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Started by valarezo
Mon, 30 Aug 2010 14:01
(IVÁN): YESHUA (JESUCRISTO) ES LUZ QUE ALUMBRA TU OSCURIDAD SIEMPRE:
Author: valarezo
Date: Mon, 30 Aug 2010 14:01
Date: Mon, 30 Aug 2010 14:01
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Sábado, 28 de agosto, año 2010 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo) (HONRAMOS A LOS TRES ESPAÑOLES CAÍDOS, EN AFGANISTÁN. Nuestras condolencias son para las familias de los tres Guardias Civiles españoles que cayeron en el cumplimiento de su deber, en Afganistán. Ellos gozan de la gran bendición divina de vivir con nuestro Padre celestial y su árbol de la vida eterna, nuestro Señor Jesucristo, en tierras santísimas del más allá, como el paraíso y su nuevo reino angelical. Ya que, para cada uno de ellos nuestro Padre celestial envía inicialmente a su Hijo Jesucristo al mundo, para que sean redimidos por su nacimiento virgen de la hija de David, para luego vivir su vida santa, cumpliendo así con el Espíritu Santo de los mandamientos y la exaltación gloriosa del nombre santísimo de nuestro Padre celestial. Y en su día, nuestro Señor Jesucristo fue clavado con ellos sobre los árboles cruzados de Adán y Eva al pie de la puerta sangrienta de Jerusalén, para que en el tercer día resucitar con sus nuevas vidas infinitas del nuevo reino angelical y así ya no tengan que morir jamás sino sólo vivir para la felicidad, para siempre.) YESHUA (JESUCRISTO) ES LUZ QUE ALUMBRA TU OSCURIDAD SIEMPRE: Oh Dios y salvador nuestro por la gloria a tu nombre ayúdanos ya; por amor a tu nombre santísimo y salvador, libéranos y perdona nuestros pecados, porque moriremos en nuestras tinieblas si tu nombre no nos ayuda. Señor Rabino Yeshua jaMashíax, sin tu nombre viviendo en nuestros corazones no somos nada sino sólo tinieblas delante de tu presencia gloriosa, listos para ser lanzados al fuego eterno del más allá: donde los impíos descienden a cada hora perdidos en sus delitos y pecados, porque no te conocieron jamás. Dale gloria y honra a tu nombre santísimo una vez más y sin medida alguna, para que sanen nuestros corazones y almas vivientes te adoren eternamente y para siempre, almas nuestras que creaste en el día de nuestra creación, en tus lugares más santos del reino de los cielos. Acuérdate de cada uno de nosotros cada vez que te acuerdes de tu nombre muy santo y salvador, para que nos liberes de nuestros propios males y de los males escondidos de nuestros enemigos y así la gloria de tu nombre santísimo se incrementara cómo en el cielo con tus ángeles fieles y seres muy santos y especiales. Bendícenos ya, Señor nuestro, porque cada una de nuestras bendiciones moran en los poderes y autoridades sobrenaturales de tu mismo nombre santísimo e infinitamente glorioso, en la tierra con los hombres y en el cielo con tus ángeles fieles y sumamente prestigiosos, para que seas al fin exaltado por siempre entre las naciones por tu gran amor y bondades interminables. Señor nuestro, levanta tu nombre santísimo sobre nuestras vidas, para que sea sol alumbrante sobre nuestras tinieblas y así nuestros males desaparezcan por completo con Satanás, para que ningún mal se vuelva a enseñorear de nuestras vidas en la tierra ni menos en el paraíso, cómo sucedió con Adán y Eva cuando creyeron a la mentira en contra de Jesucristo. Por eso, para protección de nuestras almas vivientes ante todo mal de Satanás y de cada uno de sus secuaces no hay nada mejor que invocar el mismo Espíritu Santo del amor antiguo de tu nombre glorioso e infinitamente todopoderoso, el cual habita en perfecta santidad en el corazón y en la sangre expiatoria de tu Rabino Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor Jesucristo! Danos, Señor nuestro, esa dicha gloriosa y todopoderosa de tener tu nombre santísimo reinando desde lo alto sobre nuestras almas vivientes, para que las mentiras con sus maldades crueles de Satanás y de sus ángeles caídos mueran, y así amarte y servirte grandemente cada día de nuestras vidas, alcanzando nuevas glorias de honras y poderes sobrenaturales nunca antes conocidos. Por ello, nuestras almas vivientes aman ciegamente tu nombre santísimo, Padre celestial, el cual nos protege a cada hora con el Espíritu Santo