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1 total messages Started by IVAN VALAREZO Sun, 20 Jan 2008 23:57
(IV�N): EL FIN DEL PECADO ES MUERTE
#27
Author: IVAN VALAREZO
Date: Sun, 20 Jan 2008 23:57
781 lines
41632 bytes
 
S�bado, 19 de enero, a�o 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo, 
Guayaquil, Ecuador - Iberoam�rica 


(Cartas del cielo son escritas por Iv�n Valarezo) 



EL FIN DEL PECADO ES MUERTE:


Con nuestro Padre Celestial "el fin del pecado es muerte" 
para el pecador y para la pecadora de toda la tierra, 
asimismo como lo fue para Ad�n y Eva en el para�so: "por 
tanto, su dadiva divina es la misma de siempre en nuestro 
Se�or Jesucristo y �nico �rbol de vida eterna, en la tierra y 
en el cielo". En buena l�gica, con Ad�n y Eva "estamos 
totalmente muertos para la vida eterna del cielo" y as� 
tambi�n de la tierra de nuestros d�as y de La Nueva Jerusal�n 
Santa y Gloriosa del nuevo reino de Dios. 

A pesar de todo, delante de nuestro Padre Celestial "no 
estamos muertos todav�a, como sin esperanza de salud y de 
salvaci�n infinita", porque hemos salido de �l y de su Hijo 
amado, su �nico �rbol de vida eterna, �nuestro Salvador 
Jesucristo! En verdad, "somos hijos leg�timos de Dios por 
nuestra primera naturaleza celestial", por lo tanto, "tenemos 
la semilla de nuestra vida infinita viva a�n", a pesar de los 
males terribles que hemos vivido desde el para�so y hasta 
nuestros d�as, por ejemplo, no s�lo delante nuestro Padre 
Celestial sino tambi�n delante de su Hijo amado y de su 
Esp�ritu Santo. 

Es decir, que nuestro Padre Celestial "siente mucho amor por 
cada uno de nosotros por esa vida gloriosa que salio de �l 
hacia cada uno de nosotros" y, adem�s, porque verdaderamente 
hemos salido de su seno, como de su propio coraz�n, como de 
su propio esp�ritu y como de su propia vida infinita y muy 
antigua del cielo, por cierto. En realidad, "nuestra creaci�n 
se remonta a millares de siglos en la antig�edad en el 
coraz�n de nuestro Padre Celestial", para posteriormente 
amoldarnos espiritualmente con cada alabanza de gloria y de 
honra de sus �ngeles santos del cielo, por ejemplo, para 
vivir infinitamente su nueva vida celestial, del nuevo reino 
venidero. 

Por ese motivo, cada vez que los �ngeles del cielo alababan y 
honraban gloriosamente a su nombre muy santo, delante de su 
presencia inmortal y de su �rbol de vida eterna, tambi�n, 
entonces "en su coraz�n sagrado nuestro Padre Celestial nos 
formaba en el Esp�ritu de su perfecci�n y amor para su nueva 
vida eternal". En consecuencia, "cada uno de nosotros estaba 
naciendo en su imagen y conforme a su semejanza celestial" 
para llegar a ser su hijo legitimo o su hija legitima, en un 
d�a como hoy, por ejemplo: "s� tan s�lo invocamos su nombre 
sagrado y salvador de su Hijo amado con nuestros labios". 

Por eso, cada uno de nosotros, en nuestros millares, 
comenzando con Ad�n y Eva en el para�so, de all� en adelante, 
"a�n tenemos esperanza de vida y de salud infinita en nuestro 
Creador Celestial, si tan s�lo regresamos a �l, en un momento 
de oraci�n y de fe, por medio de su fruto de vida eterna", �
nuestro Se�or Jesucristo! Y tenemos que regresar a nuestro 
Padre Celestial "�nicamente por medio de su Hijo amado", 
porque sin �l en nuestros corazones y en nuestras almas 
infinitas, entonces no somos los seres santos, (los cuales 
creo en su coraz�n y luego los amoldo con sus manos sagradas 
para vivir su nueva vida inmortal, en su imagen y conforme a 
su semejanza celestial). 

Adem�s, esta nueva vida inmortal, por la cual nuestro Padre 
Celestial siempre ha buscado desde tiempos inmemoriales, 
desde el cielo y desde su trono muy santo, por ejemplo, "s�lo 
es posible o existe en su �rbol de vida eterna, su Hijo 
amado", �nuestro Se�or Jesucristo! Porque "si comes y bebes 
del �rbol de la vida eterna, ya sea en el para�so o en la 
tierra, para nuestro Padre Celestial es lo mismo", como ni 
m�s ni menos, por ejemplo, para llenarte de bendiciones y de 
vida saludable, como de la nueva vida infinita de su Nueva 
Jerusal�n Santa y Perfecta del cielo. 

