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Started by eXd
Fri, 21 Dec 2012 12:56
Cuento de Navidad. TRES MONTAÑISTAS Y LAS PUTAS QUE LOS PARIO!!!
Author: eXd
Date: Fri, 21 Dec 2012 12:56
Date: Fri, 21 Dec 2012 12:56
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http://groups.google.com/group/alt.usage.spanish/msg/fb3cab20db93fbc7?hl=es&dmode=source �ranos un grupo de amigos que sol�amos ir a la monta�a cada fin de semana. No siempre nos junt�bamos los mismos, unos formaban el nucleo duro del monta�ismo y sal�an con obsesi�n cada fin de semana a escalar un pico, y otros s�lo nos apunt�bmos cuando pod�amos y si la monta�a que iban a escalar no estaba muy lejos ni era peligrosa. En septiembre de aquel a�o fuimos al "Calvet", pico de poca altura pr�ximo a La Mola. Llegamos cuando casi anochec�a y solo nos dio tiempo de montar la tienda, cenar un bocadillo y ponernos a dormir. Mientras nos llegaba el sue�o nos dedicamos a bromear en el interior de la tienda, y a alguien -seguramente a mi- se le ocurri� enfocar la luz de la linterna a la palma de la mano de uno y yo misma empec� a leer como hab�a aprendido en un art�culo de una revista. Ya no recuerdo lo que significa cada l�nea, pero se me qued� grabada la l�nea de la vida. Con la perspectiva del tiempo siento como la noche y el lugar hubieran actuado en m� para utilizarme como un demiurgo y avisar a mis amigos del peligro que corr�an. Se llamaba Esteban, era un muchacho rubio con ojos azules, de piel muy blanca, largo como un d�a sin pan, sonriente y t�mido. Siendo tan guapo me sorprend�a no sentir atracci�n f�sica por �l, no me explicaba porqu� s�lo me inspiraba simpat�a. Era del n�clero duro, sal�a cada semana y en su mente nunca parec�a tener otra cosa que un pico nuevo por escalar. A su mano grande y huesuda enfoqu� la linterna: "Te voy a leer la mano que he aprendido este verano" Curiosos, todos los dem�s se callaron en la tienda. El silencio, la oscuridad. Aquella mano ten�a muy marcada la l�nea de la vida, muy intensa, pero muy corta, tan corta que parec�a que ya se hab�a pasado. La l�nea se cortaba con un bache largo y continuaba m�s atr�s. "Dentro de poco, antes de un a�o, mucho antes de un a�o, tendr�s un accidente y para superarlo habr�s de luchar duramente para sobrevivir. Si consigues superar ese accidente, este bache que ves aqu�, vivir�s largos a�os" Me parec�a que hablaba como una pitonisa de pacotilla, pero eso era lo que interpretaba de la lectura de sus manos. Ped� un voluntario m�s y otro compa�ero, cuyo nombre he olvidado con los a�os y a quien no conoc�a mucho, alarg� su mano. Y le� exactamente lo mismo. Sorprendida, pensando que mis interpretaciones fallaban o que todas las manos eran iguales, ped� otro voluntario. Hab�a rato que en la tienda solo se o�a mi voz, una fina niebla de temor nos envolv�a, las miradas de mis amigos me reu�an: "Prefiero que no" Yo quer�a seguir para salir de dudas, le� mi propia mano y v� mi l�nea era m�s larga. "Apaga la linterna. Vamos a dormir" dijo alguien. Nada m�s sucedi� aquella noche. Por la ma�ana entre bromas por los ronquidos de uno, el mal olor del otro, nos olvidamos de todo y debimos pasar un buen fin de semana porque no me acuerdo de nada m�s. Todas la verbenas de San Juan y de Fin de A�o las organizaba uno de aquellos amigos, Santi, en el garaje de la casa de sus padres. �l se ocupaba de todo: cocas, bebidas, vasos, m�sica, confeti; los dem�s llevabamos otros amigos de forma que nos junt�bamos tantos que no cab�amos y la mayor�a siempre acab�bamos charlando en la puerta. Aquel a�o hab�amos empezado en la Universidad y, estudiosa como era, no hab�a vuelto a ver a la mayor�a desde septiembre. Llegu� cuando la fiesta ya estaba empezada. Hab�a poca gente y despu�s de saludar pregunt� qu� pasaba: el nucleo duro de excursionistas se hab�an ido a casa de Est�ban porque se les esperaba para la verbena y los padres hab�an llamado diciendo que a�n no hab�a llegado. Esteban, el otro al que hab�a le�do la mano y el hermano de �ste, hab�an decidido ir a Nuria (Pirineos) aprovechando las vacaciones de Navidad, por hache por be los dem�s no les hab�an acompa�ado. El d�a anterior hab�an bajado mucho las temperaturas, pero nuestros amigos eran unos buenos monta�eros, sab�an como hab�a que actuar, eso dec�a Pep, el amigo Pep, el mejor monta�ero, el que ten�a la cara m�s p�lida. Aun no exist�an los m�viles y no se pod�a hacer nada m�s que esperar. Ten�an veinte a�os. Pep y los dem�s salieron en su busca el d�a de a�o nuevo, aquel mismo d�a encontraron a los dos hermanos abrazados dentro de la tienda, congelados. En Reyes encontraron una bota que supusieron era de Esteban. Volvieron las clases y hasta finales del mes de enero cuando la nieve empezaba a derretirse no apareci� su cuerpo.
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