del amor santísimo y antiguo entre tú y nuestro Señor Jesucristo, para jamás seguir sufriendo los males terribles de Satanás, sino vivir por siempre protegidos por el Espíritu Santo del amor antiguo a tu nombre bendito y libertador. Porque nuestro Señor Jesucristo es el templo sagrado del Espíritu Santo de tus Diez Mandamientos cumplidos y nombre glorioso y eternamente temible, para perdonar, sanar, proteger y salvar para siempre a cada alma del hombre, de la mujer, del niño y de la niña de Israel y así también de cada una de las naciones. En tu nombre santísimo confiamos, Padre celestial, porque es sol a nuestras vidas que quema con su luz las tinieblas de nuestras almas vivientes, cómo las tinieblas de las mentiras malvadas de Satanás y de sus ángeles caídos que hicieron creer a Adán y Eva que podían comer del fruto prohibido del bien y el mal eterno. Pues, por éste nombre glorioso e infinitamente temible en el cielo por ángeles y así también por Abraham, Isaac y Jacob, fue realmente por el cual Moisés sube al Sinaí, para encontrarse con la luz redentora de Israel, es decir, su sacrificio supremo y continuo en la tierra y en el cielo, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para huir del mal eterno. Y es ésta luz la que alumbra nuestras vidas de cada día y con mayor fuerza que el sol, si tan sólo creemos en nuestros corazones para confesar con nuestros labios, delante de la presencia santa de nuestro Padre celestial y de sus huestes angelicales, la verdad antigua e infinitamente gloriosa de tu Rabino Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor y salvador Jesucristo! Porque Moisés cuando veía a la distancia la luz del fuego que ardía, pero que no quemaba ni hacia daño a nada en su derredor, sino que permanecía en su lugar firme y estable hasta que él se acercarse con sus ovejas a su salvador celestial, entonces creyó para encontrarse al fin, con el sacrificio cotidiano de todo Israel, ¡nuestro Señor Jesucristo! Ésta fue la primera predicación de la luz, del nombre santísimo y salvador de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax hacia los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob, el cual Moisés oye y ve milagrosamente por vez primera y al fin entiende en su corazón la salvación del sacrificio continuo no solamente para su alma viviente, sino también para Israel de siempre. Pues éste es el nombre de nuestro Padre celestial, el cual le confía a su Rabino Yeshua jaMashíax para entregárselo a Moisés y así también a Israel y a las naciones de toda la tierra, para que creyeran en él, para bien eterno de cada uno de sus hijos e hijas. Aquí, no solamente Moisés ve por vez primera la luz que alumbra el nombre salvador de nuestro Padre celestial, sino que también alumbra paso a paso su salvación hacia una nueva vida infinita en tierras gloriosas e infinitamente santas del más allá, y ésta es La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo. La ciudad moderna de Dios, en donde todo es amor porque el espíritu de vida que la habita es el mismo Espíritu Santo de sus mandamientos y de su nombre glorioso y todopoderoso, para darle gloria y honra a él a través de sus ángeles y así también de todos los hombres, mujeres, niños y niñas de las naciones. Además, mientras Moisés pensaba por la liberación eterna, la luz del nombre santísimo de nuestro Padre celestial brillaba cada vez más a través del corazón y de la sangre expiatoria del cuerpo santo del Cordero de Dios, nuestro holocausto duradero de sangre salvadora en nuestros días, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que Israel sea al fin salvo de sus tinieblas perpetuamente. Dado que era necesario que Israel saliese de Egipto libre de todo pecado y oscuridad en su corazón, por los poderes sobrenaturales del nombre asombroso de nuestro Padre celestial y de su Cordero salvador, para que entre por el camino escondido del mar Rojo y del desierto, el cual lo llevaría a cada hora hacia la nueva tierra prometida del cielo. En verdad, después de Moisés haber visto cara a cara el ángel del SEÑOR, el cual ardía grandemente con su luz santísima del nombre bendito de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo, entonces jamás se aleja de su lugar santísimo sobre la