Pues entonces, "el pecado muere en ti", como en tu coraz�n, 
en tu esp�ritu, en tu alma, en tu cuerpo y en toda tu vida 
tambi�n, "dado que, el Esp�ritu de Jesucristo vive en ti para 
Dios y para su nueva eternidad venidera de su nuevo reino 
celestial", en la tierra y en el cielo, tambi�n, para 
siempre. Verdaderamente, "el pecado habr� llegado a su fin 
eterno antes de tiempo en los d�as de tu vida", como hoy, 
para que muera el pecado y no t�, y as� sigas viviendo 
infinitamente en la tierra y en el para�so, tambi�n, pero 
continuamente al pie del �rbol de vida, como debi� de ser 
siempre, como desde tus primeros d�as de vida. 

Para que as� entonces conozcas la dadiva eterna de nuestro 
Padre Celestial, la cual s�lo es posible en nuestros 
corazones, en nuestros esp�ritus humanos, en nuestras nuevas 
vidas infinitas del cielo, "si tan s�lo creemos en su Hijo 
amado, como nuestro �rbol de vida eterna y como nuestro �nico 
salvador posible de nuestras almas infinitas", para la nueva 
eternidad celestial. De otra manera, "vivimos totalmente 
ciegos e infinitamente perdidos en las primeras tinieblas de 
Satan�s, las cuales entraron en el coraz�n de Eva y luego en 
el coraz�n de Ad�n", para que entonces "nosotros las 
recibamos como herencia eterna", en nuestros corazones, en 
nuestros esp�ritus, cuerpos y vidas humanas, tambi�n, por 
ejemplo, para "siempre morir y jam�s ser felices". 

Y as� "no conocer jam�s a nuestro Padre Celestial ni menos a 
su Hijo amado, nuestro Se�or Jesucristo, como nuestro �nico 
fruto de vida y de salud eterna", en esta vida y en la 
venidera, tambi�n, para siempre. Y "esto es muerte eterna 
para cualquier hombre, mujer, ni�o y ni�a de todas las 
naciones de la tierra, como de los que no tienen a�n viviendo 
en sus corazones al Se�or Jesucristo", como su �nico y 
suficiente salvador de sus vidas, para no ver, ni menos 
conocer, las tinieblas de nuestros antepasados del para�so, 
sino todo lo contrario. 

Y esto es, hoy en d�a, como en la antig�edad, como en el 
para�so y as� tambi�n como en la tierra, de nuestros d�as y 
de siempre, "de s�lo conocer la �nica y verdadera luz de 
nuestro �rbol de vida eterna", �nuestro Se�or Jesucristo!, 
(la cual nos da vida en abundancia en esta vida y en la 
venidera tambi�n, para siempre). Para que as� entonces 
"podamos ver no solamente nuestra primera luz humana, libre 
de las tinieblas de Satan�s, sino tambi�n la luz infinita de 
nuestro Padre Celestial y de su �rbol de vida eterna", 
nuestro Se�or Jesucristo, (el cual siempre est� rodeado del 
Esp�ritu Santo de Dios y de sus huestes de �ngeles gloriosos 
e infinitamente fieles a �l). 

Porque estos �ngeles del cielo y as� tambi�n nuestro Esp�ritu 
Santo de Dios, pues, d�a a d�a y sin parar "acompa�an a 
nuestro Salvador Jesucristo en el cielo, en la tierra y por 
siempre en la nueva eternidad celestial", para por siempre 
bendecir toda vida humana, ya que, s�lo de �l renace nuestra 
vida humana. Es decir, tambi�n, que estos son los �ngeles que 
no solamente sirven a nuestro Dios diariamente con alabanzas 
de gloria y de honra a su nombre sant�simo, sino que adem�s 
"son los que sirven a nuestro Se�or Jesucristo para hacer su 
voluntad perfecta de bendecir a sus siervos y siervas, como 
de los que heredaran la salvaci�n eterna". 

Es m�s, "estos son los �ngeles fieles, los cuales siempre han 
luchado batallas antiguas en contra de Satan�s y de sus 
huestes de �ngeles perdidos para redimir a los que creer�an 
en Jesucristo" en sus corazones y confesar�an con sus labios 
su nombre santo y salvador de sus almas infinitas, en la 
tierra y para siempre en la nueva eternidad celestial. Y los 
�ngeles del cielo pelean por Dios y por los que aman a 
nuestro Se�or Jesucristo, "porque ellos son las glorias y las 
alabanzas antiguas por las cuales siempre han honrado y 
exaltado a nuestro Padre Celestial y a su nombre muy santo, 
para que seamos nosotros libres en un d�a como hoy, del fin 
del pecado", �la muerte eterna! 

Adem�s, estos corazones humanos, por los cuales los �ngeles 
siempre han luchado sin parar delante de Dios y de su �rbol 
de vida existen, y "uno de ellos eres t� mismo", mi estimado 
hermano y mis estimada hermana, desde los primeros d�as de la 
antig�edad y hasta nuestros d�as, "para amar a tu Dios por 
amor a su Jesucristo lealmente". Como en esta misma hora, 
Satan�s con sus profundas tinieblas perdidamente agarradas de 
tu coraz�n y de tu esp�ritu humano, como desde los primeros 
d�as del para�so, "lucha insaciablemente por no dejarte 
despertar a la luz de la vida eterna", (la �nica luz de la 
verdad y de la justicia infinita de Dios y de su Esp�ritu 
Santo, �nuestro Salvador Jesucristo!)

