticia de muchos, tambi�n, 
desdichadamente". Es por eso que sobreabunda en muchos 
lugares el pecado y la injusticia de aquellos que no han 
conocido jam�s en sus corazones: "la justicia divina de Dios 
y de su nueva vida venidera, �nuestro Se�or Jesucristo!, el 
�nico Santo del cielo y de la humanidad entera". 

Es decir, tambi�n, que mucha gente act�a mal y peca 
indiscriminadamente y, por tanto, hace muchas malas obras en 
sus vidas, porque no conocen al Se�or Jesucristo, como 
deber�an conocerle a �l, como "su �nico y suficiente salvador 
de sus vidas", �el fruto de vida eterna de nuestro Padre 
Celestial para sus almas hambrientas y sedientas por la 
justicia perpetua! Y el que come del Se�or Jesucristo d�a y 
noche en oraci�n, entonces "ya no vive para las tinieblas y 
su injusticia de siempre, como la injusticia destructora de 
pueblos del pasado, por ejemplo, sino que vive para la luz y 
para la verdad infinita de la nueva vida eterna de Dios y de 
sus �ngeles gloriosos, del nuevo reino celestial". 

Porque con el Se�or Jesucristo en los corazones de las 
multitudes de los pueblos de la tierra, entonces "ya no hay 
injusticia ni pecado alguno", tan s�lo desde el momento 
maravilloso, prodigioso y milagroso, como cuando comienzan a 
orar y a creer en sus corazones y a confesar con sus labios, 
por ejemplo, el nombre sagrado de nuestro Salvador 
Jesucristo. Por eso los que aman a nuestro Padre Celestial 
verdaderamente en sus corazones eternos, entonces "esto 
significa que nuestro Se�or Jesucristo ya no es desconocido 
en sus esp�ritus humanos", sino que vive para darles poder 
continuamente para caminar por siempre: "�nicamente en la 
verdad y en la justicia salvadora del para�so y del nuevo 
reino de los cielos, por ejemplo". 

Y, de esta manera, "ya no abunde la mentira, la calumnia, el 
pecado y la muerte del coraz�n de muchos", sino s�lo la 
verdad de Dios y la justicia infinita de su Hijo amado, 
nuestro �rbol de vida eterna, en la tierra y en el para�so, 
para siempre. Para que entonces as�: "�nicamente abunde mucho 
m�s la luz del �rbol de la vida, que las tinieblas de 
Satan�s", no s�lo en los corazones de las multitudes de los 
pueblos, sino tambi�n en los vastos espacios de la tierra; es 
decir, para que el mundo entonces "sea la luz del unig�nito y 
m�s no de las tinieblas de Satan�s". 

En otras palabras, cuando el pecado y la maldad abundan en 
algunos lugares de la tierra, "es porque Jesucristo no est� 
en sus corazones, sino Satan�s"; y, por ello, la gente sufre 
males terribles, "sin tener que sufrirlos jam�s realmente, 
por voluntad sagrada de nuestro Padre Celestial y de su 
Esp�ritu Santo, porque han sido declarados eternamente libres 
en su Jesucristo". Adem�s, cuando la gente por todos lados 
abunda en muchas buenas obras, entonces "esto significa que 
el Esp�ritu del nombre y de la sangre del �rbol de la vida, 
nuestro Se�or Jesucristo, est� en sus corazones y en sus 
vidas", para dar buenos frutos y en abundancia tambi�n, 
siempre para facilitar milagros, sanidades sobrenaturales y 
el bien eterno de muchos. 

Y, de esta manera �nica, entonces "la tierra ya no seria 
tinieblas por culpa del pecado y de la injusticia de Satan�s, 
sino luz, vida, alegr�a, fe y salud en abundancia", porque 
muchas gentes han de estar haciendo la voluntad de Dios, y 
esto es de creer e invocar el nombre de su Jesucristo 
constantemente, como en el para�so, por ejemplo. Por ello, 
fue que nuestro Padre Celestial llevo de la mano a Ad�n al 
pie del �rbol de la vida, "para que haya siempre luz de vida 
y de salud infinita en el para�so y m�s no tiniebla de ning�n 
mal de Satan�s", como las enfermedades del infierno y hasta 
la muerte del �ngel de la muerte, por ejemplo. 

Adem�s, nuestro Padre Celestial quer�a que Ad�n comiese y 
bebiese del �rbol de la vida eterna, cuanto antes mejor, 
"para que ninguna tiniebla de Satan�s nazca en el para�so", 
como sucedi� con los �ngeles ca�dos en el reino de los 
cielos, amenazando / amargando as� la paz y la gloria de toda 
una vida antigua y muy santa del cielo. Y los �ngeles ca�dos 
se perdieron con el pecado y las muchas tinieblas de Satan�s 
en sus corazones, "porque sabiendo hacer lo bueno no lo 
hicieron", como escapar de la maldad del enemigo numero uno 
de Dios en sus mismos corazones, por ejemplo: "con tan s�lo 
aceptar a Jesucristo en sus vidas antes que el mal del pecado 
rebelde de Satan�s". 