altura del Sinaí y hasta que Moisés liberara milagrosamente a Israel del poder de sus enemigos. Ya que, desde lejos el nombre santísimo de nuestro Padre celestial, el cual es el nombre de su Rabino Yeshua jaMashíax, alumbraría desde lo alto del Sinaí cómo una nube de fuego sobre el campamento israelí para que no se mueran en las noches heladas, y sombra por el día para que el sol no los queme mortalmente, por ejemplo. En verdad, estos días eran días de gloria a cada hora, porque el nombre santísimo del Rabino Yeshua jaMashíax era grandemente honrado no solamente por Moisés sino también por muchos en todo Israel; por ello los milagros, maravillas y prodigios en los cielos y en la tierra se podían ver claramente, y las naciones temían a Israel por todo ello. Días gloriosos eran estos, porque el nombre santísimo de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor y salvador Jesucristo, estaba en su lugar santo del Sinaí o en las alturas de Israel, para que Israel sea luz a las naciones con el fin de que sean liberados también del poder terrible y engañador de Satanás y de sus mentiras crueles y abominables. Por lo tanto, el nombre santísimo y todopoderoso de nuestro Padre celestial tenia que permanecer sobre lo alto del Sinaí y en su mismo lugar, en donde Moisés habla cara a cara con el Rabino Yeshua jaMashíax, el Hijo de David, para entonces comenzar a liberar a Israel, del poder de sus pecados y de sus enemigos crueles, para siempre. Para que al fin salgan de la tierra de su esclavitud antigua, hacia la tierra prometida del Hijo de Dios, nuestro sacrificio supremo, para que en su día ellos también, así cómo Moisés, entonces hablen con el Rey Mesías cara a cara de todas las cosas que nuestro Padre celestial desee que conozcan de él y de su nuevo reino sempiterno. Pues ésta es la gloria infinita de nuestro Padre celestial, de que su nombre santísimo y temible sea conocido grandemente por todo Israel, empezando con Moisés, desde sobre todo lo alto del Sinaí, y esto es más alto que todas las tinieblas de Satanás y de sus malvados seguidores de siempre, por ejemplo, para protección y salvación eterna. Con el fin de que desde las alturas del monte empezar a obrar grandemente nuestro Padre celestial con su nombre santísimo: maravillas, milagros y prodigios grandiosos, para que Israel sea liberado de sus pecados y de su muerte segura en la tierra y en el infierno también, para que no mueran nunca sino que sigan viviendo para él y su eternidad. Mientras tanto, el nombre sagrado de nuestro Padre celestial jamás baja de su lugar santísimo del Sinaí, y esto no solamente no fue desde el día que Israel sale libre de su cautiverio egipcio hacia tierras escogidas por Dios mismo y su Cordero celestial, sino que permanece sobre las alturas del Sinaí hasta que Israel vence gloriosamente el desierto y sus hostilidades. Porque era necesario que Israel venciese el desierto hostil y traicionero, para que al fin entre a la tierra prometida, en donde nacería del vientre virgen de la hija de David, el dador de la vida eterna, nuestro sacrificio continuo; porque sin él, entonces Israel no es nada en el mundo entero ni menos en el nuevo reino angelical. Por esta razón, por amor a su nombre santísimo, nuestro Padre celestial establece formalmente a su Jesucristo cómo Rey y Señor de todo Israel desde el comienzo, para que Israel sea grande entre las naciones y luz para todas ellas, para que no mueran nunca en las manos malvadas de Satanás y de sus seguidores malvados y mentirosos de siempre. Milagrosamente, Israel vence todos sus obstáculos, porque no solamente Moisés habla cara a cara con el Hijo de Dios sobre todo lo alto del Sinaí, cómo el sacrificio continuo, sino también porque la luz del nombre glorioso de nuestro Padre celestial permanece sobre su lugar santo, en el cual Moisés tuvo que remover sus sandalias para entonces hablar con Dios mismo. Porque era necesario para Moisés no solamente ver la luz del nombre santísimo de nuestro Padre celestial desde grandes distancias, sino que él mismo tenia que hablar cara a cara con el que lleva por siempre éste nombre glorioso en su corazón y en su sangre santísima, salvadora y expiatoria para todos los pecados de la humanidad entera, ¡nuestro Señor