Porque Satan�s sabe muy bien "que si t� despiertas a la luz 
del �rbol de la vida eterna, nuestro Se�or Jesucristo, 
entonces nadie jam�s podr� volverte a enga�ar con ninguna de 
sus mentiras de siempre", como con las mentiras con que 
enga�o a Ad�n y a Eva en el para�so para que pierdan sus 
vidas eternas, en su pecado original. Es por eso, que nuestro 
Padre Celestial anhela d�a y noche tenerte delante de su 
presencia, "creyendo siempre en �l, por medio de su Hijo 
amado", nuestro Se�or Jesucristo, "para que el fruto de su 
vida eterna sea entonces una realidad total en tu vida y as� 
tambi�n en la vida de cada uno de los tuyos tambi�n y para 
siempre". 

Porque nuestro Padre Celestial desea verte libre de los males 
del pecado y de su esp�ritu de inmoralidad eterna, no s�lo en 
ti sino tambi�n en los hombres, mujeres, ni�os y ni�as de la 
humanidad entera, "para que la gloria de su nueva vida 
infinita y de su nuevo reino celestial, entonces sea 
infinitamente abundante en todos sus seres muy amados". 
Porque la nueva vida eterna de su nueva Jerusal�n Santa y 
Perfecta del cielo "tiene que ser llena en gran medida 
espiritual de la gloria y de la honra infinita de tu 
coraz�n", lleno perpetuamente del Esp�ritu de alabanza y de 
servicio santo a tu Dios y Fundador de tu nueva vida eterna, 
�el Todopoderoso de Israel y de las naciones! 

Por ello, todo aquel que reh�sa creer en su coraz�n y as� 
confesar con sus labios que el Se�or Jesucristo es su Hijo 
amado, entonces ama el fin del pecado: �la muerte eterna!; 
porque no ha cre�do a Dios y a su �nica salvaci�n posible en 
el para�so, en la tierra y en la nueva eternidad venidera, �
nuestro Salvador Jesucristo! Y nuestro Padre Celestial desea 
cambiar tu rumbo de vida pecadora y muerta por el poder del 
pecado, la maldad, la calumnia, la falsedad y la mentira 
eterna, antes hoy que ma�ana, "para que tu nombre sea escrito 
en el libro de la vida, de su �rbol de vida eterna del 
para�so", �nuestro Salvador Jesucristo! 

Y as� ya no mueras jam�s en todos los d�as de tu vida en la 
tierra, sino que "vivas para siempre feliz con tu Dios y con 
sus huestes de �ngeles gloriosos de su nueva vida infinita y 
de su nuevo reino celestial", como La Nueva Jerusal�n Santa y 
Perfecta del cielo, por ejemplo. Ciertamente, "las puertas 
del cielo est�n abiertas hoy por ti, como lo estuvo para 
muchos en el para�so y as� tambi�n desde los primeros d�as de 
vida de la tierra, para los que aman a Dios por medio de su 
Cordero Escogido", y as� ya no tengan una cita con el fin del 
pecado, sino una cita garantizada con la vida eterna.

PENSAR EN EL MAL ES PENSAR EN LAS TINIEBLAS DE SATAN�S

Es decir, que la baja pasi�n en el hombre o en la mujer de la 
tierra, cuando no conoce al Se�or Jesucristo en su coraz�n, 
entonces "est� expuesta su vida a los males escondidos y 
terribles del esp�ritu de error y de gran maldad de Satan�s, 
para comenzar a degradar su vida y hasta la muerte, tambi�n, 
en la tierra". Por ello, despu�s de haber concebido el 
esp�ritu de error en su coraz�n perdido y por cualquier raz�n 
lo lleva acabo, entonces "da a luz a la inmoralidad"; y esta 
obscenidad, una vez llevada a cabo en su vida, 
"inmediatamente engendra tinieblas tras tinieblas para 
descender poco a poco y desde ya al fuego eterno del 
infierno, en el m�s all�". 

Y esto sucede gradualmente en la vida del infractor de la Ley 
de Dios en la tierra para morir en el m�s all�, como en su 
segunda muerte eterna, por ejemplo, "aunque est� viviendo a�n 
con toda su vida en su alma y en su cuerpo humano", en 
cualquier lugar del para�so o de la tierra. Entonces "la 
gente en su mayor�a sufre males terriblemente y hasta casi 
inconcebibles en el coraz�n" de cualquier hombre por m�s vil 
que sea su vida, "porque el estado espiritual de aquella 
persona o personas no est� al nivel normal de la vida humana 
en la tierra, sino del mismo nivel bajo" del bajo mundo de 
los muertos y del infierno. 

Es por eso, que "al pecador se le hace muy f�cil pensar en el 
mal de su vida y en la de otros tambi�n para causar, en su 
momento dado: s�lo da�o, destrucci�n y hasta si fuese posible 
la muerte", del mismo modo. Porque "el fin del pecado siempre 
es la muerte eterna" en el coraz�n y en el alma viviente de 
cualquier pecador o de cualquier pecadora de toda la tierra, 
sin hacer excepci�n de persona alguna jam�s. 