Y como los �ngeles ca�dos no hicieron el bien que sab�an 
perfectamente hacer, para derrotar a Satan�s y su plan 
diab�lico de transformar el reino celestial en un mundo de 
tinieblas, entonces "nuestro Padre Celestial los desecho de 
su presencia y no quiso perdonar sus pecados", aunque muchos 
lo buscaron de todo coraz�n y con grande llanto en sus 
esp�ritus celestes. Y a muchos de estos �ngeles ca�dos en la 
iniquidad y en el desde�o de sus tinieblas imperdonables, por 
ser muy poderosos en si, entonces "nuestro Padre Celestial 
los encadeno en calabozos terribles en los hondos abismos del 
infierno, para ser llevados a su juicio final muy pronto". 

Porque si Dios no los hubiese encadenado a estos �ngeles 
poderosos de gran maldad, entonces "la vida de la tierra 
fuera a�n mucho m�s terrible que los d�as de No�, por 
ejemplo": en donde el Esp�ritu de su palabra viva y del 
sacrificio eterno de su Hijo amado no hubiese sido posible 
predicar a las gentes, para perd�n de sus almas. Es por eso 
que nuestro Padre Celestial tiene a muchos de estos �ngeles 
ca�dos amarrados en el Abismo a�n, reservados para el d�a de 
su juicio final para ser juzgados: "por lo que pensaron, por 
lo que sintieron, por lo que dijeron con sus labios en contra 
de �l y de su �rbol de vida eterna, nuestro �nico Salvador 
Jesucristo". 

Y su acusaci�n celestial ser� entonces en aquel d�a: �Por qu� 
hicieron el mal de rebelarse en contra del �rbol de la vida, 
nuestro Se�or Jesucristo, conociendo en sus corazones que 
�nicamente �l es el Hijo de Dios, para gloria y honra 
infinita de su nombre sant�simo en el reino de los cielos y 
en la nueva era venidera, tambi�n? Y los �ngeles rebeldes "no 
tendr�n defensa alguna para justificar su mal proceder" ante 
Dios y ante su Esp�ritu Santo y su �rbol de vida eterna de 
todo ser viviente, nuestro Salvador Jesucristo; por lo tanto, 
en el d�a del juicio "no tendr�n perd�n alguno por sus 
pecados e injusticias", sino s�lo un lugar asegurado en el 
lago de fuego.  

Y, b�sicamente, "es la misma denuncia en contra de todo 
pecador y de toda pecadora de toda la tierra", los cuales 
estar�n en su d�a del juicio final delante de Dios y de su 
Cordero Escogido, para ser juzgados finalmente por su mal 
proceder en contra de �l y de su Jesucristo. Y nuestro Padre 
Celestial y su Esp�ritu Santo "no desean que estemos ah�, 
condenados juntos con los �ngeles ca�dos", en aquel d�a del 
juicio final, sino que "estemos con su Jesucristo de nuevo de 
regreso a la vida sant�sima del cielo y del para�so, s�lo por 
haber invocado con nuestros labios en oraci�n su nombre 
salvador y milagroso, �nuestro Se�or Jesucristo! 

Dado que, s�lo nuestro Se�or Jesucristo "tiene los poderes y 
autoridades sobrenaturales en el Esp�ritu de su sangre y de 
su nombre milagroso, para perdonarnos nuestras injusticias y 
pecados", para hacernos libres, limpios y llenarnos a la vez, 
infinitamente de su nueva vida eterna, la cual nuestro Dios 
ama de todo coraz�n desde siempre, para cada uno de nosotros. 
Y, adem�s, "escaparemos el mal del juicio final" de nuestro 
Padre Celestial y de su Esp�ritu Santo para todo pecador de 
toda la vida de la tierra, porque "nuestros nombres han de 
estar escritos en el libro de la vida" (el cual es el libro 
del Cordero Escogido de Dios, su Hijo amado y nuestro �nico 
Salvador del cielo, �Jesucristo!) 

En la medida en que, con la sangra santa y sumamente 
gloriosa, con la cual nos limpio y nos lavo de nuestros 
pecados y de nuestras injusticias, entonces "con ella misma 
habr� escrito nuestro Salvador Jesucristo nuestros nombres en 
el libro de su vida eterna, para vivir por siempre y para 
siempre, y m�s no para morir jam�s". Ciertamente, "viviremos 
una vida y una gloria que no nos merec�amos jam�s" por 
nuestras culpas, por nuestros pecados, por nuestras 
rebeliones e injusticias, delante de un Dios tan Santo y tan 
Bueno, como siempre lo ha sido nuestro Padre Celestial y su 
Hijo amado, �nuestro Se�or Jesucristo! 

Pero nuestro Padre Celestial nos ha dado su perd�n eterno en 
su unig�nito, su fruto de �rbol de vida eterna para todo 
�ngel del cielo y as� tambi�n para Ad�n y para cada uno de 
sus descendientes, porque "su Jesucristo nos ama 
abundantemente por justicia a su sangre, a pesar de nuestros 
pecados, de nuestras rebeliones y de nuestras injusticias, 
tambi�n". Y nos ama tanto nuestro Se�or Jesucristo, porque 
siendo el Hijo de Dios no escatimo jam�s ser mayor que el 
hombre de la tierra para venir a salvarlo: "derramando su 
sangre santa sobre los �rboles cruzados de Ad�n y Eva en la 
roca eterna, en las afueras de Jerusal�n, en Israel, para que 
hoy hagamos lo correcto en nuestros corazones". 

