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Article #166

(IV�N): LA DIESTRA DE DIOS NO SE ACORTADO PARA SALVARNOS DEL PECADO

#166
From: IVAN VALAREZO
Date: Mon, 04 Feb 2008 00:59
1131 lines
61973 bytes
 
S�bado, 02 de febrero, a�o 2008 de Nuestro Salvador 
Jesucristo, Guayaquil, Ecuador - Iberoam�rica 


(Cartas del cielo son escritas por Iv�n Valarezo) 


LA DIESTRA DE DIOS NO SE ACORTADO PARA SALVARNOS DEL PECADO: 


He aqu� que "la diestra de nuestro Padre Celestial no se ha 
quitado de sobre toda la tierra para salvar, ni su o�do se ha 
ensordecido para o�r el orar, el llorar, el implorar" de los 
que le invocan d�a y noche y sin parar, en el nombre sagrado 
de su Hijo amado, para ser librados de sus enemigos eternos. 
Pues sus necedades y sus perversidades habituales son las que 
"ciertamente hacen separaci�n, divisi�n, alejamiento entre 
todos ustedes y �l", como el �nico Dios del cielo y de toda 
la tierra, para responder a sus llamados y bendecirlos 
hondamente en el poder sobrenatural de su Esp�ritu Santo, tal 
como lo hizo con sus siervos fieles de la antig�edad, por 
ejemplo. 

Son sus falacias, "el velo de oscuridad y de tinieblas entre 
el coraz�n de Dios y el de los suyos", para que nunca exista 
una comuni�n real y verdadera entre el cielo y la tierra para 
sanar el mal, las enfermedades y quitar la muerte de muchos 
de ustedes mismos. Porque nuestro Dios siempre est� presto 
"para acercarse a cada uno de nosotros" en cualquier lugar de 
la tierra, y socorrernos por amor a su nombre santo, por amor 
a su palabra y por amor eterno a su Ley Bendita, manifestada, 
glorificada y cumplida en la vida gloriosa de su Hijo amado y 
rey Mes�as Celestial, �nuestro Salvador Jesucristo! 

Porque s�lo el �rbol de vida "puede realmente manifestar 
todas estas preciosas cualidades de santidad, de gloria y de 
poder infinito" de la palabra y de la Ley Viviente de Mois�s 
y de Israel, por ejemplo, en el coraz�n de cada �ngel y as� 
tambi�n de cada hombre, mujer, ni�o y ni�a en todos los 
lugares de la tierra. Y esto es gloria para nuestro Dios y en 
cada uno de nosotros, hoy en d�a y as� igual como lo fue en 
la antig�edad para �l entonces, "como Dios soberano, poder 
acercarse a nosotros con grandes bendiciones infinitas": 
bendiciones eternas, de las cuales nadie nos las podr� quitar 
porque son nuestras leg�timamente, para nosotros vivirlas y 
gozarlas ya y por siempre. 

Ciertamente, "nuestro Padre Celestial pelea por nosotros d�a 
y noche y sin cesar jam�s con su Esp�ritu en contra de cada 
uno nuestros enemigos para derrotarlos" como se merecen y, a 
la vez, echarlos fuera de nuestras vidas, de una vez por 
todas y para siempre, para que jam�s vuelvan a hacernos 
ning�n mal, como de costumbre, por nuestra naturaleza humana. 
Porque nuestros enemigos son sus enemigos eternos tambi�n, en 
el para�so, en la tierra y as� tambi�n en el m�s all�, 
eternamente y para siempre; y "s�lo �l los puede derrotar hoy 
en d�a, como en los d�as de la antig�edad, para que no 
vuelvan a hacernos ninguna de sus maldades mentirosas", 
falsas, crueles y sobre todo mortales, por ejemplo. 

Por lo que, "nuestro Dios sabe perfectamente que no podemos 
en contra de nuestros enemigos", es decir, si �l no nos ayuda 
continuamente con los poderes sobrenaturales de los dones 
gloriosos de su Esp�ritu y de su gran rey Mes�as, nuestro 
�nico fruto de vida del para�so, de la tierra y de la Nueva 
Jerusal�n Santa y Gloriosa del cielo. Porque "nuestro Dios 
sabe muy bien que nuestros enemigos son m�s fuertes que 
nosotros en todo momento de nuestras vidas", porque act�an en 
contra de nosotros desde el m�s all�, como desde donde no los 
vemos, como clandestinamente, por ejemplo, para hacernos 
todas clases de males y hasta destruirnos por completo y 
echarnos al infierno, si les fuese posible. 

Por ello, nuestro Dios est� siempre presto para defendernos 
en contra de nuestros enemigos con su presencia santa y 
gloriosa y con la promesa antigua en su coraz�n bendito: "de 
que �l mismo ser� enemigo de nuestros enemigos y se opondr� a 
los que se nos oponen, si tan s�lo le somos fiel a �l, por 
medio de su Jesucristo". Y nuestro Dios va a ser enemigo de 
nuestros enemigos y se opondr� en contra de los que se nos 
oponen, "si ya no hay tinieblas en nuestras vidas, como es 
normal desde siempre", como desde los primeros d�as de vida 
de Ad�n en el cielo y hasta nuestros d�as en la tierra, por 
ejemplo. 

Y "s�lo nuestro Se�or Jesucristo es el �nico fruto posible de 
vida de nuestros corazones" y quien, a la vez, "puede hacer 
desaparecer las terribles de Satan�s en nuestras vidas", para 
que nuestro Dios se sienta a gusto con cada uno de nosotros y 
entonces se acerque con sus bendiciones, ricas y llenas de 
gloria, vida, salud y prosperidad infinita primariamente. 
Porque cuando nuestro Padre Celestial se levanta a luchar por 
cada uno de nosotros, en realidad, "lo est� haciendo por amor 
a la presencia en nuestros corazones y en nuestros esp�ritus 
humanos, de la gloriosa y sumamente honrosa obra de su gran 
rey Mes�as, su �rbol de vida eterna", �nuestro Salvador 
Jesucristo! 

Visto que, para nuestro Padre Celestial, "la obra de su 
Jesucristo en cada uno de nuestros corazones es muy preciosa 
para sus ojos y para su nueva vida celestial de su nuevo 
reino venidero", por ejemplo; por lo tanto, "s�lo nuestro 
Se�or Jesucristo es luz de vida eterna en nuestras vidas", 
para nuestro Padre Celestial y para su Esp�ritu Santo. 
Entonces nuestro Padre Celestial "lucha d�a y noche y sin 
parar jam�s por ninguna raz�n, aunque no lo creas as�, por su 
�ngel sagrado de la antig�edad delante de sus enemigos 
eternos" y, quien, adem�s, es, hoy en d�a, en nuestros 
corazones y en nuestros esp�ritus humanos, "nuestro fruto de 
salud eterna, su Hijo amado", �nuestro Salvador Jesucristo! 

Si, as� lo es: "Nuestro Padre Celestial ama mucho a su �rbol 
de vida eterna, nuestro Se�or Jesucristo, a�n mucho m�s que 
todo lo m�s glorioso y honroso de su vida santa del reino de 
los cielos", desde la antig�edad y hasta nuestros tiempos, 
por ejemplo; porque "no hay nada mayor que nuestro �rbol de 
vida para nuestro Dios". Y todo aquel que le ofende a �l, por 
cualquier raz�n o tinieblas de Satan�s en la vida del pecador 
de toda la tierra, entonces "es �l quien juzga aquella 
maldad, de acuerdo a su palabra viva y a su Ley Sant�sima", 
para que ninguno, ni nadie, quede impune jam�s, por su culpa, 
por su maldad en contra de su Jesucristo. 

Entonces nuestro Dios aborrece las tinieblas de Satan�s en la 
vida de cada pecador y de cada pecadora de la tierra, porque 
"las tinieblas mienten, calumnian y dicen todas clases de 
falsedades en contra de su Hijo amado", su �rbol de su nueva 
vida infinita para su nuevo reino sempiterno de sus �ngeles y 
de su nueva humanidad eternal. Es por eso que todo aquel que 
dice o hace "cualquier cosa en contra de su Hijo amado, 
entonces realmente se ha metido en un grave problema con el 
�nico Dios del cielo y de toda la tierra", �el Todopoderoso 
de Israel y de las naciones! 