Es decir, que �sta persona o personas "va en su descenso de 
seguro al bajo mundo de Satan�s para vivir su vida cruel, 
dolorosa, pobre, enferma, violenta, tormentosa y mortal por 
razones del pecado, aunque �ste viviendo a�n su vida normal 
en la tierra", como cualquier otra persona com�n y corriente, 
por ejemplo. De hecho, "�ste es el estado espiritual 
sumamente lejos de las ricas bendiciones de Dios y de su 
�rbol de vida eterna" de aquella persona o personas, de 
aquella familia o familias, de aquel pueblo o pueblos de la 
tierra, por ejemplo, "para mal y degradaci�n gradual y 
constante de sus vidas y de muchos m�s, tambi�n". 

Y s�lo cuando el coraz�n, el esp�ritu, el alma y el cuerpo de 
cualquier hombre, mujer, ni�o o ni�a de la humanidad entera, 
"est� a mucha distancia del �rbol de la vida eterna, nuestro 
Salvador Jesucristo, entonces es que verdaderamente llega su 
vida a su fin eterno, la muerte". "Seria como la Tierra sin 
su Sol en su sistema solar", por ejemplo, para no recibir m�s 
de la luz de sus rayos solares d�a y noche para sostener toda 
vida humana, vegetal y animal, tambi�n, como es normal. 

Pues as� es la vida de todo hombre, mujer, ni�o y ni�a de la 
humanidad entera, "sin la presencia del Esp�ritu del �rbol de 
la vida en su coraz�n, en su esp�ritu, alma y cuerpo humano, 
entonces estar�a tan lejos de su fuente de vida que morir�a 
sin duda alguna", como los que mueren d�a y noche en el 
infierno. Es decir, tambi�n, que cada vez que el pecador o la 
pecadora piensa en su maldad para llevarla acabo en su vida o 
en la vida de cualquier otra persona, entonces "es el 
esp�ritu de error el cual est� obrando en su coraz�n, para 
comenzar a destruir a como de lugar su vida humana, 
alej�ndola as� m�s de Dios". 

Porque es el mismo esp�ritu de error de Satan�s, el cual 
actu� en el coraz�n de Ad�n y Eva para comenzar a alejarlos 
del fruto del �rbol de la vida eterna y, en realidad, "es el 
que comienza a hacer de las suyas, como de costumbre, para 
llenar de tinieblas la vida de aquel hombre o mujer para 
entonces destruirla por completo". A ciencia cierta, �ste es 
el gran secreto de Satan�s desde el comienzo de todas las 
cosas, "alejar a sus victimas lo m�s lejos posible de Dios y 
de su �rbol de vida eterna y entonces comenzar a destruirlas 
poco a poco y hasta llevarlas a su d�a final", en el m�s 
all�, como al fuego eterno del infierno, por ejemplo. 

Muchas veces podemos ver, a todas luces, cada vez que una 
persona o personas, familia o familias "est�n sufriendo males 
comunes y hasta terribles tambi�n, pues, seriamente es el 
esp�ritu de error y de gran maldad de Satan�s que est� 
actuando con libertad de acci�n en sus vidas para acabar con 
ellas", por sus poderes aterradores de sus tinieblas 
antiguas. Y todas estas personas o familias ingenuas e 
inexpertas de toda verdad, pues, "viven sus vidas de mal en 
peor sin jam�s ver ning�n bien alguno al final de sus caminos 
en la tierra, es decir, si no son ayudados lo m�s antes 
posible por la invocaci�n de Dios, en el nombre glorioso de 
su fruto de vida eterna", �nuestro Se�or Jesucristo! 

Porque es el Se�or Jesucristo quien realmente ayuda a cada 
una de estas personas o familias o pueblos de la tierra "ha 
escapar de los poderes escondidos y terribles de las 
profundas tinieblas antiguas de Satan�s y de sus �ngeles 
ca�dos, para parar de sufrir y as� parar de morir", en sus 
corazones y en sus cuerpos eternos, tambi�n. Porque la verdad 
es que cada vez que la persona o personas, familia o 
familias, pueblo o pueblos, "se alejan de los males de las 
profundas mentiras de Satan�s, por el poder glorioso y 
majestuoso del nombre salvador de nuestro Se�or Jesucristo", 
entonces "sus muchos males dejan de ser casi 
instant�neamente, o poco a poco comienzan a desaparecer de 
sus vidas". 

Por cuanto, es el mismo Esp�ritu de Dios y de su �rbol de 
vida eterna, el cual comienza a hacer sentir su presencia 
cada vez m�s y m�s en sus vidas humanas y delante de sus 
millares de �ngeles por amor a su salvaci�n sagrada, "para 
darles vida y en abundancia en esta vida y en la venidera, 
tambi�n, para siempre". Y cuando esto sucede, milagrosamente, 
en la vida de cualquier persona o personas, familia o 
familias, pueblo o pueblos, "entonces esto significa que los 
poderes terribles de los males de Satan�s y de sus �ngeles 
ca�dos est�n disminuyendo, y la luz de la verdad, de la 
justicia y del derecho de conocer a Jesucristo son cada vez 
mucho m�s que antes". 