Y esto es "de dejarlo entrar en nuestras vidas con mucha 
confianza y con mucho gozo en nuestros corazones y esp�ritus 
humanos, para que siga haciendo todo lo bueno para nuestras 
vidas", en la tierra y para nuestras nuevas vidas eternales 
del cielo, igual, por y por siempre. Porque "solamente 
nuestro Se�or Jesucristo sabe hacer muy bien", c�mo nadie 
m�s, "s�lo todo lo que es bueno para cada uno de nosotros", 
en nuestros millares, de todas las razas, familias, pueblos, 
linajes, tribus y reinos de la tierra. 

Es decir, tambi�n, que como nuestro Se�or Jesucristo nadie 
sabe hacer lo bueno para con nosotros, ni a�n los �ngeles 
santos, "si no son guiados por �l y por su Esp�ritu Santo", 
en el para�so, en la tierra y as� tambi�n en La Nueva 
Jerusal�n Santa e Infinita del cielo, para el bien eterno de 
los que aman a Dios. Y cuando una persona puede hacer alg�n 
bien para �l mismo o para los dem�s, ser� porque nuestro 
Padre Celestial, por medio de su Esp�ritu Santo, "le est� 
dando dones y habilidades sobrenaturales, para que lo haga 
as� para �l y para su pr�jimo, para que las tinieblas mueran 
y la luz de la verdad de Jesucristo viva en nosotros 
siempre". 

Es por eso que nuestro Padre Celestial siempre se ha puesto 
en contra de todo aquel que sabe hacer lo bueno y no lo hace, 
porque "en su ignorancia est� realmente haciendo que el mal 
de muchas gentes inocentes abunde y sin control alguno, 
tambi�n", y as� vidas preciosas para su reino celestial sean 
afectadas y da�adas, como si nada. Y hay muchas gentes 
sufriendo alg�n mal en sus vidas, hoy en d�a, en muchos 
lugares de la tierra, porque "simplemente alguien no hizo lo 
correcto, lo justo, lo que sabe hacer con su coraz�n, con su 
mente y con sus manos", cuando tuvo la oportunidad de hacerlo 
as� para si mimo o para el bien de los dem�s, por ejemplo. 

Es decir, que las tinieblas de siempre van en aumento una 
tras otra, "para terminar de hacer de la tierra y de toda 
vida humana otro infierno de tinieblas eternas, como el del 
m�s all�", por ejemplo, para que no haya luz alguna en todos 
sus contornos, sino �nicamente muerte y destrucci�n total de 
todo lo creado por nuestro Padre Celestial. Y nuestro Dios no 
est� en el cielo "para ver a la tierra volverse en otro 
infierno injusto, como el mundo de los muertos, violento, 
destructivo y sin vida o gloria alguna", por ejemplo, sino en 
convertirla en un para�so terrenal para la satisfacci�n y la 
honra de su nombre santo y de su Hijo amado, �nuestro 
Salvador Jesucristo! 

Adem�s, nuestro Padre Celestial tiene todo el poder de vida y 
de justicia infinita para logarlo as� en toda la tierra, es 
decir, "si logra hacer que cada coraz�n del hombre, de la 
mujer, del ni�o y de la ni�a de la humanidad entera, 
comenzando con Ad�n, crea profundamente en su fruto de vida", 
su unig�nito y nuestro �nico Salvador Jesucristo. Porque ya 
sea en el para�so o en el reino celestial, todos sus seres 
creados hacen su perfecta voluntad en sus corazones, en sus 
mentes, en sus esp�ritus y en sus vidas celestes y normales 
de cada d�a del cielo, "para alcanzar a�n mayores glorias y 
honras que en el pasado, para nuestro Padre Celestial y para 
su Esp�ritu Santo". 

Y esto es no s�lo de creer en su �rbol de vida, sino de comer 
y de beber de �l, para bien de sus vidas y para el bien com�n 
de los dem�s, en todos los vastos espacios celestiales del 
reino, "para que nuestro Padre Celestial s�lo vea en todo su 
derredor verdad y justicia infinita de su Hijo Mes�as". Y lo 
mismo nuestro Padre Celestial desea ver en toda la tierra, 
pero ya. Nuestro Padre Celestial no quiere ver m�s tinieblas 
en el coraz�n de cada hombre, mujer, ni�o y ni�a de la 
humanidad, porque as� como se doli� de ver tinieblas en el 
coraz�n de Ad�n y de Eva, "as� pues, contigo, hoy en d�a, mi 
estimado hermano y mi estimada hermana".

En verdad, "nuestra tierra est� existiendo en d�as de 
gracia", como en d�as o tiempos extendidos por nuestro Padre 
Celestial para que todo pecador y para que toda pecadora se 
salve, igual como todos los dem�s que le aman a �l desde la 
antig�edad ac�, por medio de su fruto de vida eterna del 
para�so, �nuestro Se�or Jesucristo! Porque s�lo en creer con 
el coraz�n y confesar con los labios su nombre salvador, el 
de su unig�nito, "es que verdaderamente hay verdad y justicia 
infinita, para perd�n de pecados y para sanidad y salvaci�n 
inmortal para todo hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad 
entera". 