Porque tambi�n es verdad que "nuestro Padre Celestial jam�s 
ha dejado impune a todo aquel que haya dicho o hecho alg�n 
mal en contra de su �rbol de vida eterna", su Hijo amado, 
nuestro gran rey Mes�as del para�so y de la nueva eterna 
venidera y de su Gran Jerusal�n Santa y Perfecta del cielo. Y 
nuestro Dios "no pelea por nosotros porque sea un Dios que le 
encanta el pleito, sino porque nos ama", y porque sabe muy 
bien que sin su ayuda nosotros jam�s podremos vencer a 
ninguno de nuestros enemigos, en el para�so y as� tambi�n en 
cualquier lugar de toda la tierra y del m�s all�, tambi�n, 
eternamente y para siempre. 

Por ello, nuestro Padre Celestial nos ha entregado poderes 
sobrenaturales, no tanto en sus muchos �ngeles gloriosos y 
sumamente poderosos del reino de los cielos, sino "de �l 
mismo, como de su Esp�ritu Santo y como de su �rbol de vida", 
�nuestro �nico Salvador de nuestras almas infinitas, para 
siempre! Y estos poderes sobrenaturales de nuestro Dios, en 
su Esp�ritu y en su unig�nito, para con cada hombre, mujer, 
ni�o y ni�a de la humanidad entera, son muy santos, "como 
ning�n otra santidad de la vida honrosa del cielo y de sus 
huestes de �ngeles sant�simos", por ejemplo, para derribar al 
enemigo y brindarle gloria y honra a su nombre eterno. 

Y s�lo los que creen en el Se�or Jesucristo en sus corazones 
y as� confiesan su nombre bendito con sus labios, cada vez 
que se acercan a su Dios y Fundador de sus vidas, como en sus 
momentos de oraci�n y de fe, por ejemplo, para pedir ayuda, 
misericordia, perd�n, "es cuando todos estos poderes del 
cielo act�an milagrosamente". Y estos poderes sobrenaturales 
act�an sobrenaturalmente, como algo muy corriente o como algo 
muy normal, en el cielo, en el para�so y en toda la tierra, 
tambi�n, uno tras otro a favor nuestro y "�nicamente hasta 
alcanzar la voluntad perfecta de Dios en nuestras vidas, por 
ejemplo, para bien eterno de muchos". 

Ya que, es aqu� cuando nuestro Dios comienza, realmente, "a 
derramar de su clemencia y poder del Esp�ritu de la gracia y 
de la vida eterna de nuestro Se�or Jesucristo, �nicamente con 
sus poderes sagrados para bien de los que se acercan a �l", 
para bien de sus vidas y de muchos, tambi�n, en todos los 
lugares de la tierra. Porque "el bien de nuestro Padre 
Celestial es para todos los que creen en sus corazones y as� 
confiesan con sus labios el nombre sagrado de su �rbol de 
vida eterna", nuestro �nico fruto de vida eterna del para�so, 
de la tierra y de La Nueva Jerusal�n Celestial y Bendita del 
cielo, por ejemplo. 

Entonces "la lucha sigue y es constante y sin cuartel en 
contra de cada una de las mentiras, calumnias, falsedades y 
patra�as de Satan�s", en el coraz�n y en la vida de cada uno 
de los hijos e hijas de los hombres de toda la tierra, 
comenzando con Ad�n desde los primeros de vida humana del 
para�so, por ejemplo. Porque nuestro Padre Celestial sabe muy 
bien que cuando se enfrenta en contra de cualquiera de sus 
muchos enemigos, comenzando con Satan�s y sus �ngeles ca�dos, 
por ejemplo, entonces "es para ganar una batalla m�s para 
gloria y para honra bendita de su nombre sant�simo, en cada 
uno de nuestros corazones infinitos". 

Porque "nuestros corazones tienen que entender 
sobrenaturalmente y hasta a�n m�s all� de toda nuestra 
sabidur�a humana, que nuestro Dios es maravilloso, glorioso, 
milagroso y Todopoderoso", hoy en d�a en la tierra para 
entrar desde ya a la nueva vida infinita de su gran ciudad 
celestial del cielo, como �La Nueva Jerusal�n Santa y 
Gloriosa del coraz�n sagrado del Mes�as. Y Dios hace todas 
estas cosas, as� milagrosamente, en nuestras vidas, porque 
"nos ha dado un coraz�n como el de �l mismo, inmenso, para 
entender todo su amor, toda su santidad y toda su gloria 
infinita", s�lo posibles en el cielo, en la tierra y en la 
eternidad venidera, en su Hijo amado, �su �nico �rbol de vida 
eterna, para siempre! 

Y esta es la gloria de nuestro Dios, desde la antig�edad y 
hasta nuestros d�as, "su Jesucristo", quien realmente tiene 
su vida mesi�nica llena de milagros, de maravillas y de 
prodigios poderosos, para seguir bendiciendo nuestras vidas 
humanas y celestiales, en la tierra para muy pronto entrar ya 
de lleno a su nueva vida infinita, con gran gozo en nuestros 
corazones. Porque es esta la vida de nuestro Dios y de su 
�rbol de vida, nuestro Se�or Jesucristo, "la cual quiso 
darnos desde el comienzo de todas las cosas del para�so, para 
que jam�s nos alejemos de �l por ninguna raz�n, ni por la 
palabra de nadie, eternamente y para siempre". 

Y �sta vida celestial se acera a ti, hoy mismo, mi estimado 
hermano y mi estimada hermana, "tal como se acerco a Ad�n y a 
Eva en el para�so, para bendecirte sobrenaturalmente", de 
acuerdo a la voluntad y a la verdad santa de nuestro Padre 
Celestial en toda tu vida. Porque "mayor vida santa para tu 
coraz�n y para tu alma eterna vivirla, realmente, no hay otra 
igual en el cielo", en el para�so, en la tierra, ni menos en 
La Nueva Jerusal�n Sagrada del gran rey Mes�as, el Hijo de 
David, �nuestro Salvador Jesucristo del ayer y de siempre!

Y, al mismo tiempo, es �sta la vida perfecta del nuevo reino 
de los cielos, "la cual est� llena profundamente de gozo, de 
paz y de gloria eterna, sin ninguna tiniebla de Satan�s, para 
cada uno de todos nosotros", en nuestros millares, de todas 
las familias y naciones de toda la tierra, sin jam�s hacer 
excepci�n de persona alguna. Es por eso que es muy importante 
para nuestro Padre Celestial "derrotar para siempre no s�lo a 
Satan�s, al �ngel de la muerte y a sus muchos �ngeles ca�dos 
en nuestras vidas, sino tambi�n a cada una de las tinieblas 
de la mentira" en la tierra, en el para�so y as� tambi�n en 
el bajo mundo de los muertos, por ejemplo. 

Para que "ya no nos separen m�s las tinieblas del pecado de 
nuestros corazones" del coraz�n sant�simo de nuestro Dios, 
del coraz�n milagroso de su �rbol de vida eterna y de cada 
una de sus muchas y muy ricas bendiciones, como de los dones 
gloriosos de su Esp�ritu Santo, por ejemplo. De su Esp�ritu 
Santo de siempre, "el cual sigue derram�ndose por toda la faz 
de la tierra, desde el primer d�a y hasta hoy", lleno de la 
gracia, de la misericordia, del amor, del perd�n y de la 
sanidad, salud, santidad y de la salvaci�n infinita de 
nuestros corazones y de nuestros esp�ritus humanos, gracias a 
la sangre viva de Jesucristo. 