Verdaderamente, el alma humana del hombre, de la mujer, del 
ni�o o de la ni�a, "vuelve a nacer y a sentir a Dios y a sus 
bendiciones por si mismo, como nunca antes, para ver la vida 
eterna" del Fundador de su nueva vida en el para�so y as� 
tambi�n en La Nueva Jerusal�n Santa y Perfecta del cielo, por 
ejemplo. Es decir, que "todas estas vidas de gentes, 
familias, pueblos de la tierra est�n despertando de sus 
tumbas antiguas por vez primera, como del hoyo de la tierra, 
para no ver m�s tinieblas como antes, sino s�lo la luz de la 
vida eterna" del Esp�ritu Santo y de su Glorioso e 
Infinitamente Respetable �rbol de la vida eterna, �nuestro 
Salvador Jesucristo! 

Ahora, cada vez que el hombre, la mujer, el ni�o o la ni�a de 
toda la tierra, "se aleja de los males del pecado original, 
en el nombre sagrado de nuestro Se�or Jesucristo, 
efectivamente, las tinieblas que estaban actuando en su 
coraz�n, en su alma, en su esp�ritu y cuerpo humano, dejaran 
de actuar por completo" y milagrosamente mueren. Realmente, 
"Satan�s dejara de actuar en la vida de estas personas, 
familias o naciones del mundo entero, porque la luz real de 
Dios ha vuelto a tomar su lugar de vida, paz y de salud 
infinita", como en el para�so, por ejemplo, "para no s�lo 
conocer la vida y la felicidad eterna, sino tambi�n conocer 
su nueva vida infinita del cielo". 

Y esto es gloria y honra eterna para nuestro Padre Celestial, 
"porque todas estas vidas", las cuales iban hacia sus muertes 
eternas, absolutamente "han dejado de sufrir y de morir, en 
el nombre glorioso y sumamente sagrado de su Hijo amado, 
nuestro Se�or Jesucristo", para estar y vivir por siempre 
felices cerca de �l y de su nuevo reino sempiterno. Es por 
eso, que para nuestro Padre Celestial "todo aquel que rechaza 
su dadiva de vida y de salud eterna, entonces est� rechazando 
la vida misma de su Hijo amado", nuestra �nica salvaci�n 
posible en el para�so, en la tierra y as� tambi�n en la nueva 
era venidera del nuevo reino celestial, nuestro �rbol de vida 
eterna, �el Se�or Jesucristo! 

Porque esta dadiva de vida era lo que Dios le estaba dando a 
conocer a Ad�n y a cada uno sus descendientes, en el d�a que 
lo llevo de la mano a los pies del �rbol de la vida eterna, 
"para que conozca a su Jesucristo (su �nica vida verdadera e 
infinita del cielo y de su Nueva Jerusal�n Sagrada). Porque 
�sta nueva Jerusal�n Santa y Perfecta del cielo, "nuestro 
Padre Celestial la viene creando en su coraz�n muy santo, 
desde mucho antes que comenzase a fundar los cielos y la 
tierra" y as� tambi�n a todo hombre, mujer, ni�o y ni�a en 
sus manos h�biles, como en su imagen y conforme a su 
semejanza celestial, por ejemplo, para la eternidad. 

Adem�s, porque "s�lo su Hijo amado es el gran rey Mes�as del 
para�so, de la tierra" y, a la vez, su �nico fruto de vida 
eterna para su coraz�n y para su alma viviente y as� tambi�n 
para Ad�n y para cada uno de sus descendientes de la 
humanidad entera. Para que �nicamente entonces ninguno de 
ellos, en sus millares, de todas las razas, familias, 
pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra, "no se aleje 
m�s de su �rbol de vida eterna, su Hijo amado, ni de su nueva 
vida infinita, ni mucho menos de su nuevo reino celestial, 
por ejemplo". 

Pero como Ad�n rechazo esta gran verdad en su coraz�n, 
entonces "�l paso de la luz de vida del para�so para vivir 
las tinieblas del bajo mundo de Satan�s y de sus �ngeles 
ca�dos, para no comer jam�s de su fruto de vida eterna, ni 
menos conocer a su Dios" en su coraz�n y en todos los d�as de 
su vida. Por lo tanto, "rehusar conocer al Se�or Jesucristo 
es, realmente, para nuestro Padre Celestial, desear vivir en 
las profundas tinieblas de Satan�s y de sus �ngeles ca�dos", 
en el para�so, en la tierra y as� tambi�n en el infierno, 
para siempre. 

Y "esto es iniquidad, maldad, inmoralidad delante de Dios y 
de su Esp�ritu Santo para muerte eterna", ya sea en el 
para�so o en la tierra, de nuestros d�as, por ejemplo, para 
cualquier hombre, mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera. 
Verdaderamente, �ste es el primer pecado original de Ad�n, 
"el cual nuestro padre Celestial abomina profundamente" en su 
coraz�n y en la vida de la humanidad entera: "que su Hijo 
amado no sea honrado y exaltado, como debe de ser delante de 
su presencia sagrada y de sus millares de sus huestes 
angelicales del reino de los cielos, por ejemplo".