Puesto que, confiar siempre, como creer profundamente en 
nuestro Se�or Jesucristo, "es como comer y beber de sus manos 
santas, del fruto de la vida y del agua de la salud eterna" 
del cielo y de toda la tierra, tambi�n. Para que todo ser 
viviente de la tierra "entonces viva su vida sin Satan�s y 
muy feliz, tambi�n, como los �ngeles del cielo", aunque 
todav�a est� viviendo en la tierra, por ejemplo, pero 
infinitamente libre de todo mal del pecado y de sus muchas 
injusticia de Satan�s en su coraz�n y en su esp�ritu humano, 
esta vez. 

Por todo ello, nuestro Padre Celestial les ha provisto a cada 
uno de sus millares de �ngeles, arc�ngeles, serafines, 
querubines y dem�s seres muy santos del cielo: poderes y 
sabidur�as muy especiales "para hacer siempre todo lo que es 
bueno y para el bien com�n de sus semejantes, por siempre y 
para siempre, en el reino de los cielos". Pues as� tambi�n 
con todo hombre, mujer, ni�o y ni�a de las familias de las 
naciones de la tierra, "para que haya siempre luz en sus 
vidas y m�s no tinieblas", tinieblas que ciegan, como las 
tinieblas de siempre, que no s�lo destruyeron mucha vida 
angelical sino tambi�n a Ad�n y a muchos de sus 
descendientes, desde entonces ac�, por ejemplo. 

Ahora si t� mismo, mi estimado hermano y mi estimada hermana, 
"deseas encontrar tu habilidad muy especial de parte de 
nuestro Padre Celestial", la cual te la provey� a ti, en el 
d�a de tu formaci�n en sus manos santas en el reino de los 
cielos, pues necesitas a Jesucristo en tu vida, hoy m�s que 
nunca, para encontrarlas. Y cuando las encuentres te har�n 
muy feliz para hacer verdad y justicia para ti mismo en tu 
vida y en la vida de muchos tambi�n, aunque ellos no 
descubran nada a�n, "para que comiencen a desaparecer 
autom�ticamente muchas tinieblas sat�nicas", las cuales no 
deber�an estar entre nosotros, sino en su lugar las hondas 
profundidades del infierno, por ejemplo.

Porque s�lo nuestro Se�or Jesucristo te puede ense�ar "cuales 
son las habilidades de tu coraz�n y de toda tu vida, 
tambi�n", como con las que te ha provisto para que le sirvas 
a �l en su Esp�ritu Santo, en la tierra y as� tambi�n en el 
para�so, por siempre y para siempre, en la nueva eternidad 
venidera. Y esto es algo que t� muy bien puedes comenzar hoy 
mismo en tu coraz�n y en toda tu vida, tambi�n, "si tan s�lo 
le pides a nuestro Dios que te ense�e, que te manifieste con 
cuales habilidades de su Esp�ritu Santo te ha datado para 
servirle a �l, en la tierra, en el cielo y en la nueva 
eternidad celestial". 

Porque la verdad es que si t� encuentras las habilidades 
especiales que nuestro Dios te ha puesto en tu vida, y las 
pones a la obra de su servicio para bien de muchos, entonces 
"har�s que muchas tinieblas mueran al momento y, entonces, 
s�lo la luz de la verdad del �rbol de la vida aumente y 
prospere constantemente siempre". Porque toda tiniebla que 
est� actuando libremente por toda la tierra, "es porque 
alguien no hizo lo correcto en el pasado, cuando tuvo la 
oportunidad de hacerlo as�", as� pues, encendiendo el mal de 
muchos y el crecimiento del pecado y de sus tinieblas de 
injusticias, en los corazones de mucha gente totalmente 
inocente y ciega a la realidad de Satan�s.  

Pero si cada uno hace de su coraz�n lo correcto y con sus 
labios lo lleva a su obra final, entonces "las tinieblas 
dejaran de ser en muchos corazones de hombres, mujeres, ni�os 
y ni�as, para que la luz de Jesucristo brille en sus 
esp�ritus humanos mucho m�s que la brillantes del Sol y de 
las estrellas de la inmensidad". Porque "nuestro Padre 
Celestial es sumamente poderoso para hacer todas estas cosas 
y mucho m�s, tambi�n", con cada uno de nosotros de todas las 
familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la 
humanidad entera, para gloria y para honra eterna de su 
nombre muy santo, por ejemplo, en nuestras vidas de d�a a d�a 
por el mundo entero. 

Entonces el que recibe al Se�or Jesucristo en su coraz�n, 
como su �nica verdad y como su �nica justicia eterna, como 
Dios manda, "entonces ha empezado a destruir no s�lo en su 
vida sino en la de muchos, tambi�n, muchas tinieblas de 
maldad y de gran injusticia", en la tierra y as� mismo en el 
m�s all�, eternamente y para siempre. Y es por eso que t� 
eres muy importante para nuestro Dios, desde siempre; pues, 
tan importante eres para nuestro Dios "que dejo correr su 
sangre y toda su vida santa en su altar de tierra, para tocar 
tu coraz�n y tu esp�ritu humano con su verdad y con su 
justicia, para que tu s�lo conozcas la vida eterna, pero ya". 