Porque "nuestro Dios desea ver una vida sin Satan�s y sin 
tiniebla alguna en nuestros corazones y en nuestros esp�ritus 
humanos", en la tierra y as� tambi�n de regreso al cielo, 
como al para�so de la antig�edad y de nuestros primeros pasos 
de vida, por ejemplo, para servirle a �l por siempre y para 
siempre, s�lo por amor �nico a Jesucristo. Entonces ganarle a 
Satan�s y a cada una de sus profundas tinieblas, no s�lo en 
nuestros corazones sino tambi�n en todos los lugares de la 
tierra, "es definitiva y concluyentemente para alcanzar 
nuevas glorias y nuevas victorias infinitas" en la tierra, en 
el para�so y as� tambi�n para la nueva vida sagrada de La 
Nueva Jerusal�n del cielo, por ejemplo. 

Y "esto es de ganarle grandemente a cada uno de sus enemigos 
y as� glorificar su nombre sagrado mucho m�s que antes", en 
los corazones de sus �ngeles fieles a �l y a su �rbol 
Viviente, primordialmente, para finalmente glorificarse 
sobrenaturalmente en los corazones de cada hombre, mujer, 
ni�o y ni�a de la humanidad entera, para que crean en �l 
insaciablemente. Porque "nuestro Dios tiene que ser 
glorificado siempre en las vidas de sus �ngeles y as� tambi�n 
en nuestras vidas humanas", de todas las familias, razas, 
pueblos, linajes, tribus y reinos de toda la tierra, para 
"entonces poder entrar a la nueva vida eterna de su nuevo 
reino sempiterno, como su Nueva Jerusal�n Glorificada por su 
coraz�n sant�simo", por ejemplo. 

Porque todos los seres creados por la palabra, por el nombre 
y por las manos de nuestro Dios, con la ayuda id�nea de su 
Esp�ritu y de su �rbol de vida, entonces "tienen que rendirle 
gloria, elogio, loor y santidad a �l y a su nombre sant�simo, 
para posteriormente poder comenzar la nueva vida eterna", con 
gran gozo en nuestros corazones. Y para que esto suceda en 
los d�as venideros, entonces cada tinieblas que habita en el 
coraz�n de Ad�n, de Eva y as� tambi�n de cada uno de sus 
descendientes de todas las razas, pueblos, linajes, tribus y 
reinos de la tierra, "tiene que haber sido juzgada y 
justamente corregida", de acuerdo a la Ley bendita de nuestro 
Dios Eterno. 

Es por eso que "nuestro Dios lucha d�a y noche en contra de 
cada mal de Satan�s, como con cada mentira, con cada 
calumnia, con cada falsedad, con cada trampa malvada", para 
que cada una de las hondas tinieblas de cada uno de sus 
enemigos eternos, entonces sea subyugada en el mismo subsuelo 
del infierno, para que no se levante m�s. Y esto es s�lo 
posible en el para�so, en la tierra y as� tambi�n en 
cualquier lugar del m�s all�, como en el infierno y como en 
el lago de fuego, por los poderes sobrenaturales del Esp�ritu 
Santo y por la vida gloriosa de Jesucristo, "la cual resucito 
gloriosamente al Tercer D�a para alcanzar nuevas glorias, 
para el nuevo reino sempiterno". 

Porque "�ste nuevo reino de Dios es lleno de luz", y en donde 
ninguna tiniebla de Satan�s volver� a habitar para ser 
oscuridad para nadie m�s jam�s, como le sucedi� a los 
infelices y totalmente arruinados �ngeles ca�dos y hasta el 
mismo primer hombre y primera mujer de la humanidad entera, 
Ad�n y Eva, por ejemplo, en el para�so. Porque "ciertamente 
est� profetizado por los profetas de nuestro Dios, que viene 
ya una nueva vida celestial e infinita", para ser vivida por 
cada uno de nosotros, en toda la tierra, con nuestro Dios, 
con su Esp�ritu Santo, con su �rbol de vida eterna y con cada 
uno de sus �ngeles gloriosos y fieles a �l, eternamente y 
para siempre.  

Y como nuestro Dios desea comenzar a vivir ya su nueva vida 
infinita, no s�lo con sus �ngeles y con sus siervos fieles a 
�l y a su fruto de vida de la antig�edad, sino tambi�n de 
hoy, como con nosotros mismos de todas las familias de la 
tierra, pues entonces "no cesa a�n �l de trabajar por este 
bien eterno". Y esto es de s�lo ver al hombre, a la mujer, al 
ni�o y a la ni�a de toda la tierra, "libres infinitamente de 
toda influencia de las terribles y hondas tinieblas de 
Satan�s y de sus �ngeles ca�dos", por ejemplo, para que "s�lo 
la luz del �rbol de la vida, incesantemente brille en ellos 
aqu� y hasta el infinito". 

Es por eso "que la diestra de nuestro Dios no se acortado 
a�n", sino que sigue extendida desde el cielo, como desde sus 
lugares de su propia habitaci�n personal, "para tocar 
nuestros corazones y nuestras almas infinitas", con los 
poderes sobrenaturales de su palabra viva, para que creamos 
en �l, por medio del nombre sagrado y sumamente milagroso de 
su unig�nito. Porque s�lo por medio de su Hijo amado, nuestro 
Se�or Jesucristo, entonces "no habr� m�s separaci�n alguna 
entre nosotros en la tierra y �l, nuestro Padre Celestial que 
est� en los cielos", para poder entonces tener una 
comunicaci�n santa y constante d�a y noche y por siempre en 
la tierra y en la nueva eternidad venidera, por siempre y 
para siempre. 

Porque, cuando no creemos en el llamado de nuestro Creador, 
por medio de su unig�nito, nuestro Salvador Jesucristo, 
entonces "hemos de seguir viviendo entre la confusi�n de la 
ceguera espiritual de nuestros corazones", para s�lo ver lo 
que vemos normalmente y hasta lo que no vemos igual, por 
medio de las hondas tinieblas de la primer mentira de Eva. Y 
as� jam�s hemos de conocer la verdadera felicidad de nuestros 
corazones infinitos, de conocer a nuestro Padre Celestial y a 
su Hijo amado, por medio del Esp�ritu de fe y de la gloria 
infinita y presencia constante en nuestras vidas de su 
Esp�ritu Santo. 

Y, de hecho, este es un mal terrible que nuestro Padre 
Celestial, ni su Esp�ritu Santo, ni su �rbol de vida eterna, 
ni ninguno de sus �ngeles celestiales, "jam�s deseo para 
ninguno de nosotros, en todos los lugares de la tierra", 
desde la antig�edad y hasta nuestros d�as, por ejemplo. 
Ciertamente, nuestro Padre Celestial desea s�lo luz y vida 
infinita, llena de sus m�s ricas y gloriosas bendiciones de 
sus tierras y de sus cielos santos del m�s all�, como de su 
gran ciudad celestial: "La Nueva Jerusal�n llena de gloria, 
paz, gozo, felicidad, salud y de vida eterna del gran rey 
Mes�as de todos los tiempos", �nuestro Salvador Jesucristo!

EL QUE DICE QUE NO TIENE PECADO TRATA DE ENGA�AR

Ahora, el que dice que no tiene pecado, entonces "se est� 
mintiendo a si mismo para mal de su vida y para mal de la 
vida de muchos m�s, tambi�n", en muchos lugares de la tierra, 
como ha venido sucediendo a trav�s de los tiempos de la 
historia de toda la tierra y con todo pecador malvado, por 
ejemplo. Porque la maldad de Satan�s se riega como flor 
silvestre por todos lados, para alcanzar su fin: "la muerte 
del coraz�n de cada una de sus victimas"; pues a �l no le 
importa quien cae o no, pues, s�lo le importa llenar de 
pecados toda vida humana, para desacreditar las manos santas 
de Dios y el supremo sacrificio de Jesucristo.  

Por ello, las tinieblas "no dejan de formar pecados" en la 
vida del hombre. Pues es como una comunicaci�n constante 
entre unas tinieblas y la otra, para abarcar a la humanidad 
entera y a toda la tierra, tambi�n con sus muchos males de 
siempre, "los cuales afligen a nuestro Dios y a cada uno de 
sus seres creados", sean �ngeles del cielo u hombres de 
nuestro Salvador Jesucristo en toda la tierra. Porque el mal 
de una persona no se queda en un solo lugar, sino que "avanza 
siempre hacia otros lugares", por los poderes terribles de 
las tinieblas del pecado de Ad�n, por ejemplo, en nuestros 
corazones y en nuestros esp�ritus humanos, "afectando as� 
negativamente la vida humana y hasta animal, tambi�n, de toda 
la tierra, por ejemplo". 