Jesucristo! Por lo tanto, es éste sacrificio supremo y sumamente santo que con su sangre expiatoria nos da la luz brillante del nombre todopoderoso de nuestro Padre celestial, para perdonar nuestros pecados, sanar nuestras heridas, bendecirnos con grandes milagros, maravillas y prodigios, para que nuestros cuerpos y espíritu humano siempre disfruten de las bondades de su Espíritu Santo y abundancias celestiales. Y, desde entonces acá, el nombre santísimo de nuestro Padre celestial tiene que permanecer sobre todo lo alto de nuestras vidas, así cómo permaneció sobre lo alto de la vida de Moisés y de Israel, para escapar del pecado y de su cautiverio inacabable, en la tierra y en el más allá también, cómo el infierno y el lago de fuego. Por esta razón, cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de las naciones deberían preguntarse, por ejemplo, en estos días, ¿Dónde está entre nosotros el nombre santísimo de nuestro Padre celestial y Fundador de nuestras almas vivientes? Sabemos que está en el cielo con Dios y sus ángeles fieles. Pero, ¿estará entre nosotros hoy en día, para liberarnos de tantos males y así al fin bendecirnos a cada hora para que no nos falte ningún bien jamás, en la tierra y en la eternidad? Porque si no sabemos cómo Moisés, por ejemplo, inicialmente que el nombre de nuestro Padre celestial está brillando sobre lo alto del Sinaí, desde su lugar santísimo del corazón y de la sangre expiatoria del Rabino Yeshua jaMashíax, porque sólo él es el templo de Dios, entonces no podremos escapar jamás las tinieblas de nuestro cauterio del pecado y la muerte. Por eso es que Satanás abusa de nosotros, entregándonos sus problemas, dificultades, enfermedades y hasta amenazas de muertes increíbles en la tierra y en el más allá también, cómo en el infierno y el lago de fuego, por ejemplo, (mundos terribles de las tinieblas que nos atormentan con amenazas de destrucción y muerte cada día). Porque para nosotros poder vencer al mundo y sus tinieblas de muerte eterna, entonces el nombre santísimo de nuestro Padre celestial tiene que tomar su lugar de gloria y de honra eterna sobre todo lo alto de nuestras vidas, cómo en el caso de Israel y Moisés, por ejemplo, brillando gloriosamente sobre lo alto del Sinaí para subyugar todas las tinieblas cautivadoras. Entonces lo que Moisés veía cuando ardía la zarza desde lejos sobre el Sinaí, verdaderamente él estaba viendo con sus propios ojos el sacrificio continuo del Rabino Yeshua jaMashíax, sangrando profusamente cómo el árbol que le da vida, salud, prosperidad, protección y salvación eterna a Israel y a todo aquel que invoque el nombre santísimo de nuestro Padre celestial, ¡Yeshua jaMashíax! Porque es éste nombre antiguo de nuestro Padre celestial entregado especialmente a su Hijo amado, visto que, es el Padre quien le pone nombre al Hijo, para que sus ángeles sean benditos en el cielo y así también cada hombre, mujer, niño y niña de todas las naciones, empezando por Israel mismo: porque la promesa de salvación es de Israel inicialmente. Así pues también sobre todo lo alto de nuestras vidas, el nombre santísimo de nuestro Padre celestial tiene que ser levantado fielmente, y esto es sólo posible creyendo en nuestros corazones y confesando con nuestros labios el nombre glorioso de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para que su nombre santísimo tome poder y control sobre nuestras vidas. Puesto que, sólo así todos los poderes sobrenaturales de las tinieblas de Satanás y de sus seguidores malvados de siempre podrán ser destruidos a cada hora, visto que es la luz que emite el nombre de nuestro Padre celestial desde el corazón y la sangre expiatoria de su Jesucristo lo que vence las tinieblas, para apagarlas por completo y para siempre. Pues ésta es la luz que brilla sobre todo el mundo, predicándoles a los hombres, mujeres, niños y niñas de todas las familias de las naciones, de que tienen que volver a nacer y no de la carne, huesos quebrados y sangre enferma de sus antepasados, sino la del Espíritu de nuestro Señor Jesucristo, para que tengan desde ya vida eterna. Porque la verdad es también que es la invocación del nombre santísimo de nuestro Padre celestial que no solamente con lleva cada una de nuestras bendiciones