Por ello, el pecado original de no honrar a nuestro Se�or 
Jesucristo "es, realmente, el mismo esp�ritu del fruto 
prohibido del �rbol de la ciencia del bien y del mal obrando 
para mal eterno" en la vida de aquel hombre, mujer, ni�o o 
ni�a, para comenzar a destruir su vida, como con las mismas 
profundas tinieblas del para�so. Y estas tinieblas mortales 
no son tanto del infierno o del mundo de los muertos, por 
ejemplo, sino "de las que se encontraban en los labios de la 
serpiente antigua y en el para�so, al mismo tiempo, para 
llevar acabo la voluntad malvada de Satan�s" no tanto en 
contra del hombre, sino de Jesucristo. 

Porque "es Satan�s quien realmente siempre le lleva la 
contraria con mentiras, con �dolos y con calumnias terribles 
a la Ley Eterna y a nuestro Se�or Jesucristo", nuestro �rbol 
de vida eterna, en nuestros corazones d�a y noche y hasta que 
�l mismo muera por fin en el m�s all�, entre las llamas 
violentas del lago de fuego eterno, por ejemplo. Entonces son 
estas mismas tinieblas de Satan�s, "las que comenzaron a 
invadir el coraz�n de Eva y luego de Ad�n, las que est�n en 
los corazones de cada pecador y de cada pecadora de la 
tierra" (como de los que no creen en sus corazones, ni 
confiesan con sus labios el nombre milagroso del fruto de la 
vida, �nuestro Salvador Jesucristo!).

Es por esta raz�n, que los males terribles de las tinieblas 
de Satan�s "act�an d�a y noche en las vidas de muchas 
personas con toda confianza, y s�lo porque el Se�or 
Jesucristo no es su fruto de vida eterna en sus corazones y 
en sus vidas delante de nuestro Padre Celestial y de su 
Esp�ritu Santo", por ejemplo. Y nuestro Dios desea que 
nosotros "escapemos", antes hoy que ma�ana, "de todos estos 
males escondidos de las profundas tinieblas de Satan�s y de 
la serpiente antigua del Jard�n del Ed�n", de las cuales Ad�n 
junto con cada uno de sus descendientes recibieron en el 
para�so, para mal y confusi�n eterna de sus corazones 
infinitos. 

Entonces "el hombre moderno y de siempre vive en confusi�n de 
su coraz�n, porque el esp�ritu de error y de las tinieblas 
mentirosas de Satan�s mora en �l permanentemente", y s�lo 
hasta que la luz de Cristo brille en su frente delante de 
Dios y de su Esp�ritu Santo, como debe de ser, como en el d�a 
de su creaci�n. Y "�ste bien de Dios s�lo es posible en tu 
coraz�n y en toda tu vida tambi�n, hoy mismo, mi estimado 
hermano y mi estimada hermana, s� tan s�lo le dices s� a tu 
Dios y Creador de tu vida, por medio de su �rbol de vida 
eterna", �nuestro Salvador Jesucristo! 

Y s� lo haces as�, complaciendo as� toda verdad, justicia y 
derecho a comer por siempre del fruto del �rbol de la vida 
eterna, entonces "muchas tinieblas que est�n actualmente 
actuando en tu vida y de los tuyos, tambi�n, para hacerte 
da�o, ciertamente dejaran de actuar milagrosamente para 
gloria y para honra infinita de nuestro Creador que est� en 
los cielos". Porque las tinieblas de Satan�s por m�s 
poderosas que sean, "cuando la presencia del nombre del Se�or 
Jesucristo se hace una realidad en el coraz�n del hombre, de 
la mujer, del ni�o o de la ni�a de la humanidad entera, 
entonces ya no pueden seguir haciendo el mal de siempre, 
porque llegan a su fin", mueren como algo muy normal. 

Y el fin de cada una de las tinieblas, en sus millares, "es 
nuestro Se�or Jesucristo, asimismo como s�lo �l es el fin del 
�ngel de la muerte", en la tierra y en el m�s all�, tambi�n, 
eternamente y para siempre, entre las llamas eternas y 
tormentosas del lago de fuego, por ejemplo. En otras 
palabras, nadie puede matar a Satan�s, ni ninguna de sus 
muchas tinieblas tampoco, ni mucho menos al �ngel de la 
muerte en la vida del hombre, la mujer, el ni�o o la ni�a de 
la tierra, "sino s�lo nuestro fruto de vida eterna, el Hijo 
de David, el Hijo de Dios, nuestro �nico Salvador Mes�as", �
nuestro Se�or Jesucristo! 

Es decir, que las tinieblas de Satan�s dejan de hacer lo que 
estaban haciendo siempre para destruir gradualmente la vida 
de aquel hombre o mujer, "porque la luz del Esp�ritu Santo y 
del �rbol de la vida las ciega por completo, para que no vean 
m�s nada de nada y as� ya no puedan seguir haciendo sus males 
de siempre". Por ello, nuestro Padre Celestial nos entrego a 
su Hijo amado, "como nuestro gran rey Mes�as, como nuestro 
Cordero Escogido para el sacrificio eterno, como a nuestro 
sumo sacerdote, como a nuestro �nico suficiente salvador y 
�rbol de la vida para cada uno de nosotros", en nuestros 
millares, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, 
tribus y reinos de la tierra. 