Y "nuestro Dios lucha siempre en contra de las primeras 
tinieblas de mentiras de Eva", para frenar el mal del pecado 
y as� no haga tanto da�o al regarse por muchos lugares, 
"afectando as� desfavorablemente los corazones de muchas 
gentes", totalmente inocentes al mal de las mentiras, 
falsedades, calumnias, artima�as y muchos males m�s de 
Satan�s, por ejemplo. Entonces para nuestro Padre Celestial, 
"la verdad es que si confesamos irresponsablemente que no 
tenemos pecado, realmente nos enga�amos a nosotros mismos", 
como el m�s vil de los hombres de toda la tierra, como el 
mismo Satan�s de las profundidades del bajo mundo de los 
muertos, por lo cual, la verdad "no est� en nosotros para 
nada". 

Es decir, que estamos viviendo en las mismas profundas 
tinieblas de la primera mentira de Eva, "en la cual cay� Ad�n 
y as� sucesivamente cada uno de sus descendientes", en sus 
millares, en toda la creaci�n de Dios, comenzando desde el 
para�so, por ejemplo, y hasta tocar la vida de muchos, hoy en 
d�a. Y "esto es un mal terrible para muerte eterna", para 
cualquier pecador y para cualquier pecadora de toda la 
tierra, sea quien sea la persona, desde los d�as de la 
antig�edad, como desde el para�so y as� tambi�n en nuestros 
d�as, como cuando toco tu vida, mi estimado hermano y mi 
estimada hermana, para enga�arte y causarte da�o a la vez. 

Porque la verdad es que s�lo nuestro Se�or Jesucristo es el 
�nico, desde el para�so y hasta hoy mismo, "quien realmente 
no ha cometido pecado, ni le ha mentido jam�s a nadie"; por 
lo cual, "s�lo nuestro Se�or Jesucristo es el �nico que jam�s 
ha mentido a ninguno, ni hasta el mismo Santas le ha mentido 
a�n, hasta la fecha". Porque con todos con los que nuestro 
Se�or Jesucristo hablo, pues, "siempre les dijo la verdad por 
inicio", guste o no les guste, no tanto para que se hieran o 
se enojen con �l, sino para que se alejen de la mentira y as� 
se sanen de sus males de siempre y vivan, y no mueran nunca 
m�s. 

Porque la verdad de nuestro Se�or Jesucristo "es que sana y 
salva la vida de todo hombre, mujer, ni�o y ni�a de la 
humanidad entera", para gloria de nuestro Dios; es m�s, s�lo 
nuestro Se�or Jesucristo "es quien realmente nos perdona 
nuestros pecados y nos sana de todos los males y a�n de los 
m�s terribles de la humanidad entera". Y nuestro Se�or 
Jesucristo siempre nos dijo la verdad, y a�n lo sigue 
haciendo as� desde el cielo, por los poderes sobrenaturales 
del Esp�ritu de su palabra y de su Ley Bendita, en nuestros 
corazones y en nuestros esp�ritus humanos, "para hacernos 
libres, de los males terribles que conllevan la mentira, la 
calumnia, la falsedad y en fin muchos males m�s". 

Porque una vez m�s te digo lo mismo: "S�lo nuestro Salvador 
Celestial nos perdona nuestros pecados y nos limpia por su 
sangre de las mentiras de Satan�s", para llenarnos de sanidad 
y salud infinita en nuestros corazones, en nuestros 
esp�ritus, en nuestras almas y en nuestros cuerpos humanos, 
en la tierra y en el para�so, hoy en d�a y siempre. Y nuestro 
Dios lucha en contra toda mentira y sin parar, porque 
verdaderamente "la mentira mata y hace da�o no s�lo a sus 
victimas, sino tambi�n a muchas personas totalmente 
inocentes", las cuales sufren igualmente sus males terribles 
en toda la tierra, como la peor plaga de sus vidas, porque 
alguien crey� en la mentira equivocadamente, para mal de sus 
vidas. 

Y nuestro Dios desea que escapemos todos estos males 
terribles del mal del pecado de Ad�n y de Satan�s, cuanto 
antes mejor, "para que as� ya no suframos m�s los males de 
nuestros enemigos eternos de siempre", sino que gocemos 
continuamente s�lo el bien absoluto de la salud y de la vida 
eterna de nuestro �rbol de vida, �nuestro Se�or Jesucristo! 
Porque s�lo con el Se�or Jesucristo en nuestros corazones, 
entonces "no tenemos mentiras en nosotros": si as� es, "no 
hay mentira alguna con nuestro Jesucristo en nuestras vidas, 
sino s�lo la �nica verdad del cielo y del coraz�n sagrado de 
nuestro Padre Celestial y de su Esp�ritu Santo, para el bien 
eterno de nuestras nuevas vidas infinitas. 

Porque s�lo con el Esp�ritu del nombre sagrado, ungido y 
sumamente milagroso de nuestro Jesucristo, "es que realmente 
hablamos en la luz de la vida eterna con nuestros corazones, 
con nuestros esp�ritus y con nuestros labios a nosotros 
mismos y a los dem�s, igualmente", para honra de nuestro 
Creador, siempre -y hasta para callarle la boca a Satan�s, 
tambi�n-. Porque la verdad es tambi�n, "de que s�lo nuestro 
Se�or Jesucristo puede callarle la boca no s�lo a Satan�s 
sino a cada uno de sus seguidores malvados y mentirosos", 
como los �ngeles ca�dos y la gente de la mentira eterna, por 
ejemplo, para que no digan m�s mentiras, falsedades y 
calumnias en contra de los que sinceramente aman a Dios. 

Porque, de otra manera, sin el Se�or Jesucristo en nuestras 
vidas, entonces "s�lo salen mentiras tras mentiras de 
nuestros corazones y de nuestros labios, para hacernos mal a 
nosotros mismos", sin que nos demos cuenta de nada muchas 
veces y hasta para tocar y hacerles da�o a mucha gente 
inocente, tambi�n, desgraciadamente, --aunque no lo queramos 
as� muchas veces--. Porque siempre la mentira de alg�n 
coraz�n o labios embusteros "es que realmente empieza el mal 
de alguna persona inocente", como le sucedi� a Ad�n en el 
para�so, cuando Eva se le acerco con las mentiras de su mejor 
amiga, la serpiente, para hacerle tropezar en contra de 
Jesucristo, para mal de su vida y de la de sus descendientes, 
tambi�n. 

Entonces "el Se�or Jesucristo tiene que ser primero, como el 
n�mero uno, en nuestros corazones" y en cada una de todas las 
cosas que emprendamos en nuestras vidas por la tierra y hasta 
en el mismo cielo, por supuesto, como los �ngeles fieles 
hacen siempre, por ejemplo, para gloria y honra de nuestro 
Dios que habita en nuestras alturas por siempre. Y as� jam�s 
nos suceder� a ninguno de nosotros, lo que le sucedi� a Ad�n 
en el para�so, por ejemplo, "cuando crey� a las mentiras de 
Satan�s" por medio del coraz�n y de los labios, 
supuestamente, de la mejor amiga de Eva, la serpiente, "para 
ser finalmente enga�ado y, a la vez, destituido de la gloria 
eterna de Dios". 

Pienso, pues, que si Eva hubiese comido del �rbol de la vida 
primero antes del fruto prohibido, por ejemplo, entonces "no 
le hubiese mentido a Ad�n sino todo lo contrario". Eva, en 
verdad, s�lo "le hubiese dicho la verdad a Ad�n", para que �l 
no se enga�e a si mismo sino que siga sus pasos siempre hacia 
delante, por el camino de la verdad y de la vida, el cual 
conduce s�lo al lugar secreto de nuestro Dios en el cielo 
mucho m�s alto que el reino de los �ngeles. 