de cada día de milagros, maravillas y prodigios en los cielos y en la tierra, para vivir nuestras vidas normales, libre de Satanás, sino que también levanta los muertos de sus tumbas para siempre. Porque cuando nuestro Padre celestial llame al fin a todos los muertos de sus tumbas, pues ellos responderán únicamente al nombre sagrado de su Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, para pararse delante de su presencia santa con carne y tendones en sus huesos y sangre viva corriendo por sus corazones y venas de todo su cuerpo y espíritu humano. Porque muy pronto, cada tumba de toda la tierra, y de los que están debajo de las aguas de los mares y ríos también, tendrá que entregar a sus muertos, en el nombre sagrado del Rabino Yeshua jaMashíax, para que se paren delante de nuestro Padre celestial y de su Cordero inmolado, inmolado victoriosamente por sus pecados y tinieblas mortales. Éste será un día glorioso para muchos que amaron y honraron sobre todo lo alto de sus vidas el nombre glorioso y sublime del Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, cómo el Hijo de Dios, Cordero de Dios y sumo sacerdote de nuestras almas vivientes en la tierra y en el cielo para entrar a la gloria eterna desde ahora. Sin embargo, habrán otros que no podrán retener sus vidas, por culpa de sus muchos delitos y pecados, en contra del fruto del árbol de la vida, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, los cuales perderán su salvación eterna para descender a su muerte segunda, el infierno y el lago de fuego del más allá, para jamás volver a ver la vida. Por ello, era necesario que nuestro Señor Jesucristo naciera del vientre virgen de la hija de David, para darnos la carne santa, los huesos inquebrantables y su sangre expiatoria llena de salud eterna, con el fin de él mismo levantar el nombre santísimo de nuestro Padre celestial sobre todo lo alto del monte santo de Jerusalén, para fin de todas las tinieblas. Y sólo así sobre lo alto del monte santo de Jerusalén, entonces no solamente liberar a cada hombre, mujer, niño y niña de Israel y de las naciones, sino también levantarse hacia el Padre celestial una vez más para darnos la tierra prometida, La Nueva Jerusalén santa y gloriosa del cielo, para vivir la felicidad eterna desde ya y para siempre. Porque sólo en esta tierra santa del nuevo reino angelical es que somos felices infinitamente con nuestro Padre celestial, su Hijo amado, su Espíritu Santo y sus millares de ángeles gloriosos, cómo los que conocen el nombre prestigioso y temible desde sus corazones santos para amarlo y alabarlo por siempre con salmos con sus labios, por ejemplo. Por ello, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax les decía abiertamente a todos, de que todo aquel que cree en su corazón y así confiesa su nombre salvador con sus labios, entonces vuelve a nacer una vez más delante de su presencia santa para llevar por siempre su misma carne santa, sus huesos inquebrantables y su sangre expiatoria y santísima para vivir eternamente. En otras palabras, el que cree en él en su corazón y así confiesa su nombre santísimo con sus labios, entonces en el día final su nombre glorioso lo levantara a la vida eterna, para ya no vivir más en la carne, huesos quebrados y sangre enferma de Adán y Eva, sino en la de él mismo para salud eterna. Y sólo así podremos ser convertidos en hijos de luz para nuestro Padre celestial que está en el cielo, en vez de seguir siendo hijos de las tinieblas para el infierno: porque el nombre santísimo de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax está alumbrando sobre todo lo alto de nuestras vidas de cada día por toda la tierra, para un nuevo nacimiento eterno. Por eso, en su día el rey David quiso también levantar una casa para el nombre santísimo de nuestro Padre celestial, el nombre glorioso de su Rabino Yeshua jaMashíax, pero nuestro Padre celestial no se lo permitió jamás. Porque David había derramado mucha sangre en sus batallas que él tuvo en servicio a nuestro Padre celestial y su nombre santísimo por todo Israel y fuera de ella también, derribando así a muchos ejércitos enemigos que se oponían a que la luz santísima del Hijo de Dios se regara por toda la tierra para bien eterno de futuras