Para que entonces ya no pensemos m�s en el esp�ritu de error 
con nuestras mentes y con nuestros corazones, "sino que 
pensemos siempre con su Esp�ritu Santo, como con su Sagrada 
Escritura, para que los frutos de vida y de salud sean una 
realidad no s�lo en nuestras vidas sino tambi�n en las de 
muchos, para gloria infinita de nuestro Creador". Y s�lo as� 
entonces "ya no maquinemos m�s pecados y maldades del 
esp�ritu de error de Satan�s en nuestros corazones y en 
nuestras mentes humanas, que ciertamente s�lo aumentan la 
iniquidad y la inmoralidad en nuestras vidas y en las vidas 
de muchos", en muchos lugares del mudo, "sino que s�lo 
pensemos con su Esp�ritu Santo para el bien eterno". 

Adem�s, "nuestro Padre Celestial desea parar en su totalidad 
el avance del esp�ritu de error y de sus muchos frutos de 
pecados", como mentiras, corrupciones, maldades, desmanes, 
traiciones, calumnias, contratiempos, da�os, impurezas, 
perversidades, libertinajes, iniquidades, inmoralidades, 
comenzando contigo hoy mismo, "si tan s�lo crees en tu 
coraz�n en el Esp�ritu del nombre sagrado de su Hijo amado", 
�nuestro Se�or Jesucristo! Para que por fin confieses con 
confianza su nombre muy santo y milagroso en tu coraz�n y con 
tus labios, mi estimado hermano y mi estimada hermana, "para 
que las hondas tinieblas del esp�ritu de error se alejen para 
siempre de tu vida y de la vida de los dem�s, tambi�n, hoy en 
d�a y por los siglos de los siglos". 

Y as� ya no pienses m�s en tu mal ni menos en el mal de 
nadie, "sino s�lo en el bien eterno de su Hijo amado, en el 
coraz�n, en el esp�ritu y en la vida humana de cada hombre, 
mujer, ni�o y ni�a de la humanidad entera", para honra y para 
gloria infinita de nuestro Padre Celestial. Porque "s�lo 
nuestro Se�or Jesucristo es todo el bien que nuestro Padre 
Celestial y su Esp�ritu Santo siempre ha deseado para ti", en 
el para�so, en la tierra y as� tambi�n para su nueva era 
venidera de su reino sempiterno: en donde nadie muere, y su 
gran rey Mes�as reinara supremo sobre los �ngeles, sobre 
Israel y la humanidad entera.


El amor (Esp�ritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su 
Jesucristo es contigo.


�Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


D�gale al Se�or, nuestro Padre Celestial, de todo coraz�n, en 
el nombre del Se�or Jesucristo: Nuestras almas te aman, 
Se�or. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras 
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y 
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, tambi�n, para 
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, 
nuestro Se�or Jesucristo.

LOS �DOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los �dolos han sido desde siempre: un tropiezo 
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo 
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, 
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su 
Esp�ritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en 
�sta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quiz� que 
el fin de todos los males de los �dolos termine, cuando 
llegues al fin de tus d�as. Pero esto no es verdad. Los 
�dolos con sus esp�ritus inmundos te seguir�n atormentando 
d�a y noche entre las llamas ardientes del fuego del 
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. 
En verdad, el fin de todos estos males est� aqu� contigo, en 
el d�a de hoy. Y �ste es el Se�or Jesucristo. Cree en �l, en 
esp�ritu y en verdad. Usando siempre tu fe en �l, escaparas 
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la 
presencia terrible de los �dolos y de sus huestes de 
esp�ritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de 
los tuyos tambi�n, para la eternidad del nuevo reino de Dios. 
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de d�a en d�a 
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de 
sus �ngeles santos. Y t� con los tuyos, mi estimado hermano, 
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar 
cada letra, cada palabra, cada oraci�n, cada tilde, cada 
categor�a de bendici�n terrenal y celestial, cada honor, cada 
dignidad, cada se�or�o, cada majestad, cada poder, cada 
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus 
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del d�a de hoy y de 
la tierra santa del m�s all�, tambi�n, en el reino de Dios y 
de su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo!, �El Todopoderoso de 
Israel y de las naciones!

S�LO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la �nica ley santa de Dios y del Se�or Jesucristo en 
tu coraz�n, para bendecirte, para darte vida y vida en 
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha 
venido diciendo as�, desde los d�as de la antig�edad, desde 
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendr�s otros dioses delante de m�". 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te har�s imagen, ni ninguna semejanza 
de lo que est� arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni 
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinar�s ante ellas 
ni les rendir�s culto, porque yo soy Jehov� tu Dios, un Dios 
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, 
sobre la tercera y sobre la cuarta generaci�n de los que me 
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a 
los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomar�s en vano el nombre de Jehov� 
tu Dios, porque �l no dar� por inocente al que tome su nombre 
en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acu�rdate del d�a del s�bado para 
santificarlo. Seis d�as trabajar�s y har�s toda tu obra, pero 
el s�ptimo d�a ser� s�bado para Jehov� tu Dios. No har�s en 
ese d�a obra alguna, ni t�, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu 
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que est� 
dentro de tus puertas. Porque en seis d�as Jehov� hizo los 
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y 
repos� en el s�ptimo d�a. Por eso Jehov� bendijo el d�a del 
s�bado y lo santific�". 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que 
tus d�as se prolonguen sobre la tierra que Jehov� tu Dios te 
da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometer�s homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometer�s adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robar�s". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No dar�s falso testimonio en contra de 
tu pr�jimo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciar�s la casa de tu pr�jimo; no 
codiciar�s la mujer de tu pr�jimo, ni su siervo, ni su 
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu 
pr�jimo". 