En vista de que, "Ad�n tenia que permanecer en la verdad de 
Dios y de su Hijo amado" en su coraz�n en el cielo, en el 
para�so y en todos los lugares de la creaci�n de Dios y as� 
tambi�n con cada uno de sus descendientes, en sus millares y 
para siempre, en la nueva eternidad venidera del nuevo reino 
celestial. Y esto es, hoy en d�a, como en el para�so de la 
antig�edad, "de comer y de beber por siempre y para siempre, 
de acuerdo al mandato de nuestro Padre Celestial, del �rbol 
de la vida eterna", �nuestro Se�or Jesucristo!, para entonces 
poder seguir viviendo en el para�so muy felices y con nuestro 
Dios y con su Esp�ritu Santo, por ejemplo. 

Pero como Eva comi� primero del fruto prohibido del �rbol de 
la ciencia del bien y del mal, entonces "si pudo comenzar a 
mentirle a su esposo, Ad�n, de la misma manera que la 
serpiente le hab�a mentido a ella", para que coja y coma del 
fruto del mal eterno de la humanidad entera. Porque el �rbol 
de la ciencia del bien y del mal es en si el fruto del mal 
eterno "no s�lo de Ad�n, sino tambi�n de cada uno de los 
�ngeles del cielo y as� tambi�n, como es l�gico, de cada 
hombre, mujer, ni�o y ni�a del linaje humano" para muerte y 
destrucci�n eterna de sus vidas, en el infierno abrumador. 

Es decir, que "si Eva no muerde del fruto prohibido, entonces 
jam�s le hubiese podido mentir a Ad�n" por m�s que lo desease 
hacer as� en su coraz�n; pero como si mordi� del fruto 
prohibido y comi� de �l, entonces "tuvo las tinieblas de 
rebeli�n en su coraz�n para decir la primera mentira del 
para�so y de todo el linaje humano". De otra manera, si Eva 
no hubiese mordido del fruto prohibido, entonces "no hubiesen 
actuado las tinieblas de Satan�s en su coraz�n para mentirles 
a Ad�n y a sus descendientes", en el para�so y en toda la 
creaci�n de Dios, por ejemplo, como sucede hoy en d�a entre 
todo mentiroso y entre toda mentirosa del mundo entero. 

Porque la verdad es que "cuando Eva mordi� del fruto 
prohibido, entonces no s�lo le pudo mentir Satan�s a Ad�n 
sino tambi�n a todos nosotros", como descendientes directos 
de Ad�n, por ejemplo, para mal, dolor, sufrimiento de 
enfermedades terribles y hasta de la muerte misma en el 
infierno y en el lago de fuego eterno, tambi�n, por ejemplo. 
Entonces la primera mentira que el hombre crey� en su 
coraz�n, sin darse cuenta lo que verdaderamente estaba 
haciendo con su vida en el cielo, no fue tanto de la 
serpiente ni menos de Ad�n, sino de Satan�s en Eva misma, por 
ejemplo, como la primera mujer pecadora del linaje humano del 
para�so y de toda la tierra, tambi�n. 

Porque luego Ad�n y Eva descendieron de la gloria de Dios del 
para�so ha seguir viviendo sus vidas rebeldes al nombre del 
Se�or Jesucristo, "el �nico fruto de la vida eterna" en el 
para�so, en la tierra y en el m�s all�, tambi�n, "para 
perd�n, bendici�n, salud y salvaci�n eterna de nuestras almas 
infinitas". Entonces nuestro Dios nos llama d�a y noche a 
comer y a beber s�lo de su fruto de vida, su unig�nito, "para 
ponerle fin a las primeras tinieblas de la mentira de Eva en 
nuestros corazones, en nuestras sangres, en nuestras cuerpos 
humanos", para que s�lo el bien eterno de Jesucristo comience 
a vibrar vida en abundancia en todo nuestro ser. 

De otra manera, "estamos muertos en las profundas tinieblas 
de las mentiras de Eva", las cuales Ad�n crey� en su coraz�n 
para mal de su vida y la de los suyos, tambi�n, como sucede 
hoy en d�a contigo y con los dem�s, mi estimado hermano y mi 
estimada hermana, que no conocen la luz del Hijo de Dios en 
sus corazones. Porque nuestro Se�or Jesucristo nos ense�� 
que, verdaderamente, "s�lo �l es la luz del mundo y nadie 
m�s"; por tanto, "s�lo con �l en nuestros corazones podemos 
realmente ver todo lo que es real y verdadero en el para�so, 
en la tierra y en el m�s all�, tambi�n", para siempre, como 
en la nueva eternidad venidera, de todo ser viviente. 

Y si nuestro Seor Jesucristo es la luz del mundo, entonces 
tambi�n �l es la luz de nuestro Padre Celestial, de su 
Esp�ritu Santo y de cada �ngel del cielo, tambi�n; por ello, 
s�lo nuestro Se�or Jesucristo es quien realmente nos alumbra 
m�s all� de nuestras tinieblas, para que no veamos m�s el 
mal, sino s�lo el bien eterno. Porque cada mentira que sale 
de nuestra boca es en si tiniebla, "la misma tiniebla de 
Satan�s y de la serpiente antigua que destruyo la vida de Eva 
y as� sucesivamente a Ad�n y a sus descendientes" y hasta 
tocar a nuestro Salvador Jesucristo sobre la cruz del madero, 
en las afueras de Jerusal�n, en Israel, para fin de la misma.  

Entonces "tenemos que recibir al Se�or Jesucristo en nuestros 
corazones antes hoy que ma�ana", para comenzar a vivir libres 
de las primeras terribles mentiras y rebeldes de Eva en 
nuestras vidas espirituales, por ejemplo, para bien de 
nuestras nuevas vidas y para bien de la felicidad y de la 
vida de muchos, tambi�n, en toda la tierra y en el para�so. 
Para que as� s�lo hablemos lo que le agrada a nuestro Dios y 
a su Esp�ritu Santo, y esto es "de hablar siempre la verdad, 
para que la luz de su Hijo amado sea cada vez mayor en toda 
la tierra y as� dejen de existir las tinieblas del primer 
pecado de Eva y Ad�n en nuestras vidas humanas", por ejemplo. 

Porque son las primeras tinieblas del primer pecado de Ad�n 
que inicialmente crey� de su esposa Eva en su coraz�n, "las 
cuales realmente nos han hecho muchos males", desde el d�a 
que �l mismo descendido del para�so, para vivir en la tierra 
y hasta nuestros d�as, por ejemplo. Y estas primeras 
tinieblas de mentira de Eva en el coraz�n de Ad�n "no han 
terminado con ninguno de nosotros", es decir, si no aceptamos 
al Se�or Jesucristo en nuestros corazones, como nuestra �nica 
y suficiente verdad de todo nuestro ser y de toda nuestra 
vida humana, en el cielo y en la tierra, por siempre y para 
siempre. 

Porque es esta verdad de Dios y de su �rbol de vida eterna en 
nuestras vidas, en vez de las mentiras de Satan�s, "para 
alcanzar el perd�n, la paz, la gloria y la nueva vida 
infinita, llena de sus m�s ricas y gloriosas bendiciones de 
Dios y de su Esp�ritu Santo, en nuestros corazones y en 
nuestros cuerpos humanos". Pero si seguimos viviendo en las 
primeras mentiras de Eva, por ejemplo, como le sucedi� a 
Ad�n, entonces "moriremos infinitamente en la tierra y en el 
infierno para ser finalmente lanzados, despu�s del juicio 
final de Dios, al lago de fuego eterno del m�s all�". 

Porque "el destino final de nuestras mentiras es el 
infierno", entre los muertos de mundos pasados y hasta 
olvidados de la antig�edad pecadora; pero "la verdad del 
Se�or Jesucristo es la vida eterna entre �ngeles gloriosos, 
su Esp�ritu Santo y nuestro Padre Celestial en el nuevo reino 
de los cielos", como en La Nueva Jerusal�n Santa y Colosal 
del cielo. Es por eso que "nuestro Se�or Jesucristo tiene que 
ser parte de nuestros corazones y de nuestras vidas antes hoy 
que ma�ana", para escapar el mal antiguo de las primeras 
tinieblas de Eva en nuestra sangre, en nuestros corazones, en 
nuestros esp�ritus y en nuestros cuerpos humanos, por 
ejemplo. 