naciones. Sin embargo, nuestro Padre celestial le promete a David que uno de sus hijos levantaría un templo para que su nombre santo habite en él, y éste era el rey Salomón. Por lo tanto, Salomón en su día empieza la gran obra de edificar un templo especial para el nombre santísimo de nuestro Padre celestial, el cual es Yeshua jaMashíax: por cuanto, sólo él es el Cordero de Dios y, simultáneamente, el sumo sacerdote de nuestro Padre celestial para levantar a cada hora gloria y honra a su nombre santísimo y todopoderoso. Por lo cual, cada vez que todo hombre, mujer, niño y niña de Israel o de las naciones levantase su oración hacia el cielo, mirando hacia el templo de Salomón, en Israel, por ejemplo, entonces nuestro Padre celestial respondería a la oración para contestarla y hacer todo lo que se le pidiese, en el nombre de Yeshua jaMashíax, ¡nuestro Señor Jesucristo! Así pues, ya sea que los israelitas buscasen la salvación de sus vidas del poder de las tinieblas del cautiverio eterno, el nombre santísimo de nuestro Padre celestial tenia que brillar por ellos desde el corazón y la sangre expiatoria de su Rabino Yeshua jaMashíax, parado sobre el Sinaí o el templo de Salomón o sobre el monte santo de Jerusalén. En otras palabras, cada vez que Moisés miraba hacia la luz que brillaba sobre el Sinaí, en verdad estaba viendo el nombre santísimo de nuestro Padre celestial, el cual es Yeshua jaMashíax que habita en su templo santísimo de carne, huesos inquebrantables y sangre expiatoria, cómo sacrificio continuo para Israel y para todas las naciones también, sin duda alguna. O cuando Salomón y los israelitas oraban hacia el templo levantado para el nombre de Dios, en Israel, a pesar de la distancia, entonces estaban (o están aún hoy en día), por ejemplo, orando, por inicio, en el nombre sagrado del Gran Rey Mesías, nuestro Señor Jesucristo, y lo mismo podemos decir del monte santo de Jerusalén, de modo definitivo. Porque es la exaltación del nombre santo de nuestro Padre celestial, el cual habita en perfecta santidad gloriosa en el corazón y en la sangre expiatoria del Rabino Yeshua jaMashíax, nuestro Señor Jesucristo, lo que le da vida, protección, salud y salvación eterna a Israel y a la humanidad entera, en la tierra y en el paraíso, para siempre. Por eso, es bueno exaltar al Señor Jesucristo cada día, para que el nombre glorioso de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo sea infinitamente honrado sobre todo lo alto de nuestras vidas, para que alumbre nuestras tinieblas así cómo alumbró las tinieblas de los antiguos y darnos libertad para vivir felices desde ahora y para siempre en la eternidad. Por ende, sólo nuestro Rabino Yeshua jaMashíax puede realmente levantar el nombre santísimo y todopoderoso de nuestro Padre celestial sobre nuestras vidas, ya sea para los israelitas escapar del pecado y la muerte eterna del cautiverio o así también del pecado y de la muerte de sus almas vivientes en la tierra, en el infierno y el lago de fuego. Entonces es solamente ésta simple exaltación humilde del nombre santísimo de nuestro Padre celestial, sobre todas las tinieblas de nuestros problemas, dificultades, enfermedades y amenazas de muerte, por el corazón y la sangre santísima y expiatoria de nuestro Señor Jesucristo, lo que alumbra sobre nuestras tinieblas para que mueran y desaparezcan desde ahora mismo y para siempre en la eternidad. Por eso, es muy bueno siempre llevar a nuestro Rabino Yeshua jaMashíax viviendo en nuestros corazones cada día de nuestras vidas por toda la tierra, para que el nombre glorioso de nuestro Padre celestial siempre esté mucho más alto que los problemas, dificultades, enfermedades y muertes que nos agobian habitualmente, cómo si fueran normales, cuando no lo son, sino mentiras eternales. Además, sólo así podremos siempre vencer a Satanás y a cada uno de sus secuaces, por lo tanto Satanás huye de nuestras vidas con sus mentiras y trampas mortales del más allá: ya que, la luz del nombre santísimo del Rabino Yeshua jaMashíax reina poderosamente brillando grandemente sobre nuestras vidas así cómo brilló por Moisés sobre el Sinaí, por ejemplo. Por ello, también toda familia, linaje, pueblo, ciudad, nación o reino, en el cual el nombre santísimo de nuestro