Entr�gale tu atenci�n al Esp�ritu de Dios y deshazte de todos 
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno 
de los tuyos, tambi�n. Hazlo as� y sin mas demora alguna, por 
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los 
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus 
�dolos y de sus im�genes de talla, aunque t� no lo veas as�, 
en �sta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, 
tambi�n. Y t� tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de 
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde 
los d�as de la antig�edad, para seguir destruyendo sus vidas, 
en el d�a de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos 
males en sus vidas, sino que s�lo �l desea ver vida y vida en 
abundancia, en cada naci�n y en cada una de sus muchas 
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Se�or 
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y 
digamos juntos la siguiente oraci�n de Jesucristo delante de 
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y 
salvador de todas nuestras almas: 

ORACI�N DEL PERD�N

Padre nuestro que est�s en los cielos: santificada sea la 
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo 
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el 
cielo as� tambi�n en la tierra. El pan nuestro de cada d�a, 
d�noslo hoy. Perd�nanos nuestras deudas, como tambi�n 
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en 
tentaci�n, mas l�branos del mal. Porque tuyo es el reino, el 
poder y la gloria por todos los siglos. Am�n. 

Porque si perdon�is a los hombres sus ofensas, vuestro Padre 
Celestial tambi�n os perdonar� a vosotros. Pero si no 
perdon�is a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonar� 
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Se�or Jes�s dijo, "Yo soy el CAMINO, y la 
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, 
sino es POR M�". Juan 14:

NADIE M�S TE PUEDE SALVAR.

�CONF�A EN JES�S HOY! 

MA�ANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MA�ANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA 
TI Y LOS TUYOS, EN EL D�A DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de 
�ste MUNDO y su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepi�ntete):

Cree que Jesucristo muri� por ti, fue sepultado y resucito al 
tercer d�a por el Poder Sagrado del Esp�ritu Santo y deja que 
entr� en tu vida y sea tu �NICO SALVADOR Y SE�OR EN TU VIDA.

QUIZ� TE PREGUNTES HOY: �QUE ORAR? O �C�MO ORAR? O �QU� 
DECIRLE AL SE�OR SANTO EN ORACI�N? -HAS LO SIGUIENTE, y di: 
Dios m�o, soy un pecador y necesito tu perd�n. Creo que 
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi 
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a 
venir a mi coraz�n y a mi vida, como mi SALVADOR.

�Aceptaste a Jes�s, como tu Salvador?  �S� _____?  O �No 
_____?

�Fecha? �S� ____?  O �No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de 
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada d�a para conocer mejor a Cristo. Habla con 
Dios, orando todos los d�as en el nombre de JES�S. Baut�zate 
en AGUA y en El ESP�RITU SANTO DE DIOS, adora, re�nete y 
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es 
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de 
Cristo a los dem�s.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros 
cristianos que los hermanos Pentecost�s o pastores del 
evangelio de Jes�s te recomienden leer y te ayuden a entender 
m�s de Jes�s y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros 
cristianos est�n disponibles en gran cantidad en diferentes 
temas, en tu librer�a cristiana inmediata a tu barrio, 
entonces visita a las librer�as cristianas con frecuencia, 
para ver que clase de libros est�n a tu disposici�n, para que 
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer m� libro que he escrito para ti, 
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su 
Hijo amado y as� comiences a crecer en �l, desde el d�a de 
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la 
paz de Jerusal�n d�a a d�a y sin cesar, en nuestras 
oraciones. Porque �sta es la tierra, desde donde Dios lanzo 
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras 
bendiciones y salvaci�n eterna de nuestras almas vivientes. Y 
nos dice Dios mismo, en su Esp�ritu Eterno: "Vivan tranquilos 
los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y 
tranquilidad en tus palacios, Jerusal�n". Por causa de mis 
hermanos y de mis amigos, dir� yo: "Haya paz en ti, siempre 
Jerusal�n". Por causa de la casa de Jehov� nuestro Dios, en 
el cielo y en la tierra: implorar� por tu bien, por siempre. 

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el 
Esp�ritu de Dios a toda la humanidad, dici�ndole y 
asegur�ndole: - Qu� todo lo que respira, alabe el nombre de 
Jehov� de los Ej�rcitos, �el Todopoderoso! Y esto es, de toda 
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo 
coraz�n, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y 
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, 
como antes y como siempre, para la eternidad.


http://www.supercadenacristiana.com/listen/player-wm.asp?
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http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx



http://radioalerta.com
 
 

 
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