Porque "estas mismas tinieblas del para�so est�n en nuestras 
vidas a�n por inicio", por medio del esp�ritu de vida de 
nuestra sangre humana, para hacernos siempre todas clases de 
males, de las cuales destruyeron primero la vida de Eva para 
seguir as� sucesivamente su camino de mal en peor en la 
tierra, para que la humanidad no viva sino que muera. Y 
nuestro Padre Celestial no desea que t� ya no camines por el 
camino del mal y de la enfermedad, sino "�nicamente por el 
camino de la vida y de la verdad del cielo", el cual nos 
conduce d�a a d�a a la presencia gloriosa de nuestro Padre 
Celestial que est� en los cielos. 

Porque s�lo con nuestro Creador y en sus manos santas, es 
que, realmente, "somos felices en nuestros corazones, en 
nuestros esp�ritus, en nuestras almas, en nuestras fuerzas y 
en nuestros cuerpos humanos", en el para�so, en la tierra y 
en La Nueva Jerusal�n Colosal del cielo, por ejemplo, mi 
estimado hermano y mi estimada hermana. Entonces no sigas 
caminando el camino de siempre, "como el de Ad�n y Eva, lleno 
de mentiras y, peor a�n, sin el fruto de la vida eterna en 
sus vidas", para morir finalmente y caer muertos y condenados 
al fuego eterno del infierno, como todo pecador vil, 
mentiroso, calumniador, enga�ador, farsante, due�o de lo 
ajeno, como Satan�s mismo, por ejemplo. 

Adem�s, "�ste es el camino en el cual todo hombre, mujer, 
ni�o y ni�a de toda la tierra ha nacido", no por voluntad 
propia sino por culpa de Eva, para entonces seguir caminando 
por el camino del error, de la rebeli�n y de la muerte en 
contra de Jesucristo, no s�lo en el mundo sino tambi�n en el 
m�s all�. Y esto es realmente "entrar desde ya en el mundo de 
los muertos", el infierno y finalmente la segunda muerte de 
la muerte de todo pecador y de toda pecadora, condenado a 
morir por si mismo por su pecado original, "de no creer en el 
Se�or Jesucristo en su coraz�n", �el lago de fuego eterno! 

Porque ese es el pecado original de Ad�n y de Eva, "mentir", 
el cual nos ha revestido de todas clases de males habidos y 
por haber, por ejemplo, de no creer en la verdad del fruto de 
nuestra �nica vida eterna, �nuestro Se�or Jesucristo! 
Entonces cada vez que una persona dice, por ejemplo, que no 
conoce al Se�or Jesucristo como su fruto de vida eterna en su 
coraz�n, en realidad, "est� manifestando el primer pecado de 
mentiras y de las tinieblas de Eva y de sus muchos males en 
su vida terrenal", sin que realmente se d� cuenta de todo 
ello. 

Y, de hecho, �ste es el pecado m�s horrible y detestable para 
nuestro Padre Celestial, para su Esp�ritu Santo y para sus 
�ngeles del cielo, "por el cual todos los �ngeles ca�dos, 
comenzando con Satan�s, no pudieron quedarse en el cielo ni 
por un s�lo instante m�s", sino que tuvieron que salir 
inmediatamente de �l. Es decir, como un ejemplo, digamos por 
unos momentos, que t� mismo, mi estimado hermano, entras al 
para�so de regreso por vez primera en tu vida, desde el d�a 
que naciste en la tierra, pues entonces "te dar�s cuenta que 
eres rechazado en el para�so, y has de tener que salir de ah� 
volando", al instante o cuanto antes mejor. 

Y saldr�s del para�so lo m�s pronto posible, porque "te 
sentir�s con una verg�enza tan profunda en tu coraz�n y en 
toda tu alma, tambi�n", porque el primer mentira de Eva y de 
Ad�n ha de estar en ti, como estuvo con ellos en el d�a de su 
salida del para�so, por ejemplo. Y "tendr�s que descender del 
para�so a seguir viviendo tu vida en la tierra inmediatamente 
por tu gran verg�enza", porque no tienes la vida suficiente o 
tu vida terrenal no es compatible para entrar y vivir en el 
para�so o en el reino de los �ngeles, por ejemplo, con Dios, 
con su Esp�ritu Santo y con su �rbol de vida eterna. 

En realidad, esto fue lo que les sucedi� a Ad�n y a Eva en el 
para�so, pues, ambos tuvieron que descender del cielo con 
mucha verg�enza en sus esp�ritus y en sus cuerpos humanos, 
"por culpa del error de no creer en sus corazones y de 
confesar con sus labios el fruto de la vida eterna", �nuestro 
Salvador Jesucristo! Pero, sin embargo, si t� mismo comes del 
fruto del �rbol de la vida, nuestro Salvador Jesucristo, en 
aquella hora, entonces "t� te quedas en el para�so y, 
inmediatamente, Ad�n y Eva tienen que salir de �l, a seguir 
viviendo sus vidas rebeldes a Jesucristo en la tierra", y 
hasta que reconozcan que s�lo Jesucristo es el salvador de 
sus almas infinitas. 

Ahora, desde el d�a que Ad�n se neg� a comer del �rbol de la 
vida, delante de Dios y de su Esp�ritu Santo, "es que el 
hombre miente a todo lo queda y hasta m�s no poder", ya sea 
que lo hace por que le nace o porque necesita ganarse el pan 
del d�a o porque quiere salirse con las suyas. Pues 
cualquiera que sea la verdad, en todas las situaciones 
mencionadas, "el hombre no ha dejado de mentir o de faltarle 
a la verdad de Jesucristo", desde el d�a que Eva le dio de 
morder y de comer del fruto prohibido del �rbol de la ciencia 
del bien y del mal del para�so, por ejemplo. 

Y es por eso que t� mismo, mi estimado hermano y mi estimada 
hermana, en algunas ocasiones o en repetidas veces "has 
mentido por alguna raz�n u otra en tu vida", para alcanzar tu 
meta o salirte con la tuya a como de lugar, �verdad o no? Y, 
adem�s, hay personas que t� menos piensas que mienten; pero 
mienten y mienten, y muchas veces piensas que est�n diciendo 
la verdad, tambi�n, pero "cuando menos te das cuenta entonces 
ves que realmente jam�s dijeron ni una sola verdad, sino que 
todas fueron mentiras tras mentiras para salirse con las 
suyas a como mejor puedan". 

Y a las personas mentirosas, como las que di por ejemplo 
antes, ciertamente mienten como cualquier otra persona 
pecadora, porque "el esp�ritu del error del primer pecado de 
Eva y de Ad�n est�n en ellas asimismo", es decir, de la misma 
manera que estuvo la primera mentira con Eva en el para�so 
para enga�o y para mal eterno de muchos. Y con la primera 
mentira de Eva, por ejemplo, entonces "vinieron sus primas", 
como la calumnia, la falsedad, la maldad, la difamaci�n y 
finalmente la muerte eterna en la tierra, para caer entre las 
llamas ardientes del fuego eterno del infierno, en donde 
nadie vuelve a salir con vida nunca m�s, porque Jesucristo no 
profundizo en su coraz�n jam�s. 

Porque todos los que mienten y as� siguen su camino de 
maldad, de falsedad, de patra�as y de cr�menes incre�bles en 
contra de Dios, de su Ley Santa y de su �rbol de vida eterna, 
nuestro Se�or Jesucristo, entonces "tienen su d�a final entre 
los rebeldes eternos del reino de los cielos, Satan�s y sus 
�ngeles ca�dos, en el infierno". Y los mentirosos m�s 
abominables para nuestro Padre Celestial son aquellos que 
dicen "que no tienen pecado", por lo tanto, "no necesitan la 
salvaci�n de Dios en sus corazones": -- por cierto --�sta es 
"la mentira m�s grande del coraz�n pecador, perdido, 
confundido y enga�ador de toda la tierra. 