NUESTRO DIOS SINTIO EL PECADO Y SU INJUSTICIA UNIVERSALMENTE

Ciertamente, nuestro Padre Celestial vio desde el cielo "que 
la inmoralidad del hombre era en extremo a�n m�s all� de lo 
tolerable por su Esp�ritu Santo" y, adem�s, que toda 
tendencia de los pensamientos de su coraz�n era en si de 
continuo s�lo de mal en peor, para con �l mismo y para con su 
pr�jimo en la tierra. Y nuestro Padre Celestial se comenz� a 
sentir tan mal y hasta que m�s no pudo su Esp�ritu, porque 
"jam�s hab�a sido llamada su atenci�n hacia tanta maldad del 
coraz�n, no tanto de los �ngeles ca�dos, sino del mismo 
hombre", (la obra perfecta de sus manos santas del cielo y la 
esperanza de nuevas glorias, para su nueva era venidera). 

Esto realmente movi� a nuestro Padre Celestial ha hacer algo 
por el hombre, cuanto antes mejor, "para que no se sigua 
perdiendo su vida, como en su mala manera de pensar y de 
vivir para con �l mismo y para con sus semejantes, por 
ejemplo". Entonces nuestro Dios vio que s�lo ten�a una manera 
de cambiar la vida del hombre, y esto era s�lo posible a 
trav�s de su misma muerte, es decir, "terminando con toda 
vida de carne pecadora, humana y animal, para empezar de 
nuevo una vez m�s --pero esta vez-con el Esp�ritu de justicia 
del descenso de su �rbol de vida al mundo". 

Como quien dice, comenzar todo desde el fondo hacia arriba 
una vez m�s, pero esta vez, "esperando que no haya 
complicaci�n de pecado para nadie, como en el principio del 
para�so o de la tierra con todo hombre que volvi� a alejarse 
cada vez m�s del fruto de su vida eterna, su Cordero 
Escogido, su Hijo Santo, por ejemplo". Y para hacer esta gran 
obra monumental, entonces "nuestro Dios tenia que hacer que 
la tierra sea llena de agua en vez de su Esp�ritu", para que 
toda vida humana y animal cese, cuanto antes mejor, para ya 
no sentir el peso y la presencia del pecado en su derredor en 
el cielo, y para posteriormente volver a rehacer al hombre. 

Pero esta vez, el hombre seria amoldado paso a paso de su 
vida con las mismas manos gloriosas de su Esp�ritu Santo, 
"para que reciba la gloria del cielo en su coraz�n, su Hijo 
amado", para que as� ya no conozca tanto el mal de las 
tinieblas, sino el bien de la luz viviente del �rbol de la 
vida eterna. Y s�lo as� el hombre podr�a realmente vivir 
mejor en la tierra y delante de la presencia sagrada de su 
Dios y Fundador de su nueva vida infinita, por medio de su 
Esp�ritu Santo, y posteriormente "amoldado a perfecci�n 
celestial esta vez tambi�n, por los poderes sobrenaturales 
del Esp�ritu de la sangre y del nombre glorioso de nuestro 
Se�or Jesucristo". 

Y nuestro Dios ten�a que hacer todo esto por el hombre, para 
que el pecado ya no sobreabunde sobre toda la faz de la 
tierra y suba hacia su presencia santa en el cielo, como 
siempre, "para que entonces el hombre encuentre su camino de 
vida y de salud infinita, por medio de su insustituible fruto 
de vida", �nuestro Salvador Jesucristo! Porque para el hombre 
no hay otra manera de reformar su coraz�n celestial y volver 
a la vida de sus primeros pasos en el para�so, con Dios y con 
sus �ngeles fieles a �l y a su gran verdad eterna, "si no es 
s�lo por la fe, de sus esp�ritus humanos por su �rbol de vida 
eterna", �nuestro Salvador Jesucristo! 

En efecto, esta era la �nica manera, como nuestro Padre 
Celestial realmente pod�a salvar al hombre de su estado 
espiritual, "el cual lo estaba llevando d�a a d�a hacia un 
caos total, de su vida en la tierra y en el m�s all� tambi�n 
y para siempre". S�, estos d�as sobre toda la tierra y con 
todo pecador delante de Dios, fue casi "como cuando Ad�n y 
Eva comieron por primera vez del fruto prohibido del �rbol de 
la ciencia del bien y del mal", y nuestro Dios tuvo que 
ponerle fin a sus vidas en el para�so, para salvarlos de un 
mal a�n peor que el primero. 

Y esto era "de que pod�an comer del fruto del �rbol de la 
vida eterna, pero esta vez con consecuencias a�n mayores y 
muy terribles para sus almas infinitas", despu�s de haber 
comido del fruto prohibido para entonces vivir para siempre 
en su pecado de rebeli�n y de desobediencia total a su Dios y 
a su Hijo amado, �nuestro Se�or Jesucristo! Asimismo, pues, 
fueron los d�as dif�ciles para nuestro Dios, cuando el pecado 
sobreabundaba sobre toda la faz de la tierra, "porque el 
pensamiento del coraz�n del hombre era de mal en peor para 
hacerse da�o a si mismo y as� tambi�n a su pr�jimo, sin tener 
temor alguno de las consecuencias terribles de sus malas 
palabras y de sus injustas acciones". 