Padre celestial es el epicentro de su vida, entonces el bienestar del amor, la paz, la protección y la felicidad de la vida eterna reinaran progresivamente en la vida de cada uno de sus hijos e hijas, para que vivan infinitamente felices. Porque la verdad es que tener el nombre santísimo de nuestro Padre celestial viviendo sobre todo lo alto de nuestras vidas, por el corazón y la sangre santísima de su unigénito, nuestro Señor Jesucristo, entonces somos felices grandemente, para gozar por siempre de las riquezas del Espíritu Santo, de las que están en los cielos y en la tierra. Por lo tanto, para que nuestro Padre celestial se sienta feliz con cada uno de nosotros, entonces tenemos que ver la luz de su nombre santísimo brillando sobre lo alto del Sinaí desde el corazón y la sangre expiatoria de su Rabino Yeshua jaMashíax, para que vivamos ya en la felicidad del Espíritu Santo y de sus huestes angelicales. Y esto es algo que nuestro Padre celestial ya hizo por amor a cada uno de nosotros, al levantar él mismo a su Hijo Jesucristo clavado a los árboles cruzados de Adán y Eva sobre el monte santo de Jerusalén, para que la luz infinita de su nombre glorioso brille por siempre sobre nosotros y todo para bien eterno. Visto que, es ésta luz de su nombre santísimo brillando gloriosamente sobre todo lo alto de su monte santo, en las afueras de Jerusalén, es lo que ciega no solamente a Satanás sino también a cada una de sus tinieblas cómo las que están en los problemas, dificultades, enfermedades y muertes escondidas de cada día de muchos desafortunados en nuestros días. Así es cómo cada mentira del paraíso, cómo las que creyeron por error Adán y Eva, son los problemas, dificultades, enfermedades y muertes en la tierra y en el más allá también, llenas de profundas tinieblas de Satanás y de sus ángeles caídos para mal eterno de muchos desafortunados, de los que no conocen aún en sus corazones a su Jesucristo. Por ello, si en estos días levantas el nombre santísimo de nuestro Padre celestial en tu corazón, el cual habita en el templo glorioso del reino angelical y de la tierra, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, para que su corazón y su sangre expiatoria comiencen a alumbrarte milagrosamente, para que los males se desaparezcan con Satanás lejos de ti, entonces eres afortunado. Verdaderamente, eres tan afortunado cómo los ángeles más gloriosos del reino angelical, y aun mucho más que todos ellos juntos, por más gloriosos que sean infinitamente; si, eres tan afortunado cómo Dios mismo o cómo su Hijo amado, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, por ejemplo, porque el nombre temible y todopoderoso es muy bueno en nuestras vidas cotidianas y para siempre. Además, es eso precisamente lo que tú necesitas hacer en tu vida, hoy en día, levantar el nombre todopoderoso de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax más alto que tus preocupaciones, para que la luz de la verdad y la justicia infinita de su nombre santísimo alumbre tus tinieblas, haciéndolas así desaparecer por completo con gran poder y para siempre en la eternidad. Porque la nación o reino que no le sirvan al nombre santísimo de nuestro Padre celestial, el cual habita en perfecta santidad desde los primeros días de la eternidad en el corazón y en la sangre expiatoria del Cordero de Dios, nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, entonces perecerá sin duda alguna, para ser destruida eternamente en el infierno candente y tormentoso. Porque la verdad es que nuestro Padre celestial entregara en manos de sus enemigos y hasta del mismo Satanás a cualquier nación, si sus ciudadanos no levantan su nombre santísimo sobre sus vidas, el cual él mismo les confía inicialmente desde el corazón y la sangre reparadora de su Cordero escogido para vivir por siempre protegidos bajo su gran sacrificio continuo. Por ello, todas las naciones que se olvidan de exaltar el nombre santísimo de su Dios y Creador de sus vidas, por medio de su Hijo Jesucristo, entonces sus nombres son borrados para jamás volver a ser mencionados en la tierra ni menos en el cielo, cómo en La Nueva Jerusalén santa y perfecta del cielo, por ejemplo. Eventualmente sus pueblos serán borrados de sobre la faz de la tierra, para