Para nuestro Padre Celestial estos son los que est�n m�s 
hundidos en las profundas tinieblas de Satan�s y no lo saben: 
"porque en ninguno de ellos hay verdad alguna"; pues ellos 
mismos "son tan mentirosos como Satan�s", para mal y para 
muerte eterna del coraz�n y de la vida misma de muchos 
ingenuos, ani�ados, inocentes en toda nuestra vasta tierra. 
Porque es Satan�s quien viene diciendo desde la antig�edad: 
"Yo no he mentido a nadie; yo no le ment� a Ad�n, ni a 
ninguno de sus hijos". 

"Fue Eva quien le minti� a Ad�n", continua Satan�s 
defendi�ndose, "porque crey� a lo que le dijo la serpiente 
antigua del Jard�n del Ed�n de si misma, para que no coma del 
fruto del �rbol de la vida eterna, sino del �rbol prohibido 
para mal y muerte de sus vidas, en el para�so y en el m�s 
all�, para siempre". Entonces cada vez que una persona 
miente, "realmente est� hablando por el �rbol de la ciencia 
del bien y del mal"; pero cada vez que una persona habla la 
verdad, "entonces est� objetivamente hablando de la verdad de 
Dios y de su Hijo amado, nuestro Se�or Jesucristo", �nuestro 
�nico fruto de vida eterna! 

Ahora, el que dice mentiras siempre, realmente "est� hablando 
por Satan�s para mal continuo de su vida y la de los suyos, 
tambi�n"; pero el que dice la verdad "est� seriamente 
hablando la verdad de Dios y de su Jesucristo para salud, 
sanidad, vida y sus m�s ricas y gloriosas bendiciones" de 
nuestros corazones y de nuestras almas infinitas. Son como 
las religiones falsas, por as� decirlo, por ejemplo: pues, 
ellas mismas "s�lo pueden hablar mentiras del esp�ritu de 
error" y jam�s la verdad del Se�or Jesucristo, nuestro �rbol 
de vida eterna, porque simplemente "no hay verdad alguna, 
porque el Esp�ritu del fruto del �rbol de la vida no est� en 
ellas", ni en sus feligreses, tampoco, por ejemplo. 

Porque toda doctrina religiosa, "la cual no confiesa el amor 
de nuestro Padre Celestial por su �rbol de vida", nuestro 
Se�or Jesucristo, entonces "habla de su esp�ritu de error, de 
su esp�ritu adverso a los Diez Mandamientos", como s�lo 
mentiras tras mentiras de si misma, por ejemplo, para mal de 
todos los que van a misa, totalmente ingenuos a la verdad. 
Pero, sin embargo, toda doctrina, como "la cual hable del 
Esp�ritu de amor de nuestro Padre Celestial por su �rbol de 
vida", nuestro Salvador Jesucristo, entonces "esta hablando 
en el Esp�ritu Santo de Dios: s�lo vida y salud en abundancia 
de si misma" para bien eterno de sus feligreses, en todos los 
lugares de la tierra. 

Porque fue Jesucristo quien declaro abiertamente a Israel y a 
la humanidad entera: "Yo soy la verdad, el camino y la vida; 
nadie puede ver a Dios sino es por m�". Entonces todo aquel 
que dice la verdad, sin duda alguna, en su coraz�n, en su 
esp�ritu y en su alma humana, "ama grandemente a Jesucristo 
para alegr�a y para gozo infinito del coraz�n no s�lo de 
nuestro Padre Celestial sino tambi�n de su Esp�ritu Santo y 
de sus �ngeles fieles a �l, eternamente y para siempre". 

Y todo aquel que dice "siempre mentiras tras mentiras como si 
nada", entonces sin darse cuenta de nada, "est� hablando por 
el mal antiguo", como si amara el mal y la maldad de su vida 
y la de los dem�s rebeldes como �l mismo, por ejemplo, o como 
Satan�s y sus falsas doctrinas en religiones de maldiciones y 
de muerte eterna. Por lo tanto, todos los que dicen que el 
Se�or Jesucristo no es su Hijo amado, entonces mienten 
terriblemente en sus corazones, para condena eterna: "porque 
lamentablemente no han cre�do a la verdad antigua de Dios y 
de sus huestes de �ngeles gloriosos de la vida santa y 
sumamente gloriosa del reino de los cielos". Y esto es que el 
Se�or Jesucristo es su Hijo amado.

Y ellos mismos, los que no pueden decir ninguna verdad con 
sus corazones ni menos con sus labios, entonces "son los que 
doblan sus rodillas a �dolos e im�genes de talla para 
quebrantar una y otra vez Los Diez Mandamientos de Dios, como 
si nada", para ofender a Dios y a su Jesucristo que est�n en 
los cielos. Y esto significa que "el Esp�ritu de Dios no est� 
en ellos, ni menos en sus lideres religiosos", para que 
puedan decir la verdad y bendecir al Hijo de Dios en sus 
corazones y con sus labios, a nuestro Se�or Jesucristo, para 
alegr�a de si mismos, de nuestro Padre Celestial, de su 
Esp�ritu Santo y de sus �ngeles del cielo. 

Porque en el cielo hay fiesta y mucha alegr�a, "cada vez que 
un pecador o una pecadora deja de mentir", como Eva o como 
Ad�n-por ejemplo- "para gloria y para honra a la verdad, a la 
justicia y al derecho de comer y de beber por siempre, del 
�rbol de la vida eterna", �nuestro Se�or Jesucristo! Es por 
eso que el Se�or Jesucristo les dec�a a las multitudes de 
Israel: "por sus frutos los conocer�n a cada uno de todos 
ellos, si son de Dios o no; as�, pues, sean sabios, 
cuidadosos, entendidos, juiciosos y no se dejen enga�ar de 
nadie jam�s". 

Por cuanto, todo aquel que confiesa con sus labios que "el 
Se�or Jesucristo es su Hijo amado, entonces ha dicho la 
verdad m�s grande de su vida y de la vida gloriosa de nuestro 
Padre Celestial y de su nuevo reino de los cielos", como la 
nueva vida celestial e infinita de La Nueva Jerusal�n Colosal 
del cielo, por ejemplo. Porque en el reino de los cielos, 
para los �ngeles no hay mayor verdad que est�, que "el Se�or 
Jesucristo es el Hijo de Dios, eternamente y para siempre, en 
sus corazones y en sus nuevas vidas infinitas del nuevo reino 
celestial". 

Porque los �ngeles de Dios "tambi�n han de entrar a la nueva 
vida eterna del cielo, creyendo en sus corazones y confesando 
con sus labios, de que el Se�or Jesucristo es el Hijo de 
Dios": y, adem�s, en donde no habr� m�s mentiras de Satan�s 
sino s�lo la verdad pura, perfecta, santa y justa del �rbol 
de la vida, �nuestro Jesucristo! Y hasta que �ste gran d�a 
glorioso, de la nueva vida de la humanidad entera, llegue a 
nuestras vidas, entonces "la diestra Todopoderosa de nuestro 
Dios no se mover� de su lugar de sobre la faz de la tierra 
para perdonar, sanar, bendecir y llenar de vida eterna a todo 
aquel que le ame a �l, en su verdad antigua": �Jesucristo! 

El amor (Esp�ritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su 
Jesucristo es contigo.


�Cultura y paz para todos, hoy y siempre!


D�gale al Se�or, nuestro Padre Celestial, de todo coraz�n, en 
el nombre del Se�or Jesucristo: Nuestras almas te aman, 
Se�or. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras 
almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y 
sobrenatural, en la tierra y en el cielo, tambi�n, para 
siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, 
nuestro Se�or Jesucristo.

LOS �DOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS

Es por eso que los �dolos han sido desde siempre: un tropiezo 
a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo 
eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, 
de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su 
Esp�ritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en 
�sta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quiz� que 
el fin de todos los males de los �dolos termine, cuando 
llegues al fin de tus d�as. Pero esto no es verdad. Los 
�dolos con sus esp�ritus inmundos te seguir�n atormentando 
d�a y noche entre las llamas ardientes del fuego del 
infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. 
En verdad, el fin de todos estos males est� aqu� contigo, en 
el d�a de hoy. Y �ste es el Se�or Jesucristo. Cree en �l, en 
esp�ritu y en verdad. Usando siempre tu fe en �l, escaparas 
los males, enfermedades y los tormentos eternos de la 
presencia terrible de los �dolos y de sus huestes de 
esp�ritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de 
los tuyos tambi�n, para la eternidad del nuevo reino de Dios. 
Porque en el reino de Dios su Ley santa es de d�a en d�a 
honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de 
sus �ngeles santos. Y t� con los tuyos, mi estimado hermano, 
mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar 
cada letra, cada palabra, cada oraci�n, cada tilde, cada 
categor�a de bendici�n terrenal y celestial, cada honor, cada 
dignidad, cada se�or�o, cada majestad, cada poder, cada 
decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus 
muchas y ricas bendiciones de la tierra, del d�a de hoy y de 
la tierra santa del m�s all�, tambi�n, en el reino de Dios y 
de su Hijo amado, �el Se�or Jesucristo!, �El Todopoderoso de 
Israel y de las naciones!

S�LO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS

Esta es la �nica ley santa de Dios y del Se�or Jesucristo en 
tu coraz�n, para bendecirte, para darte vida y vida en 
abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha 
venido diciendo as�, desde los d�as de la antig�edad, desde 
los lugares muy altos y santos del reino de los cielos:

PRIMER MANDAMIENTO: "No tendr�s otros dioses delante de m�". 

SEGUNO MANDAMIENTO: "No te har�s imagen, ni ninguna semejanza 
de lo que est� arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni 
en las aguas debajo de la tierra. No te inclinar�s ante ellas 
ni les rendir�s culto, porque yo soy Jehov� tu Dios, un Dios 
celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, 
sobre la tercera y sobre la cuarta generaci�n de los que me 
aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a 
los que me aman y guardan mis mandamientos". 
 
TERCER MANDAMIENTO: "No tomar�s en vano el nombre de Jehov� 
tu Dios, porque �l no dar� por inocente al que tome su nombre 
en vano". 

CUARTO MANDAMIENTO: "Acu�rdate del d�a del s�bado para 
santificarlo. Seis d�as trabajar�s y har�s toda tu obra, pero 
el s�ptimo d�a ser� s�bado para Jehov� tu Dios. No har�s en 
ese d�a obra alguna, ni t�, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu 
siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que est� 
dentro de tus puertas. Porque en seis d�as Jehov� hizo los 
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y 
repos� en el s�ptimo d�a. Por eso Jehov� bendijo el d�a del 
s�bado y lo santific�". 
 
QUINTO MANDAMIENTO: "Honra a tu padre y a tu madre, para que 
tus d�as se prolonguen sobre la tierra que Jehov� tu Dios te 
da". 
 
SEXTO MANDAMIENTO: "No cometer�s homicidio". 

SEPTIMO MANDAMIENTO: "No cometer�s adulterio". 

OCTAVO MANDAMIENTO: "No robar�s". 

NOVENO MANDAMIENTO: "No dar�s falso testimonio en contra de 
tu pr�jimo". 
 
DECIMO MANDAMIENTO: "No codiciar�s la casa de tu pr�jimo; no 
codiciar�s la mujer de tu pr�jimo, ni su siervo, ni su 
sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu 
pr�jimo". 

Entr�gale tu atenci�n al Esp�ritu de Dios y deshazte de todos 
estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno 
de los tuyos, tambi�n. Hazlo as� y sin mas demora alguna, por 
amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los 
tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus 
�dolos y de sus im�genes de talla, aunque t� no lo veas as�, 
en �sta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, 
tambi�n. Y t� tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de 
todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde 
los d�as de la antig�edad, para seguir destruyendo sus vidas, 
en el d�a de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos 
males en sus vidas, sino que s�lo �l desea ver vida y vida en 
abundancia, en cada naci�n y en cada una de sus muchas 
familias, por toda la tierra.

Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Se�or 
Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y 
digamos juntos la siguiente oraci�n de Jesucristo delante de 
la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y 
salvador de todas nuestras almas: 

ORACI�N DEL PERD�N

Padre nuestro que est�s en los cielos: santificada sea la 
memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo 
amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el 
cielo as� tambi�n en la tierra. El pan nuestro de cada d�a, 
d�noslo hoy. Perd�nanos nuestras deudas, como tambi�n 
nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en 
tentaci�n, mas l�branos del mal. Porque tuyo es el reino, el 
poder y la gloria por todos los siglos. Am�n. 

Porque si perdon�is a los hombres sus ofensas, vuestro Padre 
Celestial tambi�n os perdonar� a vosotros. Pero si no 
perdon�is a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonar� 
vuestras ofensas.

Por lo tanto, el Se�or Jes�s dijo, "Yo soy el CAMINO, y la 
VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, 
sino es POR M�". Juan 14:

NADIE M�S TE PUEDE SALVAR.

�CONF�A EN JES�S HOY! 

MA�ANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. 

YA MA�ANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA 
TI Y LOS TUYOS, EN EL D�A DE HOY.

- Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de 
�ste MUNDO y su MUERTE.

Disponte a dejar el pecado (arrepi�ntete):

Cree que Jesucristo muri� por ti, fue sepultado y resucito al 
tercer d�a por el Poder Sagrado del Esp�ritu Santo y deja que 
entr� en tu vida y sea tu �NICO SALVADOR Y SE�OR EN TU VIDA.

QUIZ� TE PREGUNTES HOY: �QUE ORAR? O �C�MO ORAR? O �QU� 
DECIRLE AL SE�OR SANTO EN ORACI�N? -HAS LO SIGUIENTE, y di: 
Dios m�o, soy un pecador y necesito tu perd�n. Creo que 
Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi 
pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a 
venir a mi coraz�n y a mi vida, como mi SALVADOR.

�Aceptaste a Jes�s, como tu Salvador?  �S� _____?  O �No 
_____?

�Fecha? �S� ____?  O �No _____?

Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de 
una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora:

Lee la Biblia cada d�a para conocer mejor a Cristo. Habla con 
Dios, orando todos los d�as en el nombre de JES�S. Baut�zate 
en AGUA y en El ESP�RITU SANTO DE DIOS, adora, re�nete y 
sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es 
predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de 
Cristo a los dem�s.

Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros 
cristianos que los hermanos Pentecost�s o pastores del 
evangelio de Jes�s te recomienden leer y te ayuden a entender 
m�s de Jes�s y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros 
cristianos est�n disponibles en gran cantidad en diferentes 
temas, en tu librer�a cristiana inmediata a tu barrio, 
entonces visita a las librer�as cristianas con frecuencia, 
para ver que clase de libros est�n a tu disposici�n, para que 
te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios.

Te doy las gracias por leer m� libro que he escrito para ti, 
para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su 
Hijo amado y as� comiences a crecer en �l, desde el d�a de 
hoy y para siempre.

El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la 
paz de Jerusal�n d�a a d�a y sin cesar, en nuestras 
oraciones. Porque �sta es la tierra, desde donde Dios lanzo 
hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras 
bendiciones y salvaci�n eterna de nuestras almas vivientes. Y 
nos dice Dios mismo, en su Esp�ritu Eterno: "Vivan tranquilos 
los que te aman.  Haya paz dentro de tus murallas y 
tranquilidad en tus palacios, Jerusal�n". Por causa de mis 
hermanos y de mis amigos, dir� yo: "Haya paz en ti, siempre 
Jerusal�n". Por causa de la casa de Jehov� nuestro Dios, en 
el cielo y en la tierra: implorar� por tu bien, por siempre. 

El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el 
Esp�ritu de Dios a toda la humanidad, dici�ndole y 
asegur�ndole: - Qu� todo lo que respira, alabe el nombre de 
Jehov� de los Ej�rcitos, �el Todopoderoso! Y esto es, de toda 
letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo 
coraz�n, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y 
loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, 
como antes y como siempre, para la eternidad.


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Subject: (IV�N): LA DIESTRA DE DIOS NO SE ACORTADO PARA SALVARNOS DEL PECADO
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