Y nuestro Dios no iba a permitir que el pecado y la 
injusticia reinen por completo en la tierra para mal de la 
humanidad entera, "porque a�n su Hijo amado no hab�a nacido 
de la virgen de su siervo fiel, David, para ponerle fin al 
pecado y a su injusticia, y as� entonces redimir al hombre 
del lago de fuego". Pues entonces, Dios tuvo que hacer lo 
correcto, lo mismo que hizo con Ad�n y Eva en el para�so, 
pero esta vez era con sus hijos e hijas de �l, "pues a�n 
mucho m�s rebeldes que ellos mismos en contra de �l y de su 
�rbol de vida eterna, �nuestro Salvador Jesucristo!, para no 
comer de la vida eterna jam�s". 

En aquel entonces, la palabra del Se�or Jesucristo se le 
predicaba a todo ser viviente moral o no, para que se 
arrepientan de sus malas maneras de pensar en sus corazones y 
de vivir para con sus pr�jimos, "para que su vidas progresen 
hacia el bien y m�s no hacia el mal, como vemos en nuestro 
mundo de siempre, por ejemplo". Y "este no era, por cierto, 
un trato humano que nuestro Padre Celestial quer�a para su 
Hijo amado, cuando descendiese del cielo" para nacer de una 
de las hijas v�rgenes de su siervo David, por ejemplo, en la 
tierra escogida de Cana�n para su pueblo y para su humanidad 
entera. 

Pues entonces, nuestro Padre Celestial tuvo que hacer lo 
correcto, cuanto antes mejor, "para que el recibimiento de su 
Hijo amado en el mundo no sea tan hostil e injusto y as� su 
obra pudiese llevarse acabo, sin m�s complicaciones que 
antes", para evitar a�n males peores que los anteriores para 
su coraz�n santo y para toda la tierra, tambi�n. Aqu� es 
cuando nuestro Dios ve que todo era diferente con su siervo 
Noe. En su siervo fiel, nuestro Dios vio un mundo nuevo, 
"libre de las muchas injusticias de las naciones de aquellos 
d�as y de la propagaci�n del pecado, en los corazones de sus 
ciudadanos".

Pues "No� era un hombre que amaba a Dios y a su Cordero 
Escogido en su coraz�n", para que su sangre santa lo limpie 
del pecado cada d�a, para que finalmente alg�n d�a volver a 
vivir su vida normal en el para�so, comiendo no del fruto 
prohibido como Ad�n, por ejemplo, sino del fruto de la vida, 
�nuestro Se�or Jesucristo! En verdad, "No� era un predicador 
valiente, decidido, valeroso, justo y sin temor alguno del 
Se�or Jesucristo para las multitudes de la antig�edad 
rebeldes a Dios y a su Esp�ritu Santo". 

Para que cada uno de ellos recib�a a su �nico Salvador 
Celestial en su coraz�n, "como su �nico gran rey Mes�as de su 
vida, en la tierra y en el para�so, tambi�n, por siempre y 
para siempre". Y No� era un hombre fuerte y valeroso con la 
palabra del Se�or Jesucristo para darle gloria a nuestro 
Padre Celestial no s�lo por medio de su vida, sino tambi�n 
por medio de la vida de los dem�s, para que no se ahoguen en 
el diluvio que venia y desciendan perdidos, sin Jesucristo en 
sus corazones, al infierno eterno.

Ya que, "s�lo en nuestro Se�or Jesucristo no hay inmoralidad 
de pecado, ni de injusticia alguna", tampoco: es decir, que 
nuestro Se�or Jesucristo naci� santo y puro del vientre 
virgen de una mujer "para jam�s mentir, ni calumniar, ni 
falsar la verdad en contra de nadie, ni aun del mismo diablo, 
por ejemplo". Porque nuestro Se�or Jesucristo jam�s le 
minti�, ni falseo su verdad con ning�n pecador, ni con 
ninguna pecadora en el para�so, ni en la tierra, ni menos con 
Satan�s de siempre del mundo de las tinieblas y de los 
muertos, por ejemplo, del m�s all�. 

Es por eso que nuestro Padre Celestial amo y cuido mucho a 
No� y a su familia tambi�n, "para salvar al remanente de la 
humanidad y de los animales de toda la tierra", de la 
injusticia del pecado de los pecadores viles y sin amor al 
Se�or Jesucristo en sus corazones de aquellos d�as, por 
ejemplo. Y No� fue el hombre junto con su familia, el cual 
nuestro Padre Celestial escogi� de toda una antig�edad 
humillante y rebelde a �l y a su palabra viva: "porque No� 
amaba en su coraz�n la venida del gran rey Mes�as de todos 
los tiempos, el Hijo de David, Cristo Jes�s, Se�or nuestro, 
en el para�so y en la tierra infinitamente".

Pues entonces, Dios le dijo a No� que escogiera dos parejas 
de machos y hembras de todos los animales, para que sean 
salvos del diluvio venidero y entrasen en el arca que habr�a 
de construir, "para �l salvarse con su familia de la ira 
venidera, por culpa de la injusticia de las naciones y de la 
inmoralidad espiritual del hombre ofensor". Y No� le crey� a 
su Dios, porque hizo todo lo que le ordeno hacer palabra por 
palabra y hasta que todo se cumpli�, "para gloria de Dios y 
para salvaci�n de su vida y de la vida de muchos tambi�n, de 
aquellos d�as tan cortos de luces y, juntamente, cruciales 
para la humanidad entera". 

Y s�lo as� nuestro Padre Celestial podr�a asegurar la venida 
de su Hijo amado a la tierra, "para brindar verdad y justicia 
infinita a todo aquel que cree en su Creador", s�lo por medio 
del Esp�ritu de su amor, palabra y nombre santo y sumamente 
milagroso, para el bien del coraz�n y de la vida de todo 
hombre, �nuestro Jesucristo! Es por eso que, hoy en d�a, mi 
estimado hermano y mi estimada hermana, vives en un ambiente 
mucho mejor de los d�as de No�, "para respirar libertad de 
conocer a Dios, �nicamente por medio de su fruto de vida 
eterna", �nuestro Salvador Jesucristo! 

Para que entonces nuestro Padre Celestial vuelva a ver, en el 
pensamiento del coraz�n del hombre: "s�lo verdad, justicia y 
santidad del Esp�ritu de su �rbol de vida, su Hijo Mes�as y 
nuestro �nico salvador posible para nuestras almas 
vivientes", en la tierra y as� tambi�n de regreso al cielo, 
al para�so de la antig�edad de nuestros antepasados, Ad�n y 
Eva. Y s�lo de esta manera, nuestro Padre Celestial no se 
volver� a doler en su coraz�n, por haberte creado a ti, sino 
que "ser� lleno su coraz�n sant�simo, como el lugar de 
nuestro ideal nacimiento, repleto de s�lo amor, verdad, 
justicia, honra y nuevas santidades jam�s alcanzadas ni a�n 
por los �ngeles, para exaltaci�n y adoraci�n de su nombre 
santo y recto". 

Porque nuestro Padre Celestial ama lo m�s grande de nuestros 
corazones y de nuestras almas infinitas, "la verdad de su 
Jesucristo palpitando verdad, justicia y sobre todo vida y 
salud en abundancia para enriquecernos a cada uno de 
nosotros", de todas las familias, pueblos y reinos de la 
tierra, para empezar ya su nueva vida infinita de su Gran 
Jerusal�n Colosal. Y Dios desea que t� est�s con �l y con tu 
familia muy amada, tambi�n, "para gozar con �l por siempre y 
para siempre en la justicia y en la verdad de su fruto de 
vida eterna, nuestro �nico gran rey Mes�as y Salvador de la 
humanidad entera", �nuestro �nico Jesucristo de La Gran 
Jerusal�n Encantadora, la nueva alegr�a del cielo!

El amor (Esp�ritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su 
Jesucristo es contigo.


�Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


D�gale al Se�or, nuestro Padre Celestial, de todo coraz�n, en 
el nombre del Se�or Jesucristo: Nuestras almas te aman, 
Se�or. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras 
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y 
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, tambi�n, para 
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, 
nuestro Se�or Jesucristo.

LOS �DOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los �dolos han sido desde siempre: un tropiezo 
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo 
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, 
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su 
Esp�ritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en 
�sta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quiz� que 
el fin de todos los males de los �dolos termine, cuando 
llegues al fin de tus d�as. Pero esto no es verdad. Los 
�dolos con sus esp�ritus inmundos te seguir�n atormentando 
d�a y noche entre las llamas ardientes del fuego del 
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. 
En verdad, el fin de todos estos males est� aqu� contigo, en 
el d�a de hoy. Y �ste es el Se�or Jesucristo. Cree en �l, en 
esp�ritu y en verdad. Usando siempre tu fe en �l, escaparas 
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la 
presencia terrible de los �dolos y de sus huestes de 
esp�ritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de 
los tuyos tambi�n, para la eternidad del nuevo reino de Dios. 
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de d�a en d�a 
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de 
sus �ngeles santos. Y t� con los tuyos, mi estimado hermano, 
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar 
cada letra, cada palabra, cada oraci�n, cada tilde, cada 
categor�a de bendici�n terrenal y celestial, cada honor, cada 
dignidad, cada se�or�o, cada majestad, cada poder, cada 
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus 
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del d�a de hoy y de 
la tierra santa del m�s all�, tambi�n, en el reino de Dios y 
de su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo!, �El Todopoderoso de 
Israel y de las naciones!

S�LO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la �nica ley santa de Dios y del Se�or Jesucristo en 
tu coraz�n, para bendecirte, para darte vida y vida en 
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha 
venido diciendo as�, desde los d�as de la antig�edad, desde 
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendr�s otros dioses delante de m�". 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te har�s imagen, ni ninguna semejanza 
de lo que est� arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni 
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinar�s ante ellas 
ni les rendir�s culto, porque yo soy Jehov� tu Dios, un Dios 
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, 
sobre la tercera y sobre la cuarta generaci�n de los que me 
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a 
los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomar�s en vano el nombre de Jehov� 
tu Dios, porque �l no dar� por inocente al que tome su nombre 
en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acu�rdate del d�a del s�bado para 
santificarlo. Seis d�as trabajar�s y har�s toda tu obra, pero 
el s�ptimo d�a ser� s�bado para Jehov� tu Dios. No har�s en 
ese d�a obra alguna, ni t�, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu 
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que est� 
dentro de tus puertas. Porque en seis d�as Jehov� hizo los 
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y 
repos� en el s�ptimo d�a. Por eso Jehov� bendijo el d�a del 
s�bado y lo santific�". 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que 
tus d�as se prolonguen sobre la tierra que Jehov� tu Dios te 
da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometer�s homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometer�s adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robar�s". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No dar�s falso testimonio en contra de 
tu pr�jimo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciar�s la casa de tu pr�jimo; no 
codiciar�s la mujer de tu pr�jimo, ni su siervo, ni su 
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu 
pr�jimo". 

Entr�gale tu atenci�n al Esp�ritu de Dios y deshazte de todos 
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno 
de los tuyos, tambi�n. Hazlo as� y sin mas demora alguna, por 
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los 
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus 
�dolos y de sus im�genes de talla, aunque t� no lo veas as�, 
en �sta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, 
tambi�n. Y t� tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de 
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde 
los d�as de la antig�edad, para seguir destruyendo sus vidas, 
en el d�a de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos 
males en sus vidas, sino que s�lo �l desea ver vida y vida en 
abundancia, en cada naci�n y en cada una de sus muchas 
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Se�or 
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y 
digamos juntos la siguiente oraci�n de Jesucristo delante de 
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y 
salvador de todas nuestras almas: 

ORACI�N DEL PERD�N

Padre nuestro que est�s en los cielos: santificada sea la 
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo 
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el 
cielo as� tambi�n en la tierra. El pan nuestro de cada d�a, 
d�noslo hoy. Perd�nanos nuestras deudas, como tambi�n 
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en 
tentaci�n, mas l�branos del mal. Porque tuyo es el reino, el 
poder y la gloria por todos los siglos. Am�n. 

Porque si perdon�is a los hombres sus ofensas, vuestro Padre 
Celestial tambi�n os perdonar� a vosotros. Pero si no 
perdon�is a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonar� 
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Se�or Jes�s dijo, "Yo soy el CAMINO, y la 
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, 
sino es POR M�". Juan 14:

NADIE M�S TE PUEDE SALVAR.

�CONF�A EN JES�S HOY! 

MA�ANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MA�ANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA 
TI Y LOS TUYOS, EN EL D�A DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de 
�ste MUNDO y su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepi�ntete):

Cree que Jesucristo muri� por ti, fue sepultado y resucito al 
tercer d�a por el Poder Sagrado del Esp�ritu Santo y deja que 
entr� en tu vida y sea tu �NICO SALVADOR Y SE�OR EN TU VIDA.

QUIZ� TE PREGUNTES HOY: �QUE ORAR? O �C�MO ORAR? O �QU� 
DECIRLE AL SE�OR SANTO EN ORACI�N? -HAS LO SIGUIENTE, y di: 
Dios m�o, soy un pecador y necesito tu perd�n. Creo que 
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi 
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a 
venir a mi coraz�n y a mi vida, como mi SALVADOR.

�Aceptaste a Jes�s, como tu Salvador?  �S� _____?  O �No 
_____?

�Fecha? �S� ____?  O �No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de 
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada d�a para conocer mejor a Cristo. Habla con 
Dios, orando todos los d�as en el nombre de JES�S. Baut�zate 
en AGUA y en El ESP�RITU SANTO DE DIOS, adora, re�nete y 
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es 
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de 
Cristo a los dem�s.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros 
cristianos que los hermanos Pentecost�s o pastores del 
evangelio de Jes�s te recomienden leer y te ayuden a entender 
m�s de Jes�s y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros 
cristianos est�n disponibles en gran cantidad en diferentes 
temas, en tu librer�a cristiana inmediata a tu barrio, 
entonces visita a las librer�as cristianas con frecuencia, 
para ver que clase de libros est�n a tu disposici�n, para que 
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer m� libro que he escrito para ti, 
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su 
Hijo amado y as� comiences a crecer en �l, desde el d�a de 
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la 
paz de Jerusal�n d�a a d�a y sin cesar, en nuestras 
oraciones. Porque �sta es la tierra, desde donde Dios lanzo 
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras 
bendiciones y salvaci�n eterna de nuestras almas vivientes. Y 
nos dice Dios mismo, en su Esp�ritu Eterno: "Vivan tranquilos 
los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y 
tranquilidad en tus palacios, Jerusal�n". Por causa de mis 
hermanos y de mis amigos, dir� yo: "Haya paz en ti, siempre 
Jerusal�n". Por causa de la casa de Jehov� nuestro Dios, en 
el cielo y en la tierra: implorar� por tu bien, por siempre. 

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el 
Esp�ritu de Dios a toda la humanidad, dici�ndole y 
asegur�ndole: - Qu� todo lo que respira, alabe el nombre de 
Jehov� de los Ej�rcitos, �el Todopoderoso! Y esto es, de toda 
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo 
coraz�n, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y 
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, 
como antes y como siempre, para la eternidad.


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