no ser recordados jamás; ese es el juicio final de parte de nuestro Padre celestial para todo hombre, mujer, niño o niña de todas las familias y naciones que no levante el nombre santísimo de su Dios y Creador de sus vidas, por medio de su Jesucristo. En la medida en que, es necesario que el nombre santísimo de nuestro Padre celestial brille grandemente desde el corazón y la sangre santísima de su Gran Sacrificio continuo de su Rabino Yeshua jaMashíax, para que los pecados sean expiados y así todos vivan en pureza infinita del Espíritu Santo de la nueva felicidad celestial. Y éste es el Espíritu Santo del amor, la paz, la victoria, la prosperidad y la protección eterna de sus almas vivientes en la tierra y en el cielo, desde ahora y para siempre, para que ya no conozcan más las mentiras de Satanás y de sus malvados, sino sólo la verdad de la vida eterna con sus ricas bendiciones interminables. Desde ahora y para siempre, el nombre santísimo de nuestro Rabino Yeshua jaMashíax, cómo el Hijo de Dios, cómo el Cordero del sacrificio continuo y cómo sumo sacerdote de tu alma viviente delante del Padre celestial, alumbra tu oscuridad, para que ya no haya más oscuridad en tu vida, sino sólo luz para salud, protección, prosperidad y vida eterna. Así es nuestro Señor Jesucristo es la luz que alumbra las tinieblas de tu vida, para dejarlas impotentes y destruirlas para siempre, para que ningún mal vuelva a enseñorearse en tu vida y en la vida de todos los tuyos también. Por ende, acuérdate siempre del Rabino Yeshua jaMashíax cómo tu Señor y salvador de tu vida y alma viviente, para que te olvides de las mentiras y males terribles de Satanás y de los enemigos comunes del SEÑOR, para gloria y honra infinita de su nombre santísimo, el cual te bendice constantemente sobre todo lo alto para enriquecer tu vida grandemente. No te olvides nunca de tener a cada hora de tu vida el nombre santísimo de nuestro Padre celestial reinando sobre todo lo alto de tu vida, gracias a nuestro Señor Jesucristo, para que seas protegidos de las cosas que se ven y hasta de las que no (se ven) también, en la oscuridad de la tierra y del más allá. Levanta ya al Rabino Yeshua jaMashíax sobre toda tu vida para que sea al fin el salvador de tu alma viviente y así empieces a brillar cómo oro o piedras preciosas delante de nuestro Padre celestial y de su Espíritu Santo con sus huestes angelicales, para darle gloria y honra a nuestro Dios eterno que te enriquece cada vez más cada día. ¡Amén! El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre celestial, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo. LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche, (Deuteronomio 27: 15-26): “‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley perfecta de nuestro Padre celestial), y la tenga en un lugar secreto!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano y de la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Cree en Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ÉSTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”. SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”. TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”. CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó”. QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”. SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”. SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”. OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”. NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu prójimo”. DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”. Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin más demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque sí perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”. Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁS TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLE AL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Sí tu respuesta fue Sí, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque ésta es la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, para la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/ http:///radiovisioncristiana.com http